La innovación que necesitan nuestros alumnos

El concepto de innovación, aplicado al ámbito educativo, está ya demasiado desprestigiado por el mal uso que muchos hacen del mismo. Aún así, la innovación se hace algo necesario para mejorar el aprendizaje de nuestros alumnos. Y no me estoy refiriendo a la innovación mediática, ni a aquella que, demasiados están vendiendo. Me estoy centrando en aquellas cosas que, a veces sin ninguna repercusión en los medios o en las redes sociales, se están haciendo en el aula con herramientas de siempre o con las más modernas que hay en el mercado. No es la herramienta y, yendo más lejos, empiezo a estas alturas de la película a dudar que sea la metodología.

Fuente: Fotolia CC

Hay docentes que son capaces de innovar con las manos en los bolsillos, otros contando historias, algunos con libro de texto, los más con el simple hecho de adaptarse, a las exigencias de los que tienen delante. No hay una regla básica para innovar en el aula. Quizás lo que nos falta es reducir la innovación a lo que pueda ser útil en cada momento. Ni las herramientas, ni la metodología, definen que algo sea eficaz. Además, ¿no os dais cuenta que muchos se están centrando en lo espectacular de lo que están haciendo en lugar de buscar lo sencillo? Sí, hacer sumas en un folio o sacar a los chavales a la pizarra es infinitamente mejor que hacerlo en un iPad. Y voy a ir más lejos… enseñar a sumar con palos, manzanas o, el producto de la huerta de la zona, es de lo más eficaz. No lo digo por decir. Todos los docentes con los que hablo del tema me lo confirman. Bueno, no debo estar hablando con los innovadores de las redes o de los medios. Debo estar acudiendo al hortelano de ese pequeño huerto en el que los secretos, transmitidos de padres a hijos, se van adaptando a las necesidades (o a los elementos de los que uno disponga). Eso sí, sin hacer una planificación futura en la que no se tenga en cuenta qué les funcionó a sus padres y abuelos.

Al final, ¿cuál es la función de un docente? ¿Dar espectáculo u obtener resultados, quizás no espectaculares pero resultados al fin y al cabo, con sus alumnos? ¿Innovar por innovar u olvidarse del concepto para dar clase lo mejor posible? ¿Jugar con la última herramienta o usar la que mejor se adapte en cada ocasión? ¿Insistir en adaptar los alumnos a la metodología o cambiar la metodología según la tipología de los alumnos? ¿Regodearse continuamente en los pequeños éxitos o aprender del fracaso? ¿Usar el libro de texto o negarse a su uso para sustituirlo por nefastos materiales de elaboración propia? Mis respuestas las tengo bastante claras. Y, seamos sinceros, la innovación que necesitan nuestros alumnos va a depender de la respuesta que el docente (o que las personas que gestionan la educación) le den a las siguientes cuestiones porque, lo que uno no puede olvidar en ningún momento, es cuál es el objetivo último del asunto…

Cada uno que haga en su aula lo que le apetezca, pero solo estará innovando cuando sepa que, más allá de la herramienta, la metodología o las ocurrencias personales, sus alumnos están aprendiendo. Hasta entonces estaremos hablando de otra cosa.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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