Innovación educativa o ir de guays

beerveranoHe de reconocer que, a pesar de intentarlo, cada vez me cuesta más seguir desarrollando mis habilidades lingüísticas para poder entender algunos vocablos usados como parte de la llamada «innovación educativa». Llega un momento en que el planteamiento que subyace tras el uso de palabrejas, cada vez más complicadas e impronunciables, se aleja demasiado del sentido común. Un sentido común que habría de basar todas las decisiones y propuestas de mejora educativa. Un sentido común que, tras determinados illuminati, va siendo cada vez el menos común de los sentidos.

Se puede entender que se hable de entornos de aprendizaje. Si añadimos lo virtual, lo estamos complicando pero aún podemos aceptar ese «pulpo como animal de compañía». Podemos pararnos a pensar si hay oficios que lo gestionen, como es el caso de los perfiles en los que alguno se autoasigna el valor de «moodler». Supongo que será que sabe algo de Moodle, al igual que a un panadero se le supone la capacidad de hacer pan. Eso sí, rizando el rizo, existe el moodle coacher. Ya tenemos al guía espiritual de las siglas que, curiosamente, siempre nos aparece. Esto del coaching es divertido. ¿Por qué usar la palabra asesor cuando con una palabreja que nos permite ir de guays queda más cool?

También resulta complicado, en los últimos tiempos, seguir las tendencias educativas. Hay algunos que se hacen un MOOC y, lo más curioso, es que piden a sus compañeros que se hagan uno con ellos. Joder (con perdón), hacerse algo con alguien es realmente peligroso. Y si se entera la pareja de uno. No creo que sea fácil comentar a tu pareja… «hola cariño, me voy a hacer unos MOOC con un amiguete virtual». ¿Por qué no le decimos que nos vamos a matricular de un curso por internet donde participan tropocientas mil personas? No es cool, no queda tan bien.

Podría seguir hablando de esos que lo flipan. Que quieren montar una flipped classroom. Algunos ya lo traducen como montar una clase al revés. Suerte que tienen… si yo quisiera hacer una clase cabeza abajo, la sangre me embotaría más el cerebro de lo habitual. Por eso no puedo flipar, y eso que suena bien. Flipar en el aula. En colores y sin productos añadidos. Bueno, algún aparatejo con software gnu (¿gnu es lo que hace una vaca?) y fibra óptica. ¿De cuántos aumentos será la misma?

No sólo es tecnología. Hay modelos pedagógicos con nombres de imprescindible conocimiento para aquellos que quieran abanderar algo en esto llamado educación. Conectivismo, constructivismo, TPACK, SAMR, etc. Hay incluso una pedagogía invisible que, debe funcionar igual que la capa de Harry Potter. El problema es cómo encontrarla y en qué tienda la podemos adquirir. ¿Permitirá el pago con moneda invisible o tendremos que utilizar bitcoins (que tampoco se ven pero molan mazo)?

Con tanto experto en innovación educativa y con tanta palabreja que no consigo entender, estoy fuera de onda. Un docente demodé que está perdiendo la onda, la cabeza y el poco sentido común que le quedaba. Por suerte, la cerveza sigue siendo fría y entrando igual de bien por la garganta en época calurosa que antaño.

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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

2 Comments
    1. Algo que hace daño a la vista cuando se habla de cuestiones educativas es hablar de «creadores». Nada se crea. Tan sólo son adaptaciones de otros modelos que, a alguien, por el motivo que sea, le funciona en sus clases (o lo vende como que le funciona).

      No creo que el modelo de flipped classroom (o clase invertida) sea más que dar una vuelta de tuerca a algunas cosas que muchos docentes ya habían experimentado. Quizás los nuevos medios permitan que dichas experiencias se viralicen más pero, siempre hemos de tener en cuenta que, como todo lo que está sucediendo en el ámbito educativo, lo único que faltaba era patentarlo y darle un nombre lo más cool posible. La innovación educativa no consiste en innovar, consiste en coger cosas que «quizás les funcionen a otros o no» y adaptarlas en nuestras aulas. Si ello funciona, ya tendremos una innovación positiva. El problema es que experimentar con personas es muy diferente a hacerlo con gaseosa. Algo que, por cierto, debería pensar más de uno antes de lanzarse sin ton ni son a las nuevas modas.

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