II Premios XarxaTIC a los Protagonistas de la Educación 2017

A mí también me gusta sumarme a los premios educativos que lo inundan todo. Premio al mejor ojete docente, a la práctica más chachipiruli, al grande de los grandes, al superteacher e, incluso, a la de los centros educativos que más publicidad son capaces de conseguir en menos tiempo. No, recibir un premio no es malo. Tampoco postularse para ellos a menos que dicha opción vaya en detrimento de la tarea profesional para la que pagan a uno. Lo de los premios está sobrevalorado e, incluso así, alguna vez se escapa una estatuilla para alguno de esos que sí se lo merecen. Ganar un premio no significa ser mejor o peor docente. Ganar un premio no significa que lo que hayamos hecho con los alumnos sea mejor ni peor. Ganar un premio es, simplemente, haber caído en gracia al jurado, haber jugado bien las cartas de las redes sociales o, simplemente, que no encontraban a nadie más para dárselo.

Tener un blog me permite dar los premios a quien me da la gana. Sin ningún tipo de anuncio, publicidad ni, tan sólo, estatuilla a los ganadores. Tal y como hice el año pasado, me apetece a menos de un mes de finiquitar el año (lo sé, los docentes contamos los años como cursos escolares) entregar mis Premios XarxaTIC. No ha habido más jurado que yo mismo y, por ello, puedo decir que son unos premios que se van a entregar a quienes me va a dar la gana. Qué demonios. El blog es mío, pago religiosamente el hosting y, salvo algunos amiguetes que van escribiendo a veces, escribo los despropósitos que me da la gana (especialmente cuando tengo internet, una cosa bastante complicada estos últimos meses). Así pues, let’s go…

Fuente: ShutterStock

Para empezar qué mejor que dar un premio a la administración educativa que ha permitido, casi veinte años después, que esté trabajando a menos de media hora de casa. Nada que ver con los cursos que he hecho, los cargos directivos que he asumido, las tonterías en las que he formado o, simplemente, los títulos varios que he ido atesorando desde que empecé a dar clase. Eso sí, que la administración valore igual un máster o una segunda titulación que un cursillo sobre mindfulness de 60 horas dice mucho de algunas cosillas. Nada, voy a retirar el premio a la administración educativa y voy a dárselo a aquellos docentes que, haciendo cientos de kilómetros cada día, llegan al aula y dan lo mejor de ellos. A aquellos interinos que llegan a los centros y les dejan los peores cursos y horarios. A los funcionarios que cada vez tienen menos derechos. A los docentes, en definitiva, que siguen sufriendo los recortes y que, por lo visto, nadie tiene en cuenta a la hora de tomar ningún tipo de decisión educativa.

También me gustaría darles un premio a los docentes que «adoctrinan». Sí, a aquellos que, señalados por determinados partidos políticos, siguen hablando en sus aulas de lo que sucede en su contexto. De noticias de actualidad. De igualdad, inclusión y, por qué no decirlo, lacras sociales que están cayendo, día sí y día también, como una losa. Los docentes que hablan de igualdad de sexos, violencia descontrolada, machismo, homofobia y cualquier otro tipo de tema aunque sean docentes de Matemáticas, Tecnología, Educación Física o Lengua entre muchas otras, dice mucho de ellos. Va por ellos este segundo galardón. No, en los docentes que «adoctrinan» no van incluidos en el pack los docentes de religión. Algunos excelentes personas pero, por desgracia, dando una visión muy parcial de ciertas cuestiones.

Ya, lo sé, tengo claro que los sindicatos educativos han perdido parte de su prestigio y se han convertido, en demasiadas ocasiones, en un entramado burgués que sólo se representa al propio sindicato. Eso sí, tengo claro que siguen existiendo sindicalistas de raza que procuran que ello no sea así dentro de sus posibilidades. Este galardón también va para ellos. De paso le doy un premio a todos aquellos que saben que los docentes no somos nada más que trabajadores. Algunos compañeros, por desgracia, piensan que son otra cosa y, a veces, eso les lleva a errores de bulto.

También voy a dar un galardón a todos aquellos docentes que luchan por sus derechos laborales. No a los que se van a defender a partidos que les han quitado sus derechos o se envuelven en banderas variopintas. A los que hacen huelga cuando toca, reclaman lo que se les debe y, al final, luchan contra viento y marea (o sea contra la administración) para que se les reconozcan.

Por favor, que no se me olvide dar un premio a los docentes que hacen que sus alumnos aprendan con independencia del método elegido. Va para todos aquellos docentes que no tienen necesidad de justificar siempre su metodología atacando a metodologías que no existen y que, diariamente, están en aulas más o menos complejas, y consiguen que sus alumnos aprendan. No incluyo en el premio a todos aquellos que, pululando por las redes, están obligados a trabajar más de la cuenta para obtener los mismos resultados de siempre o peores. Esos, simplemente, son unos malos profesionales.

A determinados políticos también les va el premio de cabeza. Sí, en los partidos políticos -al igual que en las asociaciones y sindicatos- hay políticos que están interesados en la mejora educativa. A todos ellos, un premio muy gordo porque, al final, son algunas de sus decisiones las que permiten cambiar las cosas. Los docentes tenemos un poder muy reducido aunque la OCDE nos diga lo contrario. Sin medidas políticas que permitan la mejora educativa poco podemos hacer. Poco que, en algunos casos, se convierte en mucho. No, no lo digo para escaquearme como parte del colectivo pero, si a uno le dicen que debe construir un puente sobre arenas movedizas y se empeñan en ello, es lógico que el puente acabe cediendo. ¿Es la culpa de los obreros que se caiga? No, pero seguro que el político que ha dado la orden encuentra alguien para echarle la culpa.

¿Debo dar un premio a los inspectores educativos? Conozco a muchos y a muy pocos que, salvo hacer burocracia y pasar de todo en los centros que inspeccionan (cosa que permite que funcionen mejor), colaboren. Va, voy a romper una lanza y les voy a dar un premio como colectivo. Bueno, mejor me lo pienso y doy un premio particular a inspectores muy, pero que muy, concretos. No hace falta olvidarnos que hay algunos inspectores que defienden abiertamente una desinversión educativa para mejorar. No, no es broma.

También hay padres que dedican parte de su tiempo a participar en asociaciones (AMPAs) y que se preocupan por sus hijos o, de forma global, por el centro en el que estudian o las condiciones bajo la que los hacen. Esos también se merecen un premio.

Finalmente, a todos aquellos alumnos que se están sacando sus estudios a pesar de la situación sociofamiliar compleja, a los que hacen bien su trabajo, a los que aprenden, a los que defienden sus derechos y, por qué no decirlo, a aquellos que deben soportarme este curso. Soportar a un catalán en la Comunidad Valenciana cuesta. Y más para aquellos a los que les llevan vendiendo desde hace mucho tiempo el discurso acerca de que el catalán y el valenciano son diferentes. A esos que lo han vendido y lo siguen vendiendo no les toca premio.

Y qué c(…), también me gustaría dar un premio a todos aquellos que os habéis descargado y estáis leyendo mi primer libro. No, el premio va sólo a los que os lo leéis o lo vais a leer. Descargarlo es la parte fácil 🙂

Si a alguno le gusta, como siempre le sucede a algún troll, considerar un detalle de este post (que no voy a comentar pero, seguro que esos que miran con lupa mis posts para buscar algún resquicio para criticarme, lo encuentran) más importante que el contenido del post, que piense que se queda sin premio.
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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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