La mejora educativa no vendrá de hacer más papeleo

Ayer tuve la oportunidad de acudir a una charla sobre competencias básicas (sí, sé que ahora se denominan competencias clave) que se impartió en mi centro educativo. Ya sabéis que, por suerte o desgracia, tengo la necesidad de explayarme acerca de cuestiones educativas y, hoy no puedo evitar seguir reiterándome en uno de los postulados básicos de la mejora educativa: la necesidad de obviar el papeleo para centrarnos en el aula.

Fuente: ShutterStock
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No, no tienen ningún sentido las rúbricas de evaluación para complicar, aún más si cabe, el proceso que permite dar como aptos o no a nuestros alumnos. No, no tiene ningún tipo de sentido una programación de curso que se realiza a principios del mismo y que no va a incluir ninguna de las casuísticas que se puedan dar a lo largo del año. No, sigo sin entender la necesidad de papeles y más papeles para justificar prácticas educativas que lo único que hacen es derivar el esfuerzo que debería hacerse en las mismas hacia cuestiones tan banales como rellenar formularios, justificar acciones formativas o, incluso, validar un modelo de docencia más ágil a golpe de cantidad de papeles con diferentes sellos.

Estoy convencido de la necesidad de hacer fácil la profesión. De, dentro de los márgenes que nos permite la misma -que son más amplios de los que nos pensamos- poder hacer cosas nuevas, equivocarnos y volver a plantear otras cosas diferentes. Quizás es que sea muy poco amigo de la regulación o del control o que considere al caos como mi gran amigo pero, sinceramente, es que no puedo con el papeleo. Ni con el papeleo, ni con las prácticas educativas que exigen aún más papeleo para ser gestionadas. No sé, como no sabía antaño, la utilidad que tiene poseer en papel o formato digital cientos de papeles para justificar mi práctica educativa. No creo tampoco que quien atesore más cantidad de los mismos sea mejor profesional. Más trabajador a nivel «papelario» quizás pero, la profesionalidad del docente nunca se demuestra en los papeles.

Supongo que, en el caso de los papeles, hablo de extremos. Que quizás, los papeles en su justa medida tengan su utilidad pero, para alguien cuya máxima es el aula y mejorar lo que pasa en ella -con sus aciertos y sus errores- es tan sólo una pérdida de tiempo. Tiempo que pasamos como docentes en demasía rellenando burocracia o justificando, mediante documentos que nadie va a leer jamás, nuestra competencia profesional. Con lo fácil que sería que alguien pasara por nuestras aulas para ver qué hacemos y nos diera algunas indicaciones. Con lo productivo que sería reducir el trabajo carcelario -o sea, el ejercer de burócrata- a su mínima expresión. Eso sí, cuando lo único que importa son los papeles o la necesidad de justificar por escrito lo que uno hace en su trabajo en lugar de validar los resultados obtenidos desde una óptica global, es que hay alguien, en algún momento y con capacidad de decisión en el ámbito educativo, que ha confundido el tocino con la velocidad.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

8 Comments
  1. Estoy de acuerdo en parte contigo, pero yo, como miembro de un equipo directivo entiendo que el «papeleo» también cumple su función a la hora de transmitir información.

    Te pongo varios ejemplos: memorias de tutor, memorias de profesor, memoria del departamento didáctico, PTI, adaptaciones curriculares, evaluación del práctica docente, etc.

    Existen gente que reclama esa información, y nos la reclaman a nosotros, los docentes, que funcionarios públicos debemos responder con nuestro trabajo.

    He pasado tres años de mi vida laboral en una empresa privada trabajando de ingeniero y nadie se planteaba el «por qué» de entregar un informe o realizar una evaluación del trabajo realizado, simplemente se trabaja como un profesional y posteriormente se daba fe de que así se había hecho.

    Encuentro muchas veces que el no realizar «papeleo» viene de una comodidad.

    También te digo que no creo que el papeleo, de nuestras 37,5 horas, nos reste tiempo de preparar nuestras clases, ya no te digo en condiciones mínimas, sino innovando y buscan.

    El ejemplo esta claro, miembro del equipo directivo, RMI, coordinador del huerto escolar, encargado de la web y facebook del centro y, lo mejor, profesor de Tecnología, materia en la que no se para de avanzar.

    Un saludo y gracias por leerme.

  2. Supongo que me vas a permitir que te proponga una cuestión… ¿harías los documentos que comentas si no hubiera una inspección que te los demandara o sirvieran, en ciertos momentos, para cubrir las espaldas? Porque, sinceramente y conociendo bastante el tema del «papeleo» (sí, por desgracia me tocó en un momento de mi vida profesional ocupar esos cargos unipersonales que tanto trabajo conllevan y que tan mal vistos están por algunos compañeros) te puedo asegurar que, ni las memorias de tutoria (que, por cierto, ningún equipo directivo las lee ni sirven para propuestas de mejora), ni la memoria del departamento didáctico (si acudimos a las actas de departamento, la situación aún puede ser más desternillante ante lo prefabricado de esos redactados) e, incluso, ni las adaptaciones curriculares (te puedo contar con los dedos de la mano que le faltan a un manco el aburrimiento que supone redactar cosas que, al final, son sólo cara al inspector por si viene alguna vez a revisarlas) tienen mucho valor en el día a día del aula del docente. Y ya si hablamos de influencia acerca de la mejora educativa… bueno, sé sincero.

    No es comodidad. Es sentido común. No, llevas razón en que no supone demasiado tiempo realizar el copia y pega habitual pero, sinceramente, ¿lo ves necesario?

    Otra cuestión es la necesidad de una evaluación global de los centros y de la docencia. Algo que no reflejan unos papeles y sí el día a día del aula. Hay proyectos fantásticos que si se obligara a los docentes a plasmarlo en el papel siguiendo los criterios burocráticos no se llevarían a cabo. No hay nada peor que desvirtuar la función de una profesión derivándola al papeleo (y no hablo sólo de la docencia).

    Por cierto, que esté en contra del papeleo no excluye la necesidad, en ocasiones, de tener unos ciertos redactados más o menos coherentes cuando llevas algo a cabo. Eso sí, nada que ver con formalismos mal entendidos y documentos que nadie se lee jamás (¿te imaginas un inspector que lleve cuarenta centros leerse las programaciones anuales de todas las asignaturas que se realizan en esos centros? Imposible).

    Un placer leerte compañero de materia (aunque, en mi caso, me gusta más el ser chico para todo) pero, por favor, reconóceme que la burocracia tiene una afección mínima en el día a día de nuestros alumnos 🙂

  3. Así es la burocracia… en el aula. Coincido contigo en cuanto a la pérdida de tiempo y a la pérdida de la imagen del docente ante la sociedad. Hay que reconocer que desde que llegó a la educación pública, el modelo empresarial y con él los sistemas de evaluación estilo burocrático… y lo permitimos, pues, nos cargó el payaso. Abrazos Jordi.

  4. El papeleo, cuando se hace de forma telemática en las plataformas educativas de las diferentes administraciones educativas, imagino que tendrá sentido como algún tipo de control estadístico. También directo, en el sentido de «rendir cuentas» el centro a su administración educativa (inspector, departamentos, etc) de una comunidad autónoma determinada.
    Así, pienso que no debe tener ya ningún centro escolar documentos administrativos físicos alguno, puesto que todo está ya centralizado por las redes en cada comunidad. Eso por un lado. Por otro, el equipo directivo debería ser más amplio y dedicarse exclusivamente a dirigir y administrar, aliviando en todo caso la carga administrativa del profesional docente.
    Finalmente, creo que toda la burocracia que nos rodea se caracteriza por haberse desbordado por completo y, en su mayoría, carecer de sentido.
    Un saludo cordial.

  5. El oficio docente debería ser el de la reflexión, el de la iniciativa, el de la producción teórica, el de generar màs valores humanos, y no el de un secretario, o archivador, con el respeto que merecen todas las profesiones, pero nada más contrario al saber pedagógico que nos mantengan agotados, estresados, sin incentivos, y no me refiero a incentivos monetarios; nuestros Estudiantes requieren de toda nuestra atención, pero por tener que llenar papelería, perdenos oportunidades poderosas con nuestros Estudiantes.

  6. Estoy totalmente de acuerdo que se deben disminuir los papeles, incluso hay informes super necesarios y documentación necesaria, pero debe solicitarse en forma electrónica y colocar en el «intranet» o lugar común para tener acceso de quienes así lo requieran, hacer resguardos, pero evitar crear carpetas y papeleos, que además de ocupar espacio y costo, dañamos mas el planeta.
    Con el «cloud» hay muchos informes que se pueden compartir en vez de imprimir.
    Hay que hacer re-ingeniería de procesos.

  7. El único papeleo que no me importaría hacer es aquel que ayudara a otro a llevar a la práctica alguna actividad. Y PUNTO. Para todo lo demás…tenemos el papel higiénico.

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