Kilómetro Cero

Esto de haber podido recuperar el blog y tener acceso al mismo sin haber perdido ninguna de sus publicaciones, después de una inyección de código malicioso en alguno de los ficheros del mismo y el consiguiente bloqueo de Google, me genera reacciones diversas. En parte me alegra haber recuperado un espacio para escribir públicamente y reflexionar sobre cuestiones que afectan a mi profesión. Por otro lado, esta posibilidad me impide -sí, seamos sinceros, el blog se ha convertido en mi espacio de confort- cambiar el formato del mismo para ponerme a escribir, por ejemplo, sobre macramé u otros temas más importantes. La Educación no interesa a nadie y las luchas fraticidas que se generan alrededor de postulados que se están tomando, acaban siendo un triste reflejo de conversaciones de bar poco iluminado.

Fuente: ShutterStock

¿Es necesario un blog que hable sobre temas educativos? ¿Es necesario que el personal destine parte de su tiempo a escribir sobre el trabajo de uno? ¿Hasta qué punto una visión sesgada importa cuando, al final, lo más importante es lo que uno puede «tocar» o las vacaciones de las que uno puede disfrutar? Sí, lo reconozco. A mí las vacaciones me motivan. Si pudiera trabajar menos… lo haría. Si pudiera vivir sin trabajar y tener uno o varios hobbies, también. No es ser un mal profesional. Es reconocer en voz alta las particularidades personales que me impiden esclavizarme por un trabajo. Un trabajo que, seamos sinceros, me permite disponer de tiempo para dedicarme a reflexionar sobre el mismo. Y todo ello no gracias a la felicidad intrínseca que algunos demandan. Más bien a un esfuerzo que ha permitido que, después de acabar una carrera «dura» después de un bachillerato al cual tuve que dedicar mucho tiempo y, competir en igualdad de condiciones con otros titulados universitarios, pudiera dedicarme a esto. ¿Vocación? La justa. Bueno, para qué mentirme o mentiros. Entre cero y ninguna. Que lo de las vocaciones no me va. Me va más lo del trabajo bien hecho. Que para algo me pagan. Y no me pagan para creer en nada, me pagan para que mis alumnos tengan el mejor futuro posible. Y eso no se consigue con vocación, se consigue con trabajo y adaptación al alumnado.

Cuando uno compra un coche de kilómetro cero sabe qué se puede encontrar. Un buen vehículo o, simplemente, un concesionario sin escrúpulos que haya manipulado el cuentakilómetros y, en lugar de ser un coche con pocos kilómetros, ya venga muy rodado el mismo. No es malo el rodaje pero si alguien compra algo es porque cree que lo que le están vendiendo es lo que va a comprar. Algo que no sólo se aplica a vehículos de tracción. Sirve para cualquiera, en cualquier contexto y, cómo no, para cualquier situación.

Podría haber hecho tabula rasa y escribir sobre gastronomía. E, incluso, con lo que me gusta leer una recomendación acerca de libros. O ya, rizando el rizo, ponerme a publicar videoblogs de esos que ahora están de moda. Lamentablemente va a ser que no. Uno ya sale con unos cuantos kilómetros y, por desgracia, aún no le apetece rectificar el motor ni cambiarse de vehículo. Eso sí, algunos seguimos teniendo muy claro por qué escribimos, la importancia que tiene esto y, por qué no decirlo, la poca habilidad para expresarnos de forma coherente y con las florituras que se nos exigen pero que desconocemos.

Revisado el vehículo, pasado por el taller y sin ninguna capa de pintura por haber sido la extra muy paupérrima… seguimos hasta que apetezca seguir haciéndolo o toque volver a pasar por caja 🙂

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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