La memoria final de curso

Después de casi veinte años dando clase sigo sin entender aún para qué sirve la memoria fin de curso. Sí, ese maravilloso documento donde se exponen objetivos conseguidos, necesidades para el futuro y, cómo no, esos porcentajes tan maravillosos de aprobados y suspendidos que has tenido en tu asignatura. Un documento que JAMÁS va a ser consultado por nadie, ni va a tener repercusión acerca de las dotaciones que pueden asignarse a nuestro Departamento ni, aún menos, va a tener influencia en lo que vamos a hacer el curso que viene. Sí, el 99,99% de las memorias son para cumplir el trámite y el otro porcentaje restante es para aquellos que, lamentablemente, tienen ese gen de burócrata al que le mola hacer papeles (o papelinas según se tercie).

Fuente: http://tesea13.blogspot.com.es

Va, vamos a ser claros. Las memorias fin de curso, al igual que las programaciones copia y pega de otros años o, directamente fusiladas de las editoriales, no interesan a nadie. Ni a la administración -que las pide porque lo marca la ley- ni, mucho menos a los docentes que las están redactando. Y ya cuando hablamos de las posibilidades de mejora educativa que subyace de dicha redacción… mejor ni nos ponemos a valorar el asunto. Que sí, que todo es muy potito y los inspectores se hallan ansiosos por leerse las tropocientas memorias finales de curso de todos sus docentes. Y más ahora a finales de junio y julio que no tienen ningún otro trabajo que hacer. Sí, preguntadles a ellos y que os digan la cantidad de burocracia que tienen estas fechas para preocuparse, más allá de algún caso puntual de reclamaciones de nota, de leer los papeles que llevan redactados los docentes a lo largo del año. No tienen ni tiempo, ni ganas.

No tengo muy claro para qué sirven determinados documentos de obligada «falsificación» más allá de cubrir el expediente. Nunca me ha entrado en la cabeza el tema de las programaciones fijas a principio de curso sin conocer al alumnado y que, curiosamente, te obligan a temporizar sin conocer nada del contexto en el que te vas a mover. Imaginaros si me entra en la cabeza un documento que, pudiendo ser el más interesante del asunto, sabes que nadie va a leerse ni nadie, más allá del momento en el que uno lo escribe, va a echarle un vistazo. No, no es dejadez de funciones; es creer que hay funciones totalmente inútiles en nuestra profesión. Y el papeleo insustancial para cubrir el expediente es una de ellas.

La verdad es que, a veces y más en estas fechas, a uno le da la sensación que la docencia sea lo que menos interesa de la profesión. No es una sensación, es una realidad contrastable curso tras curso al ver la importancia que se da por parte de la administración a ciertas cosas, el tiempo que ocupan y, cuando ves que nadie va a echarle ni un simple vistazo a esas hojas que lo mejor que podría hacerse es haberlas quemado en la hoguera de San Juan.

Por cierto y para aquellos que ya estén cansados de la burocracia educativa y de las memorias fin de curso… haced una portada, poned fotocopiado el libro de Belén Esteban entre la portada y la hoja en blanco final, un tranchete o loncha de jamón del barato (vale mortadela) si estáis cachondos, y entregadlo en vuestro centro. Seguro que nadie se da cuenta. Bueno, a menos que lo contéis en Twitter y tengáis a vuestro inspector siguiéndoos 🙂

Creo que un diario, abierto y accesible a toda la comunidad educativa, redactado a lo largo del curso podría ser una herramienta interesante pero, lo que se nos pide a los docentes a nivel de papeleo obligatorio, está muy alejado de lo útil.
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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

23 Comments
  1. Esto recuerda al cuento de El traje nuevo del emperador, de Andersen, pues todo el mundo sabe que las memorias no se las va a leer ninguna persona ni sirven para nada, pero nadie se atreve a gritarlo en voz alta. Los datos no sirven para nada si después nadie tiene tiempo para explotarlos.
    Pudiera ser que se tratase de un modo más (como las evaluaciones estandarizadas de n numerosos criterios de evaluación x m numerosos alumnos) de tener a los profesores hiperocupados y estresados con tareas burocráticas, de forma que no tengan tiempo de prepararse las clases ni de protestar en sus mareas ni de pensar.
    Lo de la loncha de jamón barato o mortadela me parece una buena solución.

    1. Es que tampoco estamos para tirar cohetes después de los continuos recortes salariales. Y sí, puede sustituirse la mortadela por algún fuet de esos que llevan décadas colgados en la casa de uno 🙂

    1. A nadie le interesa si la entregas o no y qué contiene -en caso de exigirla imperiosamente-. Otro documento más que, pudiendo ser útil si se hiciera como toca y no al final de curso, sirve exclusivamente para cubrir el expediente. La guía amarilla en papel de teléfonos del siglo XXI.

      Saludos y feliz veranito.

  2. Imagínate que en algunas comunidades (la mía) nos piden la programación didáctica del próximo curso en febrero. ¡Toma ya! Totalmente de acuerdo, no vale para nada, puesto que las propuestas que ahí se hacen, normalmente, caen en sacos rotos, y coincido contigo, no se las lee ni el tato. Un abrazo Jordi, y disfruta del verano, la playa y la horchata. 🙂

    1. ¿Programación didáctica sin saber grupos ni tipología de alumnado? Rizando el rizo del despropósito 🙁

      Un fuerte abrazo de vuelta y planteándome seriamente una cuenta de instagram para difundir, simplemente, el producto de la chufa.

  3. Y los planes de mejora? Que nadie sabe para qué sirven, cómo se hacen… Todo el mundo, al menos la mayoría hace lo que mejor sabe en su profesión, ¿Cómo va a proponer mejoras? En todo caso serán de instalaciones, tecnología, osea lo de siempre, lo que necesita presupuestos que no se consiguen o que cumplen a modo de cubrir expedientes o la proximidad de las elecciones. Así que pronto llegarán las promesas.

    1. Planes de mejora, proyectos lingüísticos de centro que nadie se lee, proyectos europeos plagiados de la red para obtener la subvención o irse de viaje y, un largo etcétera de vademécum burrocrático que nadie entiende. Eso sí, el papel -o ahora el formato digital- lo aguanta todo. Más aún si nadie se lo va a leer, nadie va a cuestionarlo y, por ende, nadie va a hacer nada con las propuestas presentadas.

      Un saludo y gracias por pasarte de nuevo por aquí.

  4. Doncs, a mi de tots els documents que fem és dels que trobo que en treiem més suc. Et parlo des de Primària i de la memòria de Cicle. Durant el curs sempre estem abocats a l’acció i tenim poc temps per reflexionar… Per a nosaltres representa un moment per a aturar-nos, parlar i valorar el que hem fet i estem fent. Sóc conscient que no arriba a Inspecció i que l’Equip Directiu se’l llegeix en diagonal… tot i que fem un Claustre per posar en comú el més important… Però a nosaltres sí que ens serveix. Els mestres que treballem al Cicle solem aplicar el curs següent gairebé totes les propostes de millora.

    1. Em sorprèn la manca de temps en reflexionar perquè, almenys en el meu cas concret i amb independència del centre en el que he treballat (nombre de docents i característiques vàries) sempre he trobat un moment per poder intercanviar impressions i poder millorar gràcies a aquell intercanvi. Crec més en el boca a boca que en un document que, malauradament, té molt d’objectiu per ell mateix i poc de millores que es puguin extreure del mateix. Els Claustres tocaria dinamitzar-los més perquè, al final, és tan improductiu l’excès de reunionitis sense fil argumental com el defecte de les mateixes. I, essent realistes… creus que hi ha molts companys que van als Claustres amb ànims constructius? Ja, ho sé, hi ha de tot com a botica 🙂

      Moltes gràcies per contar la teva experiència del teu centre però crec que, a nivell de documentació, manquen documents interessants i oberts i en sobren de burocràtics.

  5. Comparto el enfado, el cansancio… pero no las reflexiones de rechazo a la memoria. Creo que debe servir como herramienta de cambio desde dentro, pensando qué nos ha salido bien, qué podemos cambiar… No es «para la administración», es para los propios equipos docentes. Ánimo, que ya se ve la meta…

    1. Considerar que la memoria burocrática es algo insulso, poco útil y otra losa burocrática más no obvia la necesidad de reflexionar continuamente acerca del trabajo de uno. Y eso es algo que creo que todos los docentes, a diferentes niveles, hacemos a diario.

      Un saludo. La playa ya roza nuestros pies…

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