La inmensa mayoría de docentes quieren lo mejor para sus alumnos

Se puede discutir acerca de la necesidad de implementar determinadas metodologías en el aula, los modelos más o menos actualizados de dar la clase o, simplemente, podemos cuestionar la conveniencia o eficacia del uso del término «innovación constante» pero, lo que jamás puede cuestionarse es la intención de la mayoría de los docentes cuando se ponen delante de los alumnos de intentar que aprendan. Ya, seguro que conocemos todos aquel caso del docente sádico, de los que se dedican a humillar a sus alumnos o, simplemente, el de aquel personaje cuya asistencia al aula para dar clase siempre es producto que no le queda otra pero, en líneas generales, lo anterior es solo excepción. Y no, no me estoy refiriendo a aquellos que llevan décadas huidos del aula. Estoy hablando de décadas porque irse unos años del aula para hacer otras cosas, a veces, puede aportar personal y profesionalmente. Creo que se me entiende bien la diferencia entre huido o desertor y docente que, puntualmente o por cambio permanente de profesión, decide dedicarse a otra cosa.

Fuente: ShutterStock

Cuando me preocupa que se esté yendo a golpe de moda educativa lo hago al margen del profesorado que se apunta a la misma. Me preocupa, eso sí, que el personal se lance a experimentos sin sentido, de nula evidencia científica y que, incluso, acabe siendo totalmente contraproducente para los chavales (tanto en su presente como en su futuro). Hay suficiente bibliografía e investigación científica sobre temas educativos para revisarse antes de hacer ciertas cosas en el aula con los alumnos pero, eso no excluye que no estén convencidos los que las hacen que están haciendo lo mejor para sus alumnos. Y, además, se lo curran mucho. Hacer ciertas cosas o prepararlas supone muchísimo tiempo. Uno no dedica tiempo a preparar materiales, experiencias o cualquier otra cosa, si no cree en que va a ser positivo para sus alumnos. El problema cuando hago la crítica sobre ello es que no lo veo claro. No estoy cuestionando a quienes lo hacen (bueno, sí en referencia a la falta de sustento de dichas metodologías o teorías) pero sí el hecho de hacerlo. Creo que son profesionales implicados en su trabajo pero sigo sin entender el porqué de hacer experimentos para, en poco tiempo, volver a cambiar de experimento porque el primero ya no es mediático ni mediatizable. Claro que debe difundirse el trabajo que se hace en el aula pero jamás el objetivo debe ser hacer algo para difundirlo salvo que genere un beneficio en los chavales. El docente es un simple peón más que debe permitir a los chavales que completen el tablero. ¿Os dais cuenta en que no entro en el ganar la partida? Es que la partida o los fuegos artificiales que se pueden lanzar si uno gana nunca tampoco debería plantearse como objetivo último del asunto.

No voy a disculparme por seguir cuestionando ciertas cosas que se están haciendo en muchas aulas. Tampoco a determinados modelos de «grupos» excluyentes que se comportan de forma más o menos sectaria. Aún menos, y eso los que me conocéis deberíais tenerlo claro, preguntarme de forma reiterada si hay ciertas situaciones, modelos y/o herramientas que pueden ir en contra de la mejora educativa. Eso es lo que hago en esta bitácora personal. Una bitácora en la que hoy repito que tengo claro que la inmensa mayoría de docentes quieren lo mejor para sus alumnos pero que, en ocasiones, algunas de las cosas que están haciendo van contra el sentido común o, simplemente, añaden más obstáculos a algo que es tan sencillo como dar clase porque, al final, en la sencillez de la docencia, la empatía con el alumnado y la adaptación al mismo, se encuentra la clave de todo.

Hoy intentaré, como miles de mis compañeros, hacerlo lo mejor posible. Y sí, a veces, aunque menos de las que nos gustaría las que nos dedicamos a esto, sale 😉

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Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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