La docencia desprestigiada

Agradezco la invitación de mi querido colega Jordi Martí, para contar un poco acerca del conflicto docente que estamos viviendo en Argentina. No dejan de sorprender algunas coincidencias que encontramos entre ambos países que, de algún modo, nos permiten predecir un rumbo inquietante sobre este tema.

Punto de partida

Para contextualizar, voy a decir que la profesión docente en Argentina fue históricamente mal pagada, aunque a pesar de ello contaba en el pasado con en enorme prestigio social. Resumiendo hoy podemos observar que, no solamente cada vez está peor remunerada, sino que existe una campaña de desprestigio que ha partido de los gobiernos y ha sido fomentada y expandida desde los medios con un alcance increíble este año.

El conflicto actual tiene su raíz, como todos los fines e inicio de ciclo escolar, en la discusión salarial y en lo que ha dado en llamarse la “paritaria”, que establece a nivel nacional un sueldo que opera como el piso desde el cual cada provincia negocia con los sindicatos el aumento cada año. Recordemos que Argentina es un país a donde la inflación ataca permanentemente el poder adquisitivo, y en el caso del inicio de este año el monto para el salario docente base se ubicó debajo del establecido para la línea de pobreza. Para ubicarnos en valores, está en un monto cercano a los 580 euros al mes (unos 6960 euros al año). Se sumó a esta situación la negativa del Ministerio de Educación de la Nación de establecer el piso salarial para todo el país, tal como lo fija la Ley de Financiamiento Educativo, sancionada en el 2006, en su art. 10:

“ARTICULO 10º — El MINISTERIO DE EDUCACION, CIENCIA Y TECNOLOGIA juntamente con el Consejo Federal de Cultura y Educación y las entidades gremiales docentes con representación nacional, acordarán un convenio marco que incluirá pautas generales referidas a: a) condiciones laborales, b) calendario educativo, c) salario mínimo docente y d) carrera docente.”

Es decir que un maestro o profesor que recién se inicia, no tiene resultas las condiciones básicas para poder sobrevivir. Esto conlleva la necesidad de trabajar en tres turnos para lograrlo, incluido el vespertino. Como podrán imaginarse, las condiciones de trabajo vuelven a la profesión docente prácticamente inabordable con una jornada laboral de no menos de 12 hs. En Argentina además no existe dentro del horario escolar un tiempo previsto para la planificación o la evaluación (en contados casos algún espacio para la capacitación), por lo que cada docente se lleva a su casa cantidad de trabajo extra no reconocido salarialmente. Esta situación, si bien no es propia de las decisiones del gobierno actual y viene de arrastre, ha ido empeorando progresivamente hasta hoy.

Con la tensión generada por el tema salarial y la negativa de acordar un nuevo piso para todo el país, los sindicatos docentes determinaron un plan de huelga que se inició con el comienzo del ciclo lectivo 2017.

Lo paradójico es que a pesar de la pauperización y precarización laboral de la docencia algunos todavía la elijan como profesión, debido a que se presenta como una opción de trabajo “estable”. Faltan docentes, por lo tanto acceder al trabajo puede resultar muy sencillo en algunas jurisdicciones como la mía, la Ciudad de Buenos Aires, a donde muchos acceden aún sin tener su título para ejercer o viniendo de otras profesiones que no son la docencia. De este modo el deterioro sobre la calidad de la formación docente resulta más que evidente.

En este escenario de huelgas, los medios gráficos y televisivos adoptaron hegemónicamente la posición del gobierno de cuestionar las medidas de fuerza, argumentando que los docentes debían discutir su salario con los chicos dentro de las aulas. Si con este panorama no se ha logrado mover un ápice la oferta salarial de las jurisdicciones ni que se fije el piso para todo el país, imaginen qué hubiera sucedido sin ninguna medida: sencillamente nada.

Las manifestaciones docentes no se hicieron esperar y hace pocos días tuvo lugar una multitudinaria Marcha Federal Educativa, de una multitudinaria convocatoria (se estimaron 400.000 personas).

Fuente: http://www.infobae.com

Los medios como parte de la campaña de desprestigio

En paralelo a estas acciones, los medios reprodujeron y aún continúan haciéndolo sin parar, declaraciones en donde se cuestiona a los docentes por la calidad de los aprendizajes de los alumnos, al tiempo que se pone permanentemente en el centro del discurso la nostalgia por la escuela tradicional y conservadora, identificada como la “escuela exitosa” en términos de calidad. Por supuesto nada de esto se apoya en estudios concretos sino en afirmaciones que se establecen sobre la base de mezclar algunos datos sueltos de resultados de pruebas referidas a operativos de calidad, pero por supuesto ningún análisis serie respecto de la situación de los docentes. En el discurso instalado no hay lugar para cruzar las variables de “condiciones de trabajo docente” con las de “resultados de aprendizaje”.

Lo insólito ha sido ver que, como nunca los programas de TV y radio así como los periódicos tomaron en sus columnas centrales el tema educativo, con un tratamiento en donde lo común fue cargar las tintas sobre los docentes: la culpa de todos los males de la educación, recaen en los “maestros y profesores irresponsables, faltos de vocación”. Así se ha dado lugar casi a un nuevo deporte mediático: “¡Péguele al docente!” desde el cual nos vemos obligados a soportar todo tipo de agresiones e insultos por el sólo hecho de haber abrazado esta profesión.

Las reiteradas agresiones, lejos de desalentarnos, afortunadamente han fortalecido algunos posicionamientos respecto de nuestras condiciones de trabajo, que se han visto reflejados en la Marcha Federal Educativa del 22 de marzo pasado. Sin embargo, hay que reconocer que al mismo tiempo han generado una enorme desazón en quienes asumimos las tareas de enseñanza: el ataque es tan virulento y la campaña de desprestigio tan contundente, que ha generado una enorme tristeza en el colectivo docente.

La nostalgia por la escuela tradicional y el discurso de la “calidad”

Lo cierto es que el discurso nostálgico de la escuela tradicional desde el cual se nos ataca, mete en la misma bolsa y mezcla todo, atribuyendo cualquier atisbo de trabajo innovador en las aulas a garantía de pérdida de calidad educativa. Ergo, para el imaginario social la escuela conservadora es la que nos salvará de todos los males, aquella a donde maestros y profesores repetían información que los alumnos esforzados repetían exitosamente y en donde aquellos que se esforzaban sencillamente se quedaban fuera del sistema, porque no merecían estar allí. Por supuesto la escuela añorada es la de la “mano dura” en la disciplina y la homogeneizadora, la de la fantasía de que toda diferencia se anula por el efecto de su enseñanza.

En este contexto, en Ministro de Educación de la Nación decidió realizar una presentación de los resultados del operativo nacional de evaluación de los aprendizajes 2016, llamado “Aprender”, el mismo día en que se llevaba a cabo una huelga docente a nivel nacional. Por supuesto la intención no fue otra que demostrar que esos “desastrosos maestros y profesores que no trabajan llevan a los chicos a estos fracasos”. Cabe señalar que la presentación se hizo sin mostrar prácticamente dato concreto alguno y enfatizando aquellos aspectos que el gobierno quería señalar, entre los cuales ocupa el número 1 el desprestigio de la escuela pública frente a la escuela privada. Nuestro presidente, en el marzo de esta presentación, manifestó que había alumnos a los que nos les quedaba otra que “caer” en la educación pública.

En este “combo”, para el discurso instalado no sólo los docentes conformar el peor grupo de profesionales sino que los que pertenecen a la escuela pública –que en Argentina ha sido históricamente un bastión- serían los peores. Por supuesto nada se dice de las condiciones en que el Estado ha mantenido a las escuelas públicas: infraestructura en condiciones lamentables; chicos que acceden con problemáticas socio-económicas gravísimas que no cuentan con ninguna asistencia por parte de otros ámbitos del Estado que no sean la escuela y sus maestros; pésimas condiciones de trabajo docente; asistencia alimentaria deficitaria para los alumnos; etc. Claro que las escuelas privadas no atraviesan estas problemáticas y, como si fuera poco, tienen a su planta docente contratada de manera tal que pueden ser echados por cualquier causa, lo que pone a nuestros colegas de esos ámbitos en situaciones de inestabilidad laboral significativa. Por el contrario, los derechos de los trabajadores de las escuelas públicas en cambio, se encuentran afortunadamente resguardados por normativas muy antiguas que han garantizado su estabilidad. Pero lo que se quiere afectar ahora es claramente estos derechos laborales cuyo origen data de 1954.

En este punto, la tensión ha llegado al tope. Las campañas de desprestigio docente han generado un alto impacto abriendo la puerta para cualquier tipo de agresión en las escuelas. Tengamos en cuenta que venimos de un historial de situaciones a donde los padres han atacado a docentes de sus hijos por ejemplo por haberlos desaprobado. Tal es así que hasta el propio gobierno de la Provincia de Buenos Aires aprobó una ley que castiga con multas económicas o cárcel a quien agreda a un docente, cuando paradójicamente es el mismo gobierno quien lo castiga salarialmente llevándolo a vivir en condiciones paupérrimas.

La falacia de “los docentes sólo discuten salario”

Finalmente, se ha querido instalar la idea de que los docentes sólo discutimos por nuestros salarios y no nos importa la calidad educativa. Cuando sencillamente no hay ámbitos a donde se nos convoque a discutir, buscamos nuestras propias formas de expresarnos y plantear posiciones como las que llevamos adelante desde los blogs o periódicos digitales a donde manifestamos nuestras múltiples perspectivas respecto de cómo mejorar la enseñanza. Sin embargo, se niega su existencia y se repite el discurso “oficial”. Aunque convengamos también que no contamos con académicos del campo educativo que desde la investigación den cuenta de lo que está pasando realmente en las aulas, sencillamente porque están desvinculados del día a día de las escuelas. Lo que pasa en las universidades sucede en un mundo paralelo a las escuelas reales, cuando necesitaríamos estar todos juntos tirando el carro.

Por último, hay que señalar que este escenario que he descrito está atravesado por la lucha entre quienes defienden al gobierno anterior (“kirchnerismo”) y quienes lo hacen con el actual (“macrismo”), o lo que eb mi país ha dado en llamarse “la grieta”, que separa y nos ubica erróneamente a todos de un lado u otro. No podemos desconocer que este conflicto está alimentado y sostenido por ambas partes. Lo que deberíamos entender es que éste no es un partido de fútbol que terminaremos definiendo por penales: el costo para la educación puede llevarnos a tener que esperar años y años para poder remontar lo que está pasando.

Si queremos mejorar la educación, es imposible pensarlo sin los docentes. Y con maestros y profesores atacados, desprestigiados, pauperizados y mal formados, es claro que no podremos conseguir un futuro promisorio.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Débora Kozak

Docente en Buenos Aires, Argentina, desde 1986. Dedicada gran parte de esos años a la formación de maestros y profesores para la escuela pública. Siempre en la búsqueda de las innovaciones didácticas, llegué a las TIC para explorar su relación con la enseñanza y el aprendizaje. Autora de libros y artículos sobre innovación pedagógica y del blog: "Pensar la Escuela"

12 Comments
  1. Muchas gracias por el comentario me ha permitido conocer la realidad educativa argentina, y estoy de acuerdo contigo que no puede pensarse la escuela sin los docentes. Un abrazo de una colega ecuatoriana.

  2. Saludos desde México, país en el que el panorama no ha sido tan distinto. Estamos en proceso de implementar un nuevo modelo educativo en Educación Básica (pre escolar hasta secundaria). Le precede una Reforma de Estado que más que educativa ha resultado una reforma laboral.

  3. Me alegra poder conversar con compañeros ecuatorianos, argentinos y mejicanos; aunque sea para hablar de un problema compartido. El artículo de Débora me ha recordado otro de Detterman (especialista en inteligencia). Según él, se echa la culpa de los resultados de los alumnos a los profesores, cuando en realidad, para bien o para mal, la influencia de un profesor sobre el rendimiento educativo del alumno es pequeña. Sí, sé que es contraintuitivo y casi deprimente, me atrevería a decir. Pero mírenlo así: es una forma de argumentar contra los que nos culpan de todo. Lean el artículo, merece la pena.
    Les dejo el enlace: http://emilkirkegaard.dk/en/wp-content/uploads/Education-and-Intelligence-Pity-the-Poor-Teacher-because-Student-Characteristics-are-more-Significant-than-Teachers-or-Schools.pdf

    Accedí a este artículo a través del blog de Roberto Colom, investigador español y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid.
    Saludos de Pilar.

    PD: Gracias Jordi por ponernos en contacto con compañeros tan lejanos en kilómetros (aunque no en preocupaciones).

    1. ¡Gracias Pilar por tu aporte!
      La enseñanza es un factor clave en el aprendizaje pero no el único ni el determinante. Si no analizamos la complejidad del aprendizaje desde todas sus variables caeremos en reduccionismos que no aportan a la comprensión de los problemas educativos que se nos presentan.
      Un afectuoso saludo,
      Débora

  4. Muchisimas gracias, Debora, por tu profundo – y desolador – análisis. Es duro, pero peor es ignorarlo. Voy a Buenos Aires este agosto y espero compartir este análisis con mis colegas y amistades. Salvando las distancias, hay algunas significativas coincidencias en España. Un abrazo

    1. Me abruman las coincidencias que vamos encontrando con otros contextos Roser. Ojalá podamos encontrarnos por Buenos Aires en agosto para compartir impresiones y pensar estrategias.
      Un afectuoso saludo,
      Débora

  5. Hola Débora. Soy argentina y como tal ejercí como “maestra jardinera” durante casi 20 años, en escuelas de diferentes contextos. En la actualidad, y luego de pasar por varios condicionamientos , volví a ejercer y llevo 8 años en España trabajando como interina(suplente). La verdad que durante el tiempo que trabajé allí estuve en situaciones muy desfavorables ( salario, falta de recursos, etc) pero veo que después de tantos años se ha empeorado, lo cual me apena y mucho. En España tenemos condiciones más favorables pero también hay que remar con otras situaciones que achacan mucho al docente.
    Siento que en Argentina se trabaja por vocación, sino no se explica cómo se hace para vivir con esos salarios. Lo positivo es que se desarrolla mucho más la creatividad por la falta de recursos. Creo que es una cuestión política todo este planteamiento que haces, y una persona muy cercana (-http://nestorbelda.com/) siempre me repite “la educación es un botín político” . Y parece que por aquí algunas características también suceden. Espero que tantos días de huelga ( que en su momento también hice) sirvan para mejorar vuestras condiciones.
    Un abrazo sincero

    1. Es cierto socsilvy, el problema de trabajar sólo por vocación es que en un momento tiene su límite claro y si bien nos vuelve creativos al mismo tiempo nos desgaste tremendamente.
      No sabemos si los días de huelga llevarán a lo que se espera, pero resulta muy difícil hoy entablar un diálogo serio respecto de nuestras condiciones de trabajo.
      Un gran abrazo!
      Débora

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