La falsa obsolescencia en el ámbito educativo

En uno de los documentales que, en los últimos tiempos, han sido visualizados mayoritariamente por gran parte de nuestra comunidad educativa se hablaba profusamente del tema de la obsolescencia programada. Se comentaba en el mismo que eran las propias empresas quienes diseñaban sus productos para que dejaran de funcionar al cabo de un determinado tiempo y, del impulso consumista que tenían los ciudadanos para renovar «aparatos» antes de que los mismos dejaran de funcionar correctamente o fueran llevados a una reparación (que, muchas veces, era más cara que el último modelo del aparato).

Obsolescencia Programada (COMPRAR, TIRAR, COMPRAR) – Documental –

La misma situación que se menciona en el documental anterior es la que se observa en nuestro sistema educativo. Un sistema que dedica gran parte de sus fondos económicos al pago de esa obsolescencia que se crea por parte de la Administración y se ratifica por los actores implicados en el mismo (docentes, alumnos y padres). ¿Cuál es el coste real de esa falsa obsolescencia, creada y avalada por los actores anteriores? Excesivo, y mucho más que cuestionable en pleno período de crisis económica.

¿En qué casos se produce esa sensación de obsolescencia? En los libros de texto, cambiados cada pocos años pero con nulo efecto sobre el aprendizaje de los alumnos. En los ordenadores de las aulas que, a los pocos años se cambian por otros más nuevos (o se han ido cambiando) cuyo uso es exactamente el mismo que se realizaba con los antiguos. En los programas informáticos cuyo coste en licencias «de actualización a la nueva versión» suponen un dispendio totalmente innecesario porque no se mejora la funcionalidad de versiones más antiguas. En las PDI, cuyo uso más allá del simple de una pizarra blanca con proyector es sólo realizado por menos de un 1% de los docentes que las utilizan, etc.

¿Por tanto, a quién interesa esa falsa obsolescencia? Queda claro. Al propio sistema económico, ya que le permite vender nuevos productos en un mercado (el educativo) que por necesidades reales no necesitaría tanta actualización.

Además, incluso los que criticamos esta obsolescencia nos encontramos, en demasiadas ocasiones, defendiéndola. ¿Cuántos no hemos deseado un cambio profundo de las herramientas 2.0 que se están utilizando porque las consideramos muy encorsetadas? ¿Cuántas veces no hemos criticado a Moodle, uno de los estándares en muchos centros educativos para sustituir parcialmente a los libros de texto, por sus limitaciones? Es decir, en la búsqueda del sistema más efectivo de enseñanza estamos abonando la propia obsolescencia. Criticamos la misma, pero la avalamos con nuestras decisiones.

¿Hay necesidad de tanta tecnología en las aulas? ¿Hay necesidad de cambiar los libros de texto tan a menudo de materias inamovibles? ¿Hay necesidad de plantearse cambiar los netbooks por tabletas a los pocos años de su introducción? ¿Hay necesidad de ir actualizando el sistema operativo de nuestros ordenadores cada nueva versión? ¿Hay necesidad de cambiar el currículum cada ciertos años? ¿Hay necesidad de cambiar el sistema educativo tantas veces como se ha hecho en los últimos años? ¿Hay necesidad de cambiar los sistemas de oposición? En definitiva, ¿hay necesidad de tanto cambio para obtener unos resultados más que cuestionables?

Quizás el gran problema del sistema educativo no sea el de un cambio cuasidiario de algún aspecto (material o inmaterial) del mismo. ¿Soy el único que cree que se podría realizar un gran ahorro económico y obtener una mejora educativa significativa si intentáramos tocar lo menos posible el sistema? Porque si queremos hacer un «invento serio», con pequeños ajustes realizados en colectivos muy minoritarios (incluso a niveles individuales) no vamos a conseguirlo.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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