La disyuntiva entre echar un polvo e ir a misa

El otro día llegó a mis manos un whatsapp en el que me informaban que «tener sexo salvaje con una persona, jamás me entregaría el mismo gozo y satisfacción que ir a la iglesia un domingo por la mañana». Y tenían toda la razón. Echar ese polvo salvaje me impediría, por motivos de tiempo y dedicación, poder asistir a misa frecuentemente. Así pues, ¿por qué tomar esa decisión de echar repetidamente (sic.) ese polvo salvaje?

Fuente: https://www.picswe.com

Pues la verdad es que en la vida hay muchas disyuntivas. Creer en ciertas cosas hace que, por descarte, no puedas creer en otras. Uno no puede creer a la vez en la circularidad o linealidad de la Tierra. Uno no puede ser pro-vacuna y antivacuna. Bueno, uno puede ser calvo y vender crecepelo pero, sinceramente, se le nota demasiado la patita. Bueno, la jeta más bien.

Lo mismo con los tiempos. Si uno se forma los sábados por la mañana, deja de tener ese tiempo para ver maratones de Juego de Tronos. Lo mismo que para aquellos que deciden ser runners por vocación… mucho correr, sudar y tiempo de jalandria a recortar. Ídem para aquellos que se gastan su dinero en A, priorizándolo sobre B. Ya se sabe que un iPhone mola pero, al final, salvo que trinques mucho dando cursos de formación o tres mil pavos por charla engominada, ese teléfono te impide gastar ese dinero en un viaje. Y así todo.

Hay disyuntivas que son muy fáciles. Hay otras que obligan a tomar decisiones complejas. Uno puede intentar cagar hacia dentro pero, sinceramente, salvo la retención en aquella reunión de la que no puedes escaparte, es complejo que dicha acción retenga ad infinitum el truño. Quién dice truño dice cagarruta. Y ya si nos olvidamos de lo políticamente correcto, podríamos hablar de mierda culera. Otra cuestión, como he dicho antes, son las disyuntivas más complejas. Aquellas que dirimen el asunto entre el follar y el que te follen. Entre, como he dicho antes, el sentirte bien con el unicornio de turno y la ejecución del acto. Un acto que solo es puro cuando se flippea. E incluso así obliga a confesiones infinitas.

Mañana tengo comida en familia porque otra comida que también me apetecía se ha caído. No son el segundo plato. Es simplemente una decisión que ha tenido unas causas objetivas. ¿Se puede comer dos veces en un mismo día? Se puede pero no es recomendable. Lo que sí que es factible es comer hoy con unos y mañana con otros. Esa es la clave del asunto porque, al final todo el mundo sabe que yendo a misa también puede permitirse algún polvo. O varios, en caso de tener suerte 😉

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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