Incompetencia digital en la Escuela del siglo XXI

La mayoría de los docentes de nuestro país, al igual que muchos de nuestros alumnos, no son competentes digitalmente. No digo nada que no sepa alguien que haya pisado los centros educativos y, observado la relación que sus compañeros tienen con los elementos tecnológicos que les rodean. No estoy diciendo ningún secreto. Simplemente constato una situación. Sí, los docentes de nuestros centros educativos -al menos un gran porcentaje- no son hábiles con las tecnologías. Sí, más allá del uso del libro de texto digital de turno, el correo electrónico y, con suerte, la posibilidad de colgar en Moodle documentos realizados con un procesador de textos o alguna presentación en PowerPoint, debemos establecer que hay un alto grado de incompetencia digital en nuestro colectivo.

Fuente: http://www.conmasfuturo.es
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Lo anterior no implica que los docentes no tengan ganas de asumir esa competencia digital que les falta. Lo anterior tan sólo indica que se ha producido una formación deficiente del colectivo y que, además, no ha habido ningún tipo de presión (o incitación) para que se asuma dicha competencia. Sí, mucho revisar indicadores de los centros educativos y nadie se ha postulado para establecer indicadores que midan la competencia digital de sus docentes. Y medir la competencia digital no es saber si los docentes conocen como enviar un correo electrónico o crear un documento con Google Drive. La competencia digital es la capacidad de adaptación del docente a la tecnología que le rodea. La capacidad de gestionar y usar los dispositivos tecnológicos a los cuales puede tener acceso. Y sí, por si alguien se lo está preguntando a estas alturas, el móvil es uno de dichos dispositivos.

Dicha incompetencia genera un problema con la tecnología educativa. Más bien con la gestión de la misma. Pérdidas de tiempo que, en muchas ocasiones, se solucionarían fácilmente. Y sí, los tiempos en educación son importantes. La gestión de los mismos, esencial.

No es de recibo que los docentes no sepan indicarles a sus alumnos como instalar un antivirus. O configurar las actualizaciones de un sistema operativo. O, tan sólo, ser capaces de acudir a las páginas web de determinados productos (sin ir tan lejos, sólo Google) para consultar los problemas tecnológicos que les surgen en el aula. No, no tiene ningún sentido. Y dejar dicha labor a los cuatro docentes frikis que hay en todos los centros educativos no es positivo. Ni positivo para esos docentes que ayudan ni, tampoco, para esos que, en lugar de buscar la solución de forma autónoma, se descargan en la facilidad de acceder a los anteriores.

Creo que no es cuestión de hablar de TIC, ni tan sólo de TAC. Se trata de ser capaces de gestionar los elementos tecnológicos que nos rodean. No se trata de ser expertos en nada, se trata simplemente de ser usuarios. Usuarios que, con el nivel de tecnología que hay en muchos de nuestros centros, deben ser capaces de realizar autoaprendizaje. O, quizás, implementar sistemas de actualización en esa relación con la tecnología. Porque de reuniones inútiles se dan muchas. Y qué mejor que hacer sesiones de trabajo sobre qué podemos hacer con las herramientas. Qué usos podemos dar a las mismas. Qué necesidades tenemos. Qué soluciones podemos dar a determinadas situaciones. Porque un banco de conocimientos compartidos sobre el uso de la tecnología educativa resultaría interesante. Más aún en un contexto cada vez más tecnificado y, como no, más exigente en el uso de dicha tecnología.

La incompetencia digital no tiene cabida en la Escuela del siglo XXI porque, la tecnología no es ninguna panacea en el ámbito educativo, pero su expansión en la sociedad que nos rodea, hace que sea imprescindible establecer una correcta relación con la misma.

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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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