La antipedagogía no existe

Si vamos a un concepto básico de lo que se supone que debemos considerar pedagogía, nos encontramos en qué en la mayoría de definiciones se basan en considerarla un conjunto de los saberes que están orientados hacia la educación, entendida como un fenómeno que pertenece intrínsecamente a la especie humana y que se desarrolla de manera social. Tiene intención de organizarla para cumplir con determinados fines, establecidos a partir de lo que es deseable para una sociedad, es decir, el tipo de ciudadano que se quiere formar. Sí, ya veis que yo también me apoyo, en ocasiones, en la Wikipedia.

Paulo Freire Fuente: Flickr CC

Más allá de cómo podemos definir el concepto, me genera dudas la consideración de su opuesto: la antipedagogía. Es notorio que hay muchos compañeros de profesión e, incluso, teóricos del ramo, que han acuñado la denominación de antipedagogía -o antipedagógico- a unas praxis educativas que no están acorde con sus posicionamientos ideológicos. Sí, resulta curioso que algo tan personalizable por el contexto como son las praxis educativas se conviertan en pedagógicas o no en función de la óptica del observador y no por los resultados obtenidos. Más aún que, bajo el paraguas del pedagogismo mal entendido, uno sea capaz de discriminar buenas o malas prácticas por el simple hecho que no cuadra con sus autores de referencia. Sí, hay autores de cabecera para todos los gustos. Corrientes pedagógicas de «escuela nueva», «liberadoras», «constructivistas», «sancionadoras», «de tolerancia cero», «de libertinaje absoluto», Pedagogías buenistas, constructivistas, conductistas y un largo etcétera de nombres más o menos adaptados a la venta del producto que, por desgracia, se consideran como la biblia de la praxis docente. Es decir, se establecen unas relaciones entre buenos y malos en función de las creencias en un modelo pedagógico o en otro. Eso sí, por desgracia para algunos, sigue siendo un modelo pedagógico porque, la pedagogía es mucho más de una creencia única. Y sí, digo creencia porque, lamentablemente, la exportación de teorías pedagógicas en bloque a la praxis diaria sigue siendo algo imposible.

Estoy convencido de que tras la palabra «antipedagógico» existe un concepto de simple oposición de creencias sin ninguna base científica. Creo que la pedagogía se ha convertido -bueno, dudo que alguna vez dejara de serlo- en un acto de fe en su traslación de la teoría a la práctica. Estoy convencido de que el papel lo aguanta todo y, por ello, cada vez se habla más de pedagogía, de oposiciones ideológicas y se traslada menos lo anterior al aula. No es cuestión de denostar la pedagogía, es cuestión de conocer sobre qué se está trabajando en el ámbito educativo, qué ideas van apareciendo e ir cogiendo aquello que nos interese. Sí, hablo como docente de aula. Y, es por ello que mi visión acerca de la pedagogía viene muy condicionada por mis alumnos -que ni son iguales, ni son medibles de forma absoluta y, ni tan sólo pueden ser considerados al margen de su contexto como ratones de experimentaciones varias-. Son unas personas que, al margen de que algunos por interés decidan que deben ser instruidos de una manera u otra para obtener mejores resultados en su aprendizaje basándose en premisas pedagógicas varias, van a realizar su aprendizaje al margen de cualquier teoría absolutista por mucho que para seguirse vendiendo deba adaptarse al mercado.

No, la antipedagogía no existe porque todo es pedagógico. Eso sí, queda muy bonito decir que algo es antipedagógico cuando se sale de nuestros parámetros ideológicos.

Ya sé que es un artículo muy flojo a nivel teórico pero, qué se puede esperar de un ingeniero reconvertido en docente 🙂
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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

6 Comments
  1. Mi querido Jordi:
    Sabes que poco me importa si es mucho o poco teórico este post. Pero lo que sí me interesa es hablar un poco de un movimiento que está gestando por lo menos en Argentina de «antipedagogía» pero en un sentido diferente (o no…?) al que aquí defines.
    Se trata de «especialistas en disciplinas» que denostan todo aporte de la pedagogía y la responsabilizan de todos los males de la enseñanza, como si no existieran buenas y malas prácticas docentes. En un punto se emparentan con lo que comentas aquí, porque se trata de juzgar como inválido todo aquello que no coincide con su ideología. Pero lo disfrazan simplemente de «antipedagogía», reduciendo todo análisis posible.
    Los medios los ayudan a perpretar esta idea, a donde el docente es el culpable de la caída de la calidad educativa, sencillamente por haberse «pedagogizado». Para esta gente hay que volver a la transmisión de información «de los que saben las disciplinas» y deja de lado todo lo demás.
    Si esto no es antipedagogía, pues no sé qué lo sería…
    Otra forma de ver el tema mi amigo. Lo que me preocupa de ésta que te cuento es cómo la sociedad aprovecha para hacer de los docentes un «puching ball» para pegarles sin pausa.
    Un gran abrazo!
    Débora

    1. Lo que planteo en el artículo Débora es que, por mucho que algunos quieran jugar al «antipedagogo» o a hacer «antipedagogía» por oposición a determinado tipo de pedagogías, realmente lo que hacen es realizar su aporte pedagógico. Denostar un modelo teórico de aplicación práctica para defender otro no es anti, es simplemente otro tipo de pedagogía. Eso sí, para ellos existe el mismo objetivo que para aquellos que venden las modas pedagógicas innovadoras, el vender su método como el único existente.

      El modelo transmisivo es un modelo pedagógico. Sí, aunque ellos no quieran decirlo es así. Eso sí, para algunos esa transmisión (mala y unidireccional) la confunden con algo magistral cuando, por desgracia, no deja de ser algo muy parecido a poner un DVD o decir que lean el libro de texto de la página 3 a la 14.

      Por desgracia, el tema social y la denostación del colectivo docente es algo que, por desgracia, va a llevarnos a tener muchos problemas sociales en el futuro. Y eso sí que me preocupa.

      Un fuerte abrazo de vuelta.

  2. Ola Jordi,

    A mi me parece que en España también está pasando lo que comenta Débora. Creo que la necesaria crítica a las «innovaciones» pedagógicas se está confundiendo con el desprestigio automático de todo lo que se propone desde el ámbito de la pedagogía, aprovechando de paso para dejar caer que, en educación, todo estaba bien como estaba antes.

    1. El problema Tucho es que, por desgracia, da la sensación que tampoco se pueda hacer crítica de algunas de esas «innovaciones» porque, de repente uno se encuentra taxonomizado en el lado de los malos. Con lo interesante que sería un debate abierto sobre qué se está haciendo (y se están haciendo muchas cosas interesantes más allá de las que se venden que no son innovación y sí una auténtica revolución) sin necesidad de defenderse mediante la demagogía que, tanto tú como cualquiera con un poco de sentido común está observando. No, ya sabes que no todo estaba bien como estaba antes. El problema es que tampoco no todo estaba mal como estaba antes y, por desgracia, el maximalismo de las propuestas o la necesidad de hacer caja, pasa de llegar a acuerdos 🙁

      Un saludo.

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