Jornada de (edu)reflexión

Me apetece reflexionar en voz alta a pesar de que, por llevar la contraria, sea poco amante de jornadas de reflexión forzadas. No soporto que me obliguen a reflexionar cuando apetezca a terceros y, aún menos, que dicha reflexión no se realice más allá de esas fechas de las que te dicen algunos. Eso sí, paso de reflexiones acerca de posibles o factibles porque, por suerte o desgracia, los resultados electorales se verán dentro de poco. Además, ¿no he dicho que, teniendo ya claro mi voto, tiene poco sentido fabular acerca de dimes y diretes? Lo de mañana lo tengo claro. Y eso después de múltiples descartes que, sinceramente, podría no haber hecho. No son peores las medidas que proponen algunos o la inacción de otros frente a unicornios de banda rojigualda o a rayas.

Fuente: Flickr CC

Hoy me apetece preguntarme qué hace que en nuestro país que, tan ansioso parece por equipararse a Europa, haya un 30% de enseñanza concertada. Una anomalía que no existe en otros países de la Unión Europea salvo en Bélgica. Y ahí, por cierto, tampoco están para tirar cohetes. Centros clasistas y racistas, ocupados por hijos de muchos que se niegan a declararse clasistas o racistas, llevan a plantearse muchas cuestiones. La desigualdad se crea por la existencia de lugares donde se dé la misma. Un detalle, ¿alguien cree que se puede potenciar la igualdad entre hombres y mujeres desde un centro educativo que segrega por razón de sexo? Bueno, yendo más lejos, ¿alguien puede creerse que se defienden los derechos humanos, la posibilidad de que a uno le gusten hombres o mujeres o, simplemente, algunas cuestiones éticas, desde unos centros gestionados por defensores de una moral muy excluyente? Ya, entiendo que estoy exagerando. Es lo que tiene estar en jornada de reflexión.

También me gustaría preguntarme por qué hay tanto interés por parte de los medios en difundir que los grandes docentes son aquellos que participan en premios, los que suben tropocientos mil vídeos a YouTube, usan metodologías recuperadas del medievo o, simplemente, usan el videojuego de moda para motivar a sus alumnos. Ya lo de tildar como malos profesionales a aquellos que, libremente, deciden aprovechar su tiempo libre para pasarlo con su familia o dedicarlo a sus aficiones «no educativas», es algo que me preocupa. Bueno, hay docentes que se creen superiores por trabajar un sábado. Algunos son capaces de creer en ciertas cuestiones por motivos ignotos. Bueno, también hay algunos que creen en que las vacunas son malas, no hay cambio climático o que los inmigrantes, al final, vienen para quedarse con lo nuestro porque en su país ya han robado lo que podían. Como veis estoy reflexionando por encima de mis posibilidades.

Solucionar la educación no pasa por otra ley educativa. Ni tan solo por catalanizar, euskaldunizar o españolizar a nuestros alumnos. Tampoco jugar a qué lengua debe ser la más usada en el aula. Bueno, eso siempre y cuando no sea una lengua que no conocen ni docentes ni alumnos. En ese caso, tengo poco que decir salvo que hay mucho (…) suelto. Bueno, el otro día me enteré que un profesor de Lengua Castellana da las clases en catalán. Eso sí, que haya determinados personajes es algo excepcional. No olvidemos que donde más se adoctrina es en la privada porque, al final, todos sus docentes deben seguir la línea ideológica de su empleador. No es lo mismo que en la pública donde todos, por suerte, pueden tener la ideología que les apetezca. He tenido compañeros que votarán a VOX, Podemos, PSOE, PP, ERC y un montón de variantes. Y además no les da miedo en reconocerlo. Es lo que tiene la libertad de trabajar en un servicio público y no deber comulgar con lo que piense el gobierno de turno. No entro en lo que pienso de los que van a votar a determinados partidos porque, seguramente, esos que los votan podrían pensar lo mismo de mí.

Poner más ordenadores en el aula, venderse a Google o a otras multinacionales, tampoco tiene demasiado sentido. Menos aún el jugar a pagar a las editoriales millones cada año para comprarles libros de texto. Lo de la uniformidad del uniforme ya es otro tema. ¿No hemos quedado todos en que lo importante es la personalidad de cada alumno? Y la posibilidad o no de comer gluten. A ver si nos aclaramos.

No debería haber jornadas de reflexión. Toca reflexionar cada día acerca de muchas cuestiones. No debería haber melón que no debiera abrirse. Es sano reflexionar acerca de todo. Ignorar qué sucede y obviar los porqués, no hace que algo deje de suceder. Taparse los ojos o esconderse debajo de la alfombra ya no es opción. Así que toca reflexionar en voz alta porque, al final, si uno no dice lo que piensa abiertamente, salvo que tenga interés en ocupar un carguito, sacarse una paguita o evitar pisar charcos por si conviene venderse a A o a B, nada mejora.

Sed buenos y reflexionad… pero no solo hoy.

Que reflexione acerca de ciertas cuestiones no significa que tenga razón. Son mis reflexiones personales. Algo que, por desgracia, cada cierto tiempo debo de aclarar.
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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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