Inclusión versus integración

Sinceramente, como docente de Secundaria con más de veinte años de experiencia, habiendo trabajado en centros educativos y grupos específicos con diferente tipología de alumnos, creo que estamos pervirtiendo el concepto de inclusión para convertirlo en una falsa integración. No es lo mismo incluir que integrar y, por lo visto, algunos no se están enterando de que hay alumnos con NEE que, nos guste más o menos, es imposible su incorporación en aulas ordinarias. Menos aún sin contar con recursos o planes para que dicha inclusión no perjudique a terceros. Tanto derecho tienen los alumnos con NEE, como los alumnos con problemas académicos, sociofamiliares e, incluso aquellos que tienen un potencial educativo muy alto. Tienen derecho todos ellos a ser atendidos individualmente y que puedan llegar al máximo. Que se rompan los techos de cristal de algunos y se palíe todas las circunstancias que, limitantes o no, tengan previamente a su entrada en el sistema educativo.

Fuente: https://explora.unab.cl

Ahora que el gobierno pretende realizar la “inclusión” de 35000 niños con discapacidad en aulas ordinarias (fuente), conviene preguntarnos a quién beneficia lo anterior. Más aún, a quién beneficia cerrar unos centros específicos de educación especial, con grandísimos profesionales, que conseguían con ratios muy reducidos, la atención individualizada a esos niños. Hay momentos en que esa integración (permitidme denominarla por su nombre real) acaba perjudicando a muchos de nuestros alumnos. Más aún conforme los chavales se van haciendo mayores, hay una generación de intereses diversos y, por desgracia, en muchos casos se produce una completa desafección de determinados alumnos dentro de un sistema educativo que, a día de hoy, no dispone de recursos para incluir y mucho menos de planes para hacerlos en condiciones.

Si tenemos aulas con alumnos disruptivos sin apoyos, lo que se perjudica es al aprendizaje del grupo. No hace falta ser un Einstein para comprender que, bajo la falsa inclusión, nos encontramos a alumnos que, manteniéndolos en grupos ordinarios, te destrozan el aula, impiden el aprendizaje de sus compañeros y que, al final, sabes que van a quedarse al margen de la sociedad en un futuro. Bueno, tendrán su sociedad paralela pero eso, al final, es un fracaso de las políticas educativas. Cada alumnado necesita su atención individualizada. Algo que solo podría hacerse con atenciones muy individualizadas, ratios muy bajas y con la aparición de especialistas (no solo docentes) en cada una de las aulas.

La inclusión educativa es un mito. Es un mito en una sociedad tan diversa como lo son los alumnos. En un modelo en el que lo que nos debería interesar es no perder a nadie por el camino que, al final, abocando prácticamente la totalidad de los recursos humanos en atender a ese alumnado “más complejo”, hace que nos quedemos sin recursos para la inmensa mayoría de nuestros alumnos. Con el agravante, claro está, de decidir crear guetos y expulsar a determinados alumnos del sistema reglado (llevándolos a proyectos de prevención del abandono escolar, FPB o similares). Alumnos que, por desgracia, ya será prácticamente imposible reconducir. Bueno, salvo cuando pasados unos años algunos redescubran la necesidad de hacer las cosas bien y se matriculen en un centro de adultos por voluntad propia. Pero el daño ya estará hecho. El fracaso escolar y la pérdida de esos alumnos se fragua en Primaria. No lo digo yo. Se ve solo que a alguien le interese mirar. En la ESO ya está hecho el daño. Y ahí, salvo parchear determinadas situaciones, poco se puede hacer. No, no es excusa pero, por favor, que alguno de esos que legislan se pase por determinadas aulas donde hay alumnos que, o están perdidos y permanecen en silencio o, simplemente, hay otros que te revientan la clase. Hay alumnos que pasan más tiempo expulsados que en el aula. Claro que sería maravilloso tenerlos dentro de ella pero, ¿qué hacemos con los veintipico restantes? ¿Por qué medida optamos para que beneficie al máximo de alumnos? Sí, al final hemos de procurar el mal menor porque, ni tenemos recursos ni se les espera.

Claro que podemos modificar nuestra praxis docente pero es que, hagamos lo que hagamos, tenemos alumnos que jamás van a poder sentirse incluidos porque, a pesar que los hayamos integrado con calzador, seguirán sin estarlo. No me importa tener a ese tipo de alumnos en el aula (con los que, por cierto, al menos en mis clases no tengo demasiados problemas) pero, sinceramente, veo que podría estar haciendo mucho más sin ellos. ¿Reduzco las actividades que podría realizar? ¿Reduzco el aprendizaje del resto? Soy humano y no sé cómo lidiar con esa diversidad de cerca de treinta chavales. No lo sé. Aún menos a lo largo de dos horas a la semana. Si alguien sabe, más allá de esas ponencias tan guays en las que hablan algunos de que hay técnicas maravillosas y la culpa es de los profesionales que no sabemos atender a la diversidad, que venga y lo haga. Así aprendería. Me encantaría saber cómo hacerlo.

Entonces, ¿qué hacemos? Hay dos opciones y todas son igual de malas. Bueno, existe la tercera que es dotar de recursos, un segundo docente en las aulas y atención por profesionales específicos a determinados alumnos, que vamos a obviar porque, sinceramente, no veo a la administración educativa por la labor. La primera opción es el modelo de aulas heterogéneas, con el establecimiento de proyectos específicos para determinados alumnos a partir de la ESO que, en la mayoría de asignaturas estarán con sus compañeros. Con un modelo de sanción rápido y existencia de aulas-proyecto donde los expulsados puedan ser tratados de forma más individual (no me refiero a dar lo mismo que hacen los otros porque no van a hacerlo y es un error castigarlos a base de fotocopias). O, la segunda opción, es la de establecer grupos homogéneos. El problema es que ahí vamos a perder todo el sentido que hace que la escuela pública sea diferente de la privada. Algo que a mí, personalmente, nunca me ha gustado. Y sé que en muchos centros se encubren esos grupos de nivel bajo diferentes supuestos pero, en ocasiones, puedo llegar a entender que, habiendo alumnos que llegan a primero de ESO sin saber leer ni entender un pequeño texto (hay y no pocos) se les obligue a seguir el mismo ritmo que los que sí que han asumido ese aprendizaje. Entonces, diréis algunos, ¿por qué no se obliga a repetir sine die a todos aquellos alumnos que no asuman ciertas cosas? Pues, sinceramente, porque la repetición lo único que demuestra es que no hay otra opción. Y cuando obligamos a repetir al alumnado, en un altísimo porcentaje de ellos, los perdemos. Y la idea es no perder a ninguno.

No sé si me he explicado. Creo que mis compañeros lo entenderán perfectamente. Además, estoy convencido de que con una mayor inversión en Infantil y Primaria, las cosas serían muy diferentes. A mí me da igual reducir o no ratios en Secundaria (¡claro que me gustaría y lo consideraría un acierto!) si el alumnado viene con ciertas cosas básicas aprendidas. Cosas que no siempre dependen de los maestros que han tenido porque, como dicen todos los estudios e investigaciones, la principal clave para que nuestros alumnos aprendan son las familias y el interés que ellas tengan para que sus hijos lo hagan. En la escuela, lo máximo a lo que podemos llegar es a conseguir que, ese interés de los padres se transfiera al aprendizaje de sus hijos. Y ya es mucho. He mezclado interesadamente disrupción con NEE porque, tanto el alumno disruptivo como el que tiene reconocida una discapacidad, tienen necesidades parecidas en cuanto a inversión de recursos y ayuda.

Finalmente me gustaría decir que, a pesar de esa falsa inclusión que se ha dado (y se está dando) en nuestro país, hay un gran porcentaje de alumnos que consiguen salir adelante. Y algunos otros que, por suerte, aún consiguen llegar mucho más alto que sus padres. Y esa es la clave de todo. La eliminación de techos de cristal y la necesidad de volver a creer que la educación es un ascensor social. Algo que solo se conseguirá con el apoyo de toda la comunidad educativa (incluyendo a la administración y sus políticas).

No todas las discapacidades son iguales y, tratar grosso modo a los alumnos por tener una, es una auténtica aberración. ¿Y si la verdadera discapacidad la tienen los que toman determinadas medidas? Porque los otros son, simplemente niños, con necesidades específicas.
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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

2 Comments
  1. Buenos dias Jordi!

    Soy compañero (fui maestro de educación física hasta hace poco) y bloguero (educacionfisicayvalores.es). Me ha gustado leer tu artículo, porque tratas un tema difícil y del que si me lo permites te daré mi opinión, como ex-alumno deficiente visual de colegio específico y posteriormente de educación integrada, y más posteriormente como profesor de educación física con discapacidad.

    Este “trasvase” del que hablas de integrar a niños y niñas con discapacidades de colegios específicos en colegios ordinarios no es nada nuevo, se lleva haciendo mucho tiempo, pero poco a poco. Me explico, la ONCE ha ido incluyendo en centros ordinarios a cientos de niños y niños con discapacidad visual en los últimos años, niños y niñas que estudiaban en CREs (Centro de Recursos Educativos de la ONCE, vamos centros específicos de enseñanza para ciegos). Y con esta inclusión creo que ganan todos los alumnos/as, tanto los discapacitados como los que no lo son. También es cierto que estoy hablando del colectivo de ciegos y deficientes visuales, el cual tiene detrás una institución muy fuerte como es la ONCE, con muy buenos recursos educativos (material adaptado, profesores de apoyo…). Pero bueno, creo que no debe haber miedo ante esta iniciativa de integración masiva que propone el gobierno, ya que si es cierto que en los centros no se dispone de los recursos necesarios, seguro que tener nuevas incorporaciones agudiza el ingenio del personal que se implica para poder darle a este/a alumno/a lo mejor. Y esto último lo digo con conocimiento de causa, y es que yo consideraba que tenía muchísimo conocimiento de como adaptar casi cualquier actividad o tarea para una persona con deficiencia visual o ceguera, pero nada más, y mis primeros dos años fueron en un colegio público de integración de alumnos/as con necesidades motrices. Y me tuve que adaptar a las necesidades de estos alumnos/as, y a día de hoy creo que soy capaz de adaptar una actividad a cualquier tipo de necesidad que tenga un alumno/a sin dejar de lado al resto de la clase. Aunque se que no es lo mismo un área que otra, pero en la mayoría de los casos funciona la empatía, ponerse en el lugar del alumno/a y pensar: “como podría hacer esta actividad si fuera yo el que está en esa situación”.

    En mis años en activo he tenido en clase de todo, y en mi opinión, los alumnos/as disruptivos han sido los más problemático para el resto del grupo, ya que estos no aportan nada al resto de compañeros, mientras que un alumno/a con discapacidad hace florecer muchos valores, valores que estos niños/as ya no perderán. Quizá por mi discapacidad y mis necesidades soy más empático, no lo sé, pero en todos los centros en los que he estado, he intentado y creo que he conseguido que los alumnos/as con discapacidad fueran uno/a más en la clase. Cosa que con algunos/as otros alumnos/as “problemáticos” no he conseguido.

    Pienso que lo que le hace falta al sistema educativo es un cambio radical, un cambio muy grande, donde este se oriente a despertar el interés y la creatividad de los alumnos/as y no simplemente a transmitirle unos conocimientos que en la mayoría de los casos no son necesarios ni de interés para el alumno/a. Claro, esto conllevaría un cambio de paradigma muy grande para el que parece que no estamos preparados, o más bien, los que mandan son los que no están preparados.

    Siento que me haya quedado tan largo!
    Saludos!

    1. No te ha quedado para nada largo. Agradezco muchísimo este tipo de comentarios pero, por desgracia, tal y como se está planteando la inclusión (en forma de integración) hay muchos déficits para poderlo realizar correctamente. Las personas con deficiencia visual están siendo mucho mejor atendidos (gran labor de la ONCE) pero convendría extender ese modelo. Eso sí, no se puede incluir, por desgracia, a partir de ciertos niveles a todo el mundo porque hay discapacidades que exigen un trato mucho más individualizado en centros específicos dotados de muchos medios.

      Un saludo.

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