La primera vez

La primera vez. ¡Qué curiosos recuerdos! Nos hacemos mayores. Siempre echamos la vista atrás. Recordamos situaciones. Actualizamos sensaciones. ¿Nadie se acuerda de esos nervios de «la novedad»? ¿Nadie se acuerda de la disyuntiva entre hacerlo bien o mal? ¿Nadie se acuerda de esa sensación extraña y de esos temblores que le recorrían todo el cuerpo? ¿Nadie se acuerda de esa voz altisonante que no consigue encontrar su volumen adecuado?

La edad es lo que tiene. Nos dirige, a veces, al pasado. Nos recuerda cosas que hicimos. Situaciones que vivimos. Sensaciones que experimentamos. La primera vez… Esa primera vez.

Fue hace unos años. Bastantes si me pongo a ser sincero. ¿Catorce o quince? No tengo ganas de consultarlo más a fondo. Tampoco tiene demasiada importancia. Un viernes. De eso sí que me acuerdo. Un viernes de octubre. Fresco pero de cielo azul intenso. Muy intenso. Colores y olores que aún recuerda mi mente.

Vayamos al principio. Llamada el día antes. Sustitución en un pueblo de montaña. Finalizando mi ingeniería superior. Una plaza de Tecnología. Para todo el año. Uno que se apuntó a listas cuando acabó la carrera técnica. Totalmente antivocacional y apuntado por situaciones familiares. Tener padres docentes es lo que tiene. Sin olvidarnos del abuelo. De los maestros del régimen. Como muchos. Como miles. De esos que pasaban mucha hambre. Que tenían que dar horas extras para poder vivir.

Si empezar fue el viernes, la llamada el jueves. El mismo día de la misma hacia la Delegación de Educación pertinente. A hacer los papeles. Llego y la plaza no es para mi. Dicen que esperan a otro. Me voy a dar una vuelta por la capital. No hay decepción. Continuaré asistiendo a la Universidad. Se vive bien allí. Me llaman al cabo de un par de horas. El interfecto que en un primer momento había aceptado la plaza no la quiere. Me dicen si aún la quiero. Voy corriendo. Literalmente. Llego, firmo y voy a casa a contarlo. Curioso aceptar una plaza al lado del pueblo donde empezó mi padre a trabajar de maestro. Casualidades de la vida.

Ya estamos en viernes. Me acompaña mi padre. Él se conoce la zona. Llegamos a las nueve menos cuarto. Hora y media de viaje. Buscamos el Instituto. Llegamos y está oscuro. No hay nadie. ¿Será festivo? Bajamos al pueblo desde las alturas donde se halla el mismo. Entramos en un bar. Un único bar abierto a esas horas. Nos comentan que las clases en ese pueblo empiezan a las diez. Problemas de transporte escolar nos dicen. Dejo a mi padre y a las diez menos diez traspaso la puerta. Nervioso. Muy nervioso.

Hablo con el administrativo. Dentro de unos años cuando en el centro forme parte del equipo directivo trabajaré codo a codo con él. ¡Cómo cambian las cosas con el tiempo! Pero no adelantemos acontecimientos que poco tienen que ver con ese primer día. Con esa primera vez. Le digo que soy el sustituto de Tecnología. Me envía a hablar con la directora. Me dice hola, me da el horario y me empuja a dar la primera clase. Sin tiempos muertos. En dos minutos tengo que entrar en un aula. Recuerdo el hecho. Recuerdo que cuando entré en la dirección lo cambiamos. El primer día a los sustitutos se les asesoraba. Se les enseñaba el centro. Se les atendía. Se les daba una ruta de viaje. Se les presentaba a sus compañeros de Departamento. Lo necesitan. Como yo lo necesité en su momento.

Busco el aula. El centro es pequeño y la encuentro rápidamente. Entro y de repente se abre la puerta. Ocho alumnos, talluditos ya, que entran en la misma. Cuchichean entre ellos. Me miran. Tengo miedo escénico. No sé qué hacer. Estoy totalmente desorientado. No tengo ni libro ni nada. Sólo una pizarra detrás mío y unos chavales con casi mi edad. No nos llevamos ni cinco años. Empecé muy joven en esto. Me presento. Me tiembla la voz. Ellos se sonríen. Me alejo de la pizarra. Me siento en un taburete al lado de ellos. Es el taller de Tecnología. Por eso lo de los taburetes. Hablamos. La hora pasa muy rápido.

Lo del taburete fue sintomático. Ahora hago lo mismo. Puedo tener más alumnos pero no evito el primer día el moverme físicamente hacia el grupo. Nunca empiezo temario el primer día. Hablo con ellos. Después de catorce (o quince) años con muchos menos nervios. Aunque nunca desaparecen del todo el primer día (y más si aterrizo en un centro nuevo).

Después de esa primera hora; libre. Voy al Departamento. Busco a mi compañero. Somos dos en el mismo. Me enseña donde están los libros de texto. Por mucha crítica a los mismos fueron mi salvación ese día. Tres horas más. Con unos veinte alumnos en el aula. Dando una asignatura que desconocía. Usando el libro. Haciendo de mal docente. Fue un aterrizaje extraño.

Se acaba el horario. Tarde incluida. El empezar a las diez es lo que tenía. Los viernes hasta las cinco. Bajo a buscar a mi padre. Buscamos alojamiento para la semana que viene. El mismo hotel en el que él estuvo hace treinta años viviendo. Se repite la historia. Una hora y media de conversación bajando a casa. Muchas sensaciones a flor de piel. Aún pasados los años lo recuerdo con mucho cariño. Con mucho.

¿Os acordáis de vuestra primera vez?

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

5 Comments
  1. Madré mía, soltarte en medio del aula así, tan joven, sin conocer a los alumnos, sin tener experiencia, … Pero ahí estás campeón. 😉

    Genial, me ha encantado.

  2. Como no recordarla!
    Viernes, 18 de septiembre de hace 25 años, yo con treinta (ya 12 trabajando en las oficinas de la delegación), apuntada en las lista de interinos (la 18, eran otros tiempos), el viernes a las 2 del mediodia suena el telèfono, la número 17 ha dicho que no quiere ir tan lejos (eran otros tiempos), no me lo pienso: el lunes voy! Pido la excedencia sin pensarlo.
    Esa tarde a comprar todos los libros de texto (me pasaron el horario: 8 grupos, seis materias) que gran invento para empezar.
    El sábado voy a ver donde está y como luce el instituto (a 30 kilómetros de mi ciudad).
    Voy a llevar maletín por primera vez en mi vida (me lo deja mi marido).
    El domingo volvemos por otra ruta.
    A las 9 del lunes primera clase, a mí me esperan 42 alumnos de FPAdm11 (que suba a la primera planta y allí el conserge me dirá que clase es). Siguieron 9 meses de sueños difíciles (la responsabilidad era y es mucha -de verdad-), buenos compañeros, convertidos en amigos en poco tiempo.
    He estado en 6 centros diferentes y recuerdo para bien (con una excepción) el camino de llegada del primer día a cada uno de ellos.
    Comprendo a los actores cuando dicen salir al escenario con una especie de nudo que se desata de forma casi mágica cuando empieza la función.
    A seguir, a seguir!

  3. ¡Como no acordarse! Oposicion recien sacada expeeiencia solo en academias y clases particulares mientras estudiaba…( soy de Ingles).. Hace 24 años. Compartir 2 centros . Uno con horario partido. El otro con turno de mañana y de trde. Me toca en todos. 2 COuS y 3 3° BUP. Pero yo encantada. Empezaba a trabajar en serio! . Lo q recuerdo era mi obsesion porque no me notaranel » novatismo» . Yo tenia 24 y los de mi tutoria 18. Asi que entre borde, pero que muy borde… Hoy aun conservo amigos de aquella clase. Conozco a sus hijos. Gracias por traer a mi memoria aquellos momentos.

  4. Yo de primaria, recuerdo muy bien el primer dia, debe hacer ya unos 21 años, llamada la tarde anterior sustitución de 15 dias en una población unos 30 kms de casa ,que año el primero no paré de visitar escuelas y escuelas pero muy bien , muchas experiencias en mi mochila. Nuestra primera experiencia es como el primer añor nunca se olvida ,

  5. Espera que te lo cuento el lunes… Para dos meses, en un centro privado, de rebote!
    Antes he llevado talleres y dado clases particulares, pero nunca tantas horas al día con un mismo grupo. Tengo miedo a aburrir?

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