La evaluación no debería automatizarse

Estos días están apareciendo una gran cantidad de artículos acerca de herramientas que, supuestamente, nos facilitan evaluar a nuestros alumnos. Cientos de aplicaciones que permiten, de forma muy activa, controlar a nuestros alumnos tanto en tiempo de trabajo como en resultados en pruebas que, cada vez son más objetivas. Incluso, en ocasiones, nos venden el juego como una manera de calificar (léase Kahoot o herramientas similares). Y eso debería hacernos reflexionar acerca del proceso de evaluación.

Evaluar, al menos en etapas obligatorias del aprendizaje, jamás debe ni puede automatizarse. Automatizar la evaluación bajo premisas como facilitar el trabajo del docente, ser más objetivo en nuestras calificaciones o, simplemente, llevar un mejor control del alumno no es algo deseable. Menos aún cuando algunos tenemos una concepción de la evaluación como un proceso y no como un resultado. Ya, lo sé… hay evaluaciones trimestrales y una maravillosa evaluación final plagada de maravillosas notas numéricas. No es malo que, para facilitar de forma rápida al alumnado saber cómo va puedan usarse notas. Lo grave es pretender que la calificación objetiva y diseñada por una máquina sea la única que va a contar. Que no me venda nadie milongas. Las empresas que crean herramientas para evaluar y llevar un control de los alumnos tienen un objetivo básico: el ganar dinero. Coño, que a estas alturas de la película alguien crea en las hermanitas de la caridad cuando se habla de Google, Plickers, Kahoot o cualquiera de las que existen para reducir a formato digital la evaluación analógica, ya debería llevarnos a cuestionar qué hacen algunos dedicándose a la docencia. Claro que es bueno facilitar la evaluación y tener el máximo de inputs de nuestros alumnos pero, sinceramente, con más de un centenar largo de alumnos a evaluar (hablo de ESO) debe evaluarse al margen de la tecnología. Incluso en etapas anteriores, cuando hay maestros que tienen a lo largo de todo el año a los mismos alumnos, si los mismos tienen que acudir a una herramienta para saber cómo evoluciona el aprendizaje de sus alumnos es que no saben bien a qué se dedican.

Debo reconocer que, como muchos, he caído en el estigma de usar herramientas que faciliten, como docente, mi trabajo. He usado y sigo haciéndolo plataformas de gestión de aula. Las herramientas anteriores no tienen nada de bueno o malo. El problema es que su uso habitual convierte el aprendizaje en automatización. Automatización que tiene poco de actual. Automatización educativa que ya lleva unos cien años en el mercado. Quién nos lo iba a decir. Quién nos iba a decir que en los años 20 ya existía una máquina para corregir automáticamente los exámenes tan estandarizados que se están poniendo últimamente de moda.

Fuente: Facebook

Una vez se ha dado el paso de empezar a automatizar el aprendizaje y caer en las redes de las maravillosas herramientas conviene, de forma pausada pero bien meditada, volver al objetivo básico de nuestro trabajo docente. Un trabajo que tiene, entre sus funciones, la de evaluar a nuestros alumnos. Una evaluación que siempre debe priorizar el criterio de profesionalidad de uno, personalizar las decisiones en función de cada uno de nuestros alumnos y, mirar más allá de lo que nos diga una máquina a la hora de hacer medias. Algo que la inmensa mayoría de docentes tienen muy claro. Bueno, salvo aquellos que sólo ven bondades en la automatización de esa evaluación y se quedan exclusivamente en esa nota con veinte decimales que le da la máquina.

Finalmente una pequeña observación… una rúbrica (pasada a formato excel o rellenada a mano) para automatizar la evaluación mediante miles de ítems es totalmente contraproducente. Eso sí, si tiene millones de colorines seguro que mola  🙂

Tenemos que evaluar y poner notas. Algo que no gusta a casi ningún docente pero que, al igual que en otras profesiones, es inherente a nuestra profesión. Hagámoslo bien y con profesionalidad.
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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

8 Comments
  1. Puede parecer estraño, pero no puedo estar más de acuerdo contigo.
    La evaluación, por definición, es subjetiva, ya que la realizan sujetos. Pretender automatizar la y objetivizarla totalmente no me parece buena cosa.
    Yo uso muchas rúbricas con muchos números (de momento sin colorines, tendré que añadirlos) pero para evaluar, números que indicas niveles, no notas. A mí me gustan mucho las rúbricas, pero mucho más para el alumno que la usa para evaluar a sus compañeros (y reflexiona si lo que ve coincide con unas descripciones) que para el que recibe los resultados (para saber en qué nivel se encuentra y que debe mejorar).
    Y sí, para realizar este proceso uso herramientas TIC (sinó moriría en el intento).

    Eso sí, cuando llega la hora de calificar, a mí me va bien tener algunos (o muchos) numeritos de diferentes tareas para acabar poniendo la calificación subjetiva que me parece más justa. Normalmente no coincide con la media ponderada de los numeritos (venga, alguna vez sí), pero me ayuda a recordar la evolución de un alumno en un trimestre.

  2. Hola, Jordi y Jaume, un placer leeros.

    De entrada, decir que hablo desde la perspectiva de la educación para adultos (ciclos formativos de grado superior, FPA, certificados de profesionalidad…). Quizás algunas de las cosas que digo más abajo sean muy matizables con chavales más jóvenes y/o en otros escenarios.

    A mi sí me parecen útiles las rúbricas… o las matrices de comprobación, o simplemente la definición previa de unos criterios lo más claros y transparentes posibles, si lo preferís, que al fin y al cabo es lo que se ha hecho siempre sin recurrir a nombres sofisticados para cosas que son simplemente de sentido común. No es lo mismo corregir la entrega 1 que la 100. Ni hacerlo un domingo después de comer que un jueves a las 2am. O hacerlo en un momento relajado o tras un día de perros. Todo lo que ayude a que el resultado de un proceso de evaluación sea lo más justo y objetivo posible, bienvenido sea. Lo de hacer evaluaciones holísticas mola mucho, pero personalmente (y lo digo sin ninguna ironía) no me considero tan buen docente como para poder practicarlas con garantías, al menos no sin recurrir también a indicadores complementarios más objetivos.

    Pensar en qué voy valorar y de qué modo me ayuda a enfocarme en lo que considero importante y, como dice Jaume, trasladar esa información al alumno me parece muy útil para que él mismo pueda reflexionar sobre su propio trabajo o el de sus compañeros o incluso le permita argumentar sobre el proceso de evaluación En cualquier caso, el uso de una rúbrica no está exento de cierto componente subjetivo, por lo que al final llegamos a lo mismo. Que levante la mano el que sea capaz de definir con precisión total cada una de las gradaciones utilizadas correspondientes a cada aspecto valorado. Ni falta que hace.

    Solo porque Google o Microsoft estén embarcados en un plan de dominación mundial 🙂 o porque exista un cierto postureo (lo siento, lo he dicho) en todo esto de las TIC / TAC, con auténticas estrellas mediáticas en el sector hablando de cosas muy antiguas, no quiere decir que nos tengamos que convertir todos al neoludismo y renunciar a herramientas que simplemente hacen nuestro trabajo más efectivo.

  3. «Lo niego todo» (El gran genio ebdetense). «Todo es una milonga» (en la acepción séptima de la RAE. Lo digo yo). «Sé todos los cuentos». «Nos duermen con cuentos» (El gran poeta tabarés muerto en el exilio)

    ¿Qué evaluación? ¿Qué mentira es esa de la evaluación? Se nos habla por todos sitios de pensamiento crítico y nos tragamos lo de la evaluación. Como dices en el escrito tenemos que poner un numerito en los documentos oficiales y a eso le llaman evaluación. Y no protestamos y nos lo tragamos. ¿Alguno de los que habéis intervenido, o tu Jordi, ¿Os habéis leído la normativa sobre evaluación? ¿Conocéis lo que según normativa hay que tener en cuenta para poner ese numerito? Si esto se aplicara tal como dicen en esos documentos oficiales, ni de los míos ni de los compañeros que presencio en las sesiones de «evaluación» habría que «aprobar» ni a ningún alumno ni a ningún profesor. Todo es una gran mentira que hay que sacar adelante para que cuadren las cifras.

    ¿Alguien tiene en cuenta las circunstancias personales del alumnado para realizar la puesta de numeritos en las actas? ¿Quién evalúa mi trabajo ya que como consecuencia del mismo el alumnado aprenderá más o menos?, porque ponemos el numerito por lo que el alumno ¿Aprende? ¿recuerda en un papel? ¿Cómo se comprueba lo aprendido? Esto es tan difícil que yo no me veo en condiciones de hacerlo, pero es que mirando a mi alrededor y por lo que se dice en las sesiones de «evaluación», los compañeros/as están como yo. Todos hacen referencia al papel que se les ha entregado. Sea examen o cualquier otra forma, necesitamos un soporte justificativo en el que apoyarnos ante una reclamación y meramente por mi propia justificación.
    ¿Para qué sirven las sesiones de evaluación si cada profesor pone su nota en función de sus criterios? ¿Para qué tengo yo que escuchar lo que dice el de educación física a la hora de poner el numerito en el acta? ¿A mi qué me interesa?.

    El artículo 11.1 de la Ley General de Educación de 1970 decía: la valoración del rendimiento educativo se referirá tanto al aprovechamiento del alumno como a la acción de los Centros. ¿Alguien valora la adecuación del sistema: desde las normas del Ministerio hasta la normativa del Instituto o Colegio, pasando por las Consejerías correspondientes, e incluso la disposición arquitectónica de los edificios, etc?

    ¿Cómo rinden en Historia, Matemáticas, Biología, etc, el alumnado que sube sudando y alterado en sus ritmos biológicos tras la realización de ejercicio físico?

    Mirad este vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=z2U33Rviwpk En el minuto 1,30 habla de cómo se ponían las notas antes de 1970 y a lo que aspira esa reforma: basar las calificaciones en lo que el alumno sabe y no en lo que recuerda ¿Eso qué es? Cuentos, cuentos y más cuentos y este cuento es de 1970, imaginad cómo ha evolucionado el cuento tras 47 años.

    ¡A ver qué ha cambiado!

    Lo que ha cambiado es que hoy hay Internet y nos entretienen con eso. Mis alumnos en el aula no tienen ordenadores ¿los vuestros sí? Pues bien, todo lo que busquéis en Internet sobre metodología se basa en actividades con el ordenador ¡¡¡¡PERO SI NO TIENEN, CÓMO SE VA A HACER ESO!!!!

    Ante tanta duda para la «evaluación» apliquemos la máxima del derecho penal: «in dubio pro reo» En este caso el reo, evidentemente, es el alumno.

    LO NIEGO TODO, TODO ES UNA MILONGA, SÉ TODOS LOS CUENTOS, NOS DUERMEN CON CUENTOS

  4. Qué gran paz interior descubrir que otros compañeros comparten mi desasosiego respecto al cariz que viene tomando el tema de la evaluación desde hace ya tanto… Me ha costado dar con vosotros, pero aquí estáis. ¡Me acaba de tocar la lotería! ¡No estoy sola en esta jungla!

  5. Quizá los que suben sudados, probablemente hayan aumentado la vascularización del cerebro, estimulado la neurogénesis y fomentado la plasticidad neuronal. Sólo quizá. Y quizá el aprendizaje que viene inmmediatamente después sea el gran beneficiado (y usted no lo sepa). Un saludo.

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