La culpa no es de César Bona

La culpa no es de César Bona. Que el eduentertainment haya llegado a los extremos actuales no es culpa de César Bona. Ni de César Bona, ni del Global Teacher Prize. Yendo más lejos, tampoco de Ken Robinson. Vamos a ser sinceros, la culpa de la situación y mediatización de ciertas cosas o, simplemente, de la irrupción con fuerza del espectáculo educativo como prioridad para algunos, tiene muy poco que ver con alguien cuyo único defecto es haber sabido aprovecharse del «pelotazo» del asunto.

Fuente: Facebook

Que César Bona diga determinadas chorradas, hable con frases dignas de Mister Wonderful o llene, a más no poder, determinados auditorios teniendo un caché de miles de euros, no es culpa suya. Vender libros tampoco es culpa suya. Salir en los medios masivamente o reunirse con determinados poderes políticos, al final, no tiene nada que ver con él. Uno puede decir chorradas a tutiplén, desear vivir del cuento o, simplemente, jugar a ser esquivo para evitar meterse en ningún charco y, por suerte, tocarle la lotería del eduentertainment. Y a él le ha tocado. Le ha tocado el gordo y todas las pedreas. ¿Por qué? Pues porque ha estado en el lugar justo en el momento oportuno. Y, además, ha sabido rodearse de un equipo de estrategas que le han permitido exprimir hasta la saciedad su marca personal. Chapeau por él.

Si uno gana un montón de euros cada pocos minutos siendo aplaudido y reconocido por muchos, ¿alguien con dos dedos de frente va a creerse que va a volver a lidiar con alumnos para ganar una miseria? Va, seamos sinceros. El tipo no es gilipollas. Sinceramente, lo sería si decidiera volver. Al igual que muchos que están haciendo puntos para escapar del aula. Lo hacen porque quieren imitar a César Bona. Es un ejemplo para muchos. Y no me estoy refiriendo precisamente para los docentes que quieren mejorar su praxis educativa.

Todo es mucho más fácil de entender si analizamos por qué surge esta figura. Surge para dar respuesta a la esperanza de muchos, al interés de otros y, al final, llega en un momento en el que se empieza a destapar el dinero que puede llegar a mover el pastel educativo. Y él está allí. Él reúne las características y sabe aprovecharse del asunto. Consigue hacerse con un discurso fácil plagado de las mismas anécdotas y un gran elenco de palmeros. César Bona es el resultado de las expectativas creadas. César Bona, al final, es un personaje de éxito. Sí, es un éxito vivir de lo que a uno le gusta (y no estoy refiriéndome precisamente a dar clase). Muchos se pegarían por conseguir la notoriedad de este ex maestro. Qué demonios. Muchos se están pegando para conseguirla.

Como dice el título del artículo… la culpa no es de César Bona. Puede ser una persona más o menos amable, te puede caer mejor o peor o, simplemente, puedes criticar las sandeces que dice o escribe pero, al final, la culpa es de los que compran al personaje. Un personaje hecho a medida de forma muy artificial para satisfacer una necesidad que, como he dicho antes, se ha creado (o más bien incentivado) desde determinadas organizaciones.

César Bona es un éxito como marca personal. Otro tema es su calidad como docente o como modelo a seguir. Ahí podríamos tener debate pero, sinceramente, sería un debate que no tiene nada que ver con la persona que se ha hecho personaje.

Dedicado a @maestradepueblo 😉

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

No Comments Yet

Deja un comentario

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
close-link