Ingredientes para una historia de terror

halloween_2013Las historias necesitan contextos y protagonistas. Las de terror, además, requieren introducir al lector en miedos y situaciones cuyo desenlace, lleno de situaciones terroríficas, en muchos casos va a culminar en un triunfo de sus protagonistas. Un triunfo que, lamentablemente, en las historias educativas (llenas de terrores y situaciones paranormales -no es cuestión de mezclar géneros-) brilla por su ausencia en los primeros volúmenes de una historia interminable de apariciones, decapitaciones y sustos abundantes.

Escribir algo terrorífico no implica alejarse de la realidad. Ni, en el caso educativo, tener que incrementar las situaciones más angustiosas para el lector empedernido.

Tenemos Ministro, Consejeros y Consejeras, sindicatos educativos, asesores, docentes, alumnos y sus ancestros. Muchos personajes variopintos de mirada inhóspita y actos, ya de por sí, basados en aterrorizar o en ser sometidos a terror extremo. Contextos llenos de rejas, asesinos en serie (léase currículums y diferentes articulados legislativos), sotanas y asignaturas basadas en cuestiones nada científicas. Mezcla explosiva para generar un gran desasosiego. Mezcla que va a hacer las delicias, al tratarse simplemente de una «ficción», de más de uno.

Tenemos lo más importante de la historia. Una historia que, para internacionalizarla y poder ser leída en las plazas mayores de los pueblos y ciudades, no hay nada mejor que escribirla en inglés. En inglés las situaciones dan más miedo. La capacidad de generar terror que supone la existencia de determinados zombis bebiendo la sangre de sus alumnos o docentes a su cargo en medio de una plaza atestada de gente es algo que no tiene ningún tipo de parangón.

El miedo se expresa en los trajes. En los trajes y en los sobres que reciben determinados gestores educativos. Sobres de editoriales malévolas, de vendedores de PDI fabricadas en condiciones infrahumanas en antros llenos de chinos que, gestionados por una horda de asesinos del látigo, se compran en países que no saben los espíritus que se albergan en las mismas. Espíritus que hacen chorrear sangre, en formato textos que se escurren, mientras se usan. Espíritus que, en su parte más delicada, simplemente hacen que los controles de la misma no funciones de ninguna manera.

Es para estar cagado de miedo. Es temer a los espíritus e imitadores de Norman Bates. Es reír, gemir y llorar de impotencia al ver como, día tras día, tras unos gruesos cristales adornados por barrotes en un psiquiátrico rodeado de vallas electrificadas, las neuronas van desapareciendo a marchas forzadas. Se palpa en el ambiente esa carga eléctrica. Ese miedo de ojos desorbitados y narices exudando diferentes tipos de secreciones. Miedo…

Hay muchos ingredientes que permiten escribir mucho. A alguno seguro que se le da mejor que a un servidor pero, lo que sí que queda claro es que el bestseller del terror está garantizado. Simplemente se trata de pasar a papel las viscisitudes que suceden en el ámbito educativo. Eso sí, en este caso no hace falta añadir ni una coma a la realidad.

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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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