La «escuela tradicional» vende

No hay ponencia educativa ni tuit que se precie en el que no aparezca el demonio educativo del siglo XXI: la escuela tradicional. No, no hay gurú que soporte más de cinco minutos de charla sin referirse a ella, ni medio de comunicación que no deba justificar ciertas afirmaciones de los personajes anteriores que, dentro de su máxima de vender, intoxicar y conseguir pingües beneficios, le permitan seguir siendo de esos medios tan «imparciales» cuando se habla sobre temas educativos. Qué demonios, la escuela tradicional vende. El diablo, envuelto en papel cuché, siempre tiene su punto entre erótico y perverso. Siempre es bueno encontrar excusas cuando uno debe vender cosas. Y al final, la realidad, impone que esa venta sólo puede darse si uno encuentra enemigos, sean o no productos de la imaginación. Bueno, muchos se tragan que Elvis está por Hawai disfrutando de sus merecidas vacaciones después e hacerse el muerto. Y, otros muchos, que hay soluciones rápidas para todos los problemas globales y que, son todos los que los padecen, los que no quieren solucionarlos. Nada, lo de siempre. Echar la culpa a terceros y al imaginario colectivo de todos los males.

Fuente: http://historiaseducacion.blogspot.com.es

El concepto de «escuela tradicional» vende muchísimo más que la «innovación». Los docentes «innovadores» lo son por contraposición a lo que padecieron (sic.), lo que ven en las películas del NODO y, cómo no, a aquello que les cuentan, con lágrimas en los ojos, todos los alumnos de la mayoría de profesionales que están en las aulas. Sí, venden mucho las películas revival de los años cincuenta. Más aún aquellas que, lo único que hacen, es tirar de tópicos absurdos para hacer demostraciones que no superan ni una triste prueba con algodón de la empresa que los vende. No, si uno está en el aula, abre los ojos sin prejuicios y se planta, de forma más o menos visible, a ver lo que hacen sus compañeros verá que, ni todos son tan sádicos, ni el alumno está tan triste, ni las técnicas pedagógicas de la vara de avellano pululan en sus centros. No, hay una cierta necesidad de vender elefantosis docente y son rara avis. Tan raros que, en ocasiones, se agradecería que hubiera alguno para preguntarle acerca de su modelo educativo porque, al final, resulta que no hay un modelo educativo único. Hay tantos como docentes estén pisando las aulas. No hay dos docentes iguales, al igual que no hay dos alumnos que, más allá de usar el mismo tipo de vestuario marcado por unas ciertas modas que, al hacerse uno mayor ya no entiende (bueno, el de nuestra época también debería ser incomprensible para los docentes que tuvimos), tengan las mismas necesidades educativas. Y sí, se personaliza el aprendizaje. No sólo el aprendizaje, se intenta ayudar a los alumnos aunque algunos no se lo crean o les interese vender que no es así.

Resulta curioso que se tire de algo que no existe para justificar la necesidad de otra cosa. Me suena demasiado al discurso anti inmigración o, simplemente, a aquellos que defienden la existencia de platillos volantes en Roswell. Seguro que algunos se lo creen pero hay muchos otros que lo único que quieren es sacar tajada de lo anterior porque, seamos claros, ¿a quién le interesa crear ficticiamente un modelo educativo que no existe, hablar de tópicos y vender soluciones milagrosas para esa ficción? No, no hace falta que me respondáis. Creo que todos sabéis a quién.

La verdad es que hay que aplaudir a aquellos que están consiguiendo que se hable de una «escuela tradicional» que no existe, del inmovilismo de todos sus compañeros -menos ellos que, habitualmente se largan del aula- y de la persecución que están sufriendo por su ideología innovadora. Hay que aplaudirles porque están consiguiendo que, una mentira interesada o una óptica muy condicionada por situaciones subjetivas, les permitan inferir algunas cuestiones que se caen a la primera observación seria.

No, la «escuela tradicional» no existe como realidad, al igual que no existe la «innovación». Son simplemente conceptos que se usan para defender posicionamientos ideológicos acerca de cosas que a uno le gustarían o, simplemente, reforzar ideas que permitan, a corto plazo, tener un discurso manipulado y manipulable para ascender en la pirámide educativa hasta poderse codear con aquellos que, por estar en el sitio adecuado o mover los hilos oportunos, viven de la consideración de mesías educativo. Al final todo es un castillo de naipes que, tanto puede interesar al que defiende tradiciones que no existen o innovaciones que, lamentablemente, al único que van a solucionar los problemas es al que vive de venderlas.

Hay muchas cosas que deben cambiarse de la escuela actual pero, lo que es un sinsentido, es plantear dichos cambios desde realidades que no existen.
EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

6 Comments
  1. Cierto que vivimos un mundo complejo dentro del ¿»Sistema»? Educativo, yo creo un SINSISTEMA, pero esto sería otra discusión y análisis. También es cierto que no hay nada que sea todo bueno o todo malo y por tanto siempre aparecen los buitres que aprovechan las situaciones para su beneficio personal adornado de resultados mas o menos milagrosos. También es cierto que hay trabajo de investigación y análisis serio del mundo educativo. Os presento un trabajo desde la Universidad de Alicante que creo merecerá vuestra lectura. Gracias por vuestra ilusión y trabajo. http://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/64072/1/Psicologia-y-educacion_198.pdf

    1. Comparto contigo la idea de que cada vez hay más trabajos serios sobre contextos educativos pero lo anterior, por desgracia, en la mayoría de ocasiones se supedita al titular o a la venta descontextualizada de ciertas modas o soluciones en bruto que, por desgracia, no funcionan a poco que alguien se ponga a analizarlo. Bueno, tampoco es del todo cierto porque, curiosamente, algunas modas funcionan en períodos y contextos muy puntuales con resultados más o menos comprables.

      Muchas gracias por el enlace y pasarte por aquí.

  2. Jordi…estoy tan de acuerdo contigo que a veces pienso si te has metido en mo cabeza! En nuestro instituto muchos seguimos con entusiasmo tus articulos. Felicidades y gracias!

  3. LA APORTACIÓN DE LOS LECTORES (El Periódico, de Barcelona)
    Publica una carta del lector

    «Los responsables del fracaso escolar son los docentes»

    Estela Martorell Martínez
    Alberic

    ¿Qué opinas del tema de discusión? ¿Qué te parece la aportación de este usuario? Envía tu opinión para participar en el debate.
    VIERNES, 10 DE MARZO DEL 2017 – 13:00 H

    Uno de mis profesores nos dijo hace unos días que los responsables del fracaso escolar no son otros que los docentes. He de admitir que, en un primer momento, me he sentido abrumada e incluso me han dolido tales palabras, pero echemos la vista atrás: ¿cuántos profesores os han marcado la vida? Muchos diréis que ninguno, pero estoy segura de que siempre hay uno, como mínimo, que por algún motivo u otro siempre recordaréis. Bien, pues, desde que empecé el colegio hasta el instituto, me atrevería a decir que solo recuerdo a dos profesores, dos en unos 14 años (desde educación infantil hasta segundo de bachillerato), pero, afortunadamente, desde que entré en la vida universitaria, ahora hace tres años, he tenido la suerte de contar con cuatro profesores que sé que han sido y serán cruciales en mi vida, pues de una manera u otra me han enseñado cosas que, probablemente, ni ellos mismos saben.

    En primer lugar, uno de ellos me enseñó que no soy una estudiante de magisterio cuya principal preocupación es saber cómo hacer collares de macarrones, sino que soy una estudiante de magisterio sobre la que recae la responsabilidad de educar a las futuras generaciones. Otro me enseñó que la lectura y la escritura no entienden de edades sino de madurez y que cada niño encontrará el momento de aprender cuando esté preparado. Otra me ha enseñado que los docentes pueden hacer que una asignatura te apasione o que la odies (la astronomía no me provocaba ningún interés, y ahora siento curiosidad por ella). Y por último, otro profesor ha sido quien me ha confirmado aquello que ya sabía: todo aquello que estudié sobre literatura en el instituto no me ha servido de nada, pues la mayoría de mi generación conocemos todas las obras clásicas y no sabemos qué esconden.

    Esta es mi experiencia: he tenido la suerte de conocer a docentes a los que les apasiona lo que hacen y a otros que no alientan a sus alumnos, sino que los desmotivan. He tenido profesores que me han dicho que llegaría adonde quisiera y otros, que dejase de estudiar porque no servía para ello. A esos últimos les diré que por gente tan incompetente como ellos la educación está al borde del abismo, la docencia tan desvalorizada y los alumnos tan poco motivados. Así que, sí, es un tremendo error que tengan el poder de la educación en sus manos.

    ¿Qué le podemos decir a esta joven, soñadora como docente de un futuro incierto?

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