La libertad de cátedra y los libros de texto

Una de las palabras que acostumbraba a oír en mi juventud, como estudiante, en los centros educativos por parte de determinados profesores, era su acogimiento a la «libertad de cátedra«, para justificar su negación del uso de los libros de texto que habíamos comprado, los que se quedaban normalmente guardando polvo en una estantería, y que después de numerosos traslados han ido desapareciendo de mi biblioteca personal.

Analizando la situación que se está produciendo con la implantación de los libros digitales en el aula, y la posibilidad, por parte de muchos docentes de negarse a su uso, cabe ver qué influencias tiene esa libertad anterior, con esa decisión.

Según el Tribunal Constitucional (en una sentencia del año 1981), la libertad de cátedra es otorgada a los profesionales de la enseñanza, sea cual sea su nivel de docencia y, sean o no miembros del profesorado público. Por tanto ese derecho es inherente a la labor docente, sea esta realizada en centros públicos, privados o concertados.

«El objeto de este dere­cho viene constituido por la libertad, por parte del docen­te, para poder transmitir, sin previa censura y sin ningún tipo de coacción, los crite­rios científicos, artísticos y culturales, que aquel consi­dera cómo válidos desde una metodología determinada«

«En niveles inferiores al ámbito universitario son los planes de estudio, establecidos por la autoridad competente, los que deter­minan cuál ha de ser el contenido mínimo de la ense­ñanza, y son también estas autoridades las que estable­cen cuál es el elenco de medios pedagógicos entre los que puede optar el pro­fesor, no pudiendo éste orien­tar ideológicamente su ense­ñanza con entera libertad conforme con sus convicciones«

En su aplicabilidad práctica de esta potestad que disponemos como docentes, la libertad de cátedra supondría:

  • Que el centro donde estemos impartiendo docencia no nos puede imponer la obligatoriedad de transmitir a nuestros alumnos los criterios científicos e ideológicos, los valores y conceptos que la dirección del centro establezca con carácter de uniformidad. Supone fundamentalmente la posibilidad de expresar las ideas y convicciones que cada profesor asumamos como propias, en relación a la materia objeto de ense­ñanza, y por lo tanto violaría la libertad cualquier predeterminación de esos conceptos o ideas
  • No puede ser sometida nuestra actividad docente a una censura previa
  • La posibilidad de determinar libremente, no sólo el contenido de las enseñanzas, sino también el método de exposición a utilizar. Lo cual, no supone negar la potestad de establecer por parte del centro educativo, o por parte del Estado orientaciones pedagógicas. Pero esa potestad debe ser compatible con nuestra libertad docente, de tal forma que no quede anulada

Pero la misma libertad tiene que tener sus límites, ya que sin esos existiría la posibilidad del libertinaje educativo. Sus límites, estarían enfocados en lo siguiente:

  • El respeto a los demás derechos fundamentales, especialmente: el derecho al honor, a la intimidad y a la propia imagen
  • La protección de la juventud y de la infancia
  • Otra limitación seria el abuso del derecho. Así, pue­de considerase como un ejer­cicio abusivo de la libertad de cátedra, aquella actitud del profesor que consiste en trans­mitir opiniones que no guar­dan relación con la materia impartida o que son fruto exclusivamente de una opción ideológica transmitida con una exclusiva finalidad pro­selitista o denigratoria

Por tanto, a efectos de dar una respuesta a la obligatoriedad del uso de los libros de texto (sean digitales o no), establecidos por el Departamento pertinente (Tecnología, Matemáticas, etc.) o comprados en pack por parte del centro (ya que la subvención de 30 € en muchos centros catalanes ha obligado a la compra de packs enteros y uniformizados a determinadas editoriales), la respuesta ha de ser un rotundo NO. Según jurisprudencia, podemos usar material propio o que esté disponible en la red bajo licencia creative commons e, incluso, en caso de que se haya forzado, por parte del Departamento, a la compra de determinado material, podemos decidir usarlo o no.

En definitiva, visto lo cual, sería lógico, que el material que van a usar nuestros alumnos se gestionara al principio del curso, ya que muchas veces, muchos docentes que se encuentran con un material que no les gusta ni necesitan, se ven obligados a usarlo para evitar las «críticas lógicas» (por el gasto económico que les ha supuesto) de las familias.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

5 Comments
  1. En mi centro se ha optado (he de reconocer que he ejercido bastante presión en este sentido) por comprar el pack de libros (¿?) de D-T por la sencilla razón que con el aporte de la Conselleria (30lereles) se cubría el cupo, mi argumentación es la siguiente:
    – No todo el claustro está en disposición de generar/recopilar material en formato digital para impartir ESTE curso.
    – Durante el curso cada profesional puede (léase DEBE) ir vistiendo sus cursos en el Moodle de centro.
    – El próximo curso pasaremos al Moodle y tan panchos.

    La realidad:
    – Nos deshabilitan Àgora.
    – Nos obligan a «comprar» un servicio Moodle, en la modalidad que sea.
    – Mis compañer@s de claustro van loc@s intentando que no se les atranquen los ordenadores, tod@s coincidimos en la pésima «calidad» del material digital.
    – La(s) alternativa(s):
    – Volver a los libros en papel que tenemos de reserva.
    – Fotocopias.
    – El ingente esfuerzo de ir montando materiales digitales en no se sabe qué plataforma (si es necesaria) en un curso en que se ha tenido 4 días hábiles para tenerlo «todo» «»a punto»»

    El CAOS, a veces, es divertido.

    Salutacions.

  2. Seguramente lo he entendido mal, pero según la sentencia del TC que has citado:

    “En niveles inferiores al ámbito universitario son los planes de estudio, establecidos por la autoridad competente, los que deter­minan cuál ha de ser el contenido mínimo de la ense­ñanza, y son también estas autoridades las que estable­cen cuál es el elenco de medios pedagógicos entre los que puede optar el pro­fesor, no pudiendo éste orien­tar ideológicamente su ense­ñanza con entera libertad conforme con sus convicciones“

    O sea, que para los profesores de enseñanza infantil, primaria y secundaria, así como FP, la libertad de cátedra NO les habilita para escoger libremente qué medios pedagógicos usar, sino que serán las autoridades competentes las que dedicirán qué opciones tienen «el elenco de medios pedagógicos», y el profesor sólo podrá escoger los que prefiera dentro de ese elenco..

    1. En parte tienes razón, pero resulta que ese «elenco de medios pedagógicos» no está marcado por las Administraciones Educativas, las cuales sólo marcan unos niveles de concreción curriculares para las distintas materias. Por tanto, a efectos prácticos, queda al libre albedrío del docente el usar unos medios u otros, siempre respetando el contenido curricular que se exige en los currículums.

      Para añadir otro dato relevante, en el plan Escuela 2.0, en ningún apartado habla de la obligatoriedad del docente a usar herramientas TIC en el aula. Su uso queda a disposición de los docentes que quieran usar esas herramientas. Por tanto, el docente tiene libertad de cátedra, para elegir los medios que él considere más adecuados para su materia e, incluso estaría permitido seguir usando la tiza, y decirles a los alumnos que pueden dejar sus minimaquinitas 2.0 en casa.

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