La prueba del algodón o cómo saber si una metodología educativa funciona

Son ya muchos años, y más aún con la difusión tan rápida que permite internet, en los que nos vemos inundados por grandes disertaciones desde diversos púlpitos acerca de las bondades e, incluso maravillas, que nos permiten determinadas herramientas o metodologías. Mucho defensor de las TIC que habla acerca de las bondades de las mismas para mejorar el aprendizaje y, como no, grandes detractores de su uso que hablan acerca de lo nefasto que es su uso por lo que conlleva. Este curso nos hemos visto bombardeados por dos soluciones mágicas para solucionar todos los problemas educativos y, de rebote, mejorar el aprendizaje de nuestros alumnos: el modelo ABP (aprendizaje basado en proyectos) y lo que están llevando a cabo los jesuitas en algunos de sus centros (eliminando asignaturas y estableciendo un modelo educativo más global -sin tiempos ni aulas cerradas y con varios docentes interactuando a la vez-). Estrategias educativas que han dado para ríos de tinta digital amén de múltiples jornadas educativas y, algunas investigaciones sesudas realizadas mayormente desde el ámbito universitario.

No me creo nada. Sí, a estas alturas de la película, no me creo ninguna investigación educativa ni ningún resultado, más o menos objetivo, que pueda extraerse de centros donde se esté aplicando una determinada metodología. No me interesan los resultados obtenidos desde fuera del aula y, aún menos los obtenidos en centros educativos (o aulas de los centros) con alumnos filtrados previamente. Un agrupamiento homogéneo sin grupo de control no valida nada. Una investigación médica, pongamos por ejemplo, no tiene ninguna validez sin el grupo cero. ¿Alguien se imagina que se pruebe una vacuna en un grupo de personas sin establecer, dentro de las mismas, un grupo de ellas que no la reciban para establecer si la misma funciona? ¿Alguien se plantea la posibilidad de buscar una cura para el ébola sin tener en cuenta los diferentes genotipos? ¿Alguien realmente se cree que la AEMPS ( Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios) va a ser capaz de dotar de validez a un medicamento sin haberse comprobado su utilidad y la inexistencia de efectos secundarios? Sí, seguro que algunos se lo creen pero lamento informarles de que, salvo teorías de la conspiración, eso no es así.

Fuente: http://www.youtube.com
Fuente: http://www.youtube.com

Por tanto, ¿por qué a nadie se le ocurre hacer lo mismo en el ámbito educativo? ¿Por qué no cogemos un grupo de control, con metodología tradicional y alumnado heterogéneo de un contexto determinado y, como contraposición al mismo, otro grupo de alumnos a los que aplicamos la metodología X o usamos la herramienta Y? Para hacer mejor la prueba, ¿por qué no hacemos que el mismo docente sea quién dé clase en el grupo de control y en el grupo donde aplicamos la nueva metodología? ¿Qué pasaría si, al final del curso, comparamos los resultados de ambos grupos? Pues quizás que obtendríamos un análisis bastante más serio que la mayoría de investigaciones que se están llevando a cabo. Un análisis basado en realidades y no en ficciones que, por desgracia, se llevan muchos años postulando y que nadie ha sabido -o querido- demostrar.

El problema para no hacer lo anterior no es de falta de recursos ni de docentes preparados para dar clase con esa doble metodología (tradicional y X). El problema fundamental es que quizás se demostraría que la mayoría de metodologías que se venden como maravillosas en grupos nada heterogéneos, demostraría ser un auténtico timo y, a lo mejor, se le acababa el chiringuito a más de uno. Pero, ¿y si alguna no lo es? ¿Alguien se imagina lo que sería saber qué funciona en el aula y qué no? O, ¿es que no interesa saberlo?

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

17 Comments
  1. ¡El método científico, ése gran desconocido de las «investigaciones educativas» que nos traen nuevos métodos milagro! Para que veas unas muestras de las actuales barbaridades en las escuelas, échale un vistazo a este enlace: http://efectomcguffin.blogspot.com.es/search/label/EEEP

    Ahora parece que si a una nueva metodología le pones el prefijo «neuro-» viene avalado por la Ciencia (así, con mayúscula). Eso sí, para disfrutar del nuevo neuro-método de turno, tienes que comprar el libro del gurú de turno y hacer cursos de formación en su institución, cursos que valen muchísima pasta.

    No obstante, también existe investigación educativa «seria» pero que no cuenta con la aprobación de todos los compañeros docentes. Ignoro qué tiene la investigación educativa -hablo de la seria- para que muchos profesores la rechacen antes siquiera de acercarse a unas conclusiones. Es inconcebible que muchos de estos docentes sí se crean la investigación científica pero no aquella que puede mejorar el aprendizaje de los alumnos. O peor, que crean en ideas más peregrinas (la pata de conejo, remedios homeopáticos, …) mientras rechazan cualquier «paper» que hable sobre los beneficios del aprendizaje activo. Curioso, muy curioso.

    1. No es que el método científico sea el gran desconocido, ¡imagínate que se demostrara empíricamente que mucho de lo que se está vendiendo bajo el mantra «innovación educativa» se demostrara que es un auténtico pufo! Quizás convendría empezar a trabajar en las aulas, a experimentar sobre casos concretos (con grupos control) determinadas metodologías y, una vez realizado lo anterior, poder tener algo de base para profundizar sobre lo que ha ido funcionando. Sí, las aulas tienen una gran parte de azar pero, ¿quién dijo que no podemos establecer algunas pautas para que las variables sean mucho más «sometibles»?

      Había leído la entrada que me mencionas. Me parece un punto de vista muy interesante que comparto en parte. Un saludo y muchas gracias por comentar.

    2. Respecto a la investigación educativa seria e ignorada, dos cosas:
      1) No es fácil leer papers. Imagina a un profesor que jamás ha estudiado Estadística (o quizás no es competente en el simple trabajo con variables algebraicas) intentando pasar por las páginas técnicas de una experiencia de aprendizaje.
      2) Muchos tendemos a leer solo aquello que refuerza nuestras opiniones y prácticas previas(esto creo que lo leí en algún artículo que mencionaba el relativo éxito de la Taxonomía de Bloom)
      En realidad tengo otra cosa que decir 😉 :quizás los beneficios probados (p.ej. del aprendizaje activo que mencionas) no sean los beneficios que buscan esos profesores que ignoran los estudios. Si un profesor de Matemáticas quiere que sus alumnos resuelvan automáticamente ecuaciones de primer grado con denominadores, puede que los estudios le queden un poco lejos de sus objetivos. Esto ha pasado tradicionalmente cuando llegamos a cursos de los centros de formación del profesorado buscando respuestas a nuestros problemas docentes y, sistemáticamente, vemos cómo se obvia el curriculum expresado en las leyes.
      Por último, hay un artículo que viene muy al caso, «Neuroscience and Education: How best to filter out the neurononsense from our classrooms?»

      1. Erá más una propuesta de investigación «casera» que de papers sesudos con amplia investigación estadística detrás. Son muchos los que no sabrían diseñar la misma pero, utilizar diferentes métodos educativos en contextos similares quizás serviría para inferir (siempre desde la perspectiva de un empirismo mal diseñado e, incluso, valorado a posteriori) qué funciona mejor en el aula. No es tanto el estudio como la realidad palpable de aula. Eso sí, como bien dices, es más cómodo obviarlo por parte de la administración (y no me refiero sólo a los cursos de formación -que eso da para más de una tesis doctoral-) que ponerse a validar lo que funciona y no.

        Un saludo y muchas gracias por el comentario.

  2. Muchas gracias Jordi, con este artículo tengo para introducir una de la sesiones del Master del curso que viene. Si vienes por Almería tendré que invitarte a algo.

  3. Querido Jordi, acuerdo en algunos puntos pero disiento fuertemente en otros.
    En educación no es factible investigar con las mismas metodologías que en las ciencias de la salud o las ciencias exactas, porque estaríamos anulando todo el peso de las variables de contexto, que son decisivas para estos casos. Hemos tenido y tenemos muchas experiencias que usan la metodología que estás planteando, pero los resultados son absolutamente dudosos y cuestionables si pensamos que es imposible experimentar con personas, que es lo que siempre quisieron imponer algunos modelos.
    En cualquier caso, y tomando tus argumentos, en el aula solo sirve aquello que tienes como experiencia válida para ese grupo y en un momento determinado.
    Sin embargo, el AbP no es una metodología nueva sino, por el contrario, una de larga dato que nunca se había aceptado definitivamente en las escuelas. Así que veo bien interesante unos años de experiencia que permitan arribar a algunas conclusiones, frente a la solución traducional y el ataque de «contenidismo» que venimos padeciendo hace unos años.
    Claro que , coincidiendo también contigo, las modas pedagógicas siempre son contraproducentes. Porque no se trata de «evangelizar», ni imponer sino entender que si nos nos ponemos a repensar la enseñanza de verdad en las aulas todos los días, iremos de mal en peor.
    No hay recetas mágicas, hay buenos modelos para algunos contextos de los que podremos sacar ideas para adaptar a otros.
    Me gusta mucho instalar este debate, como siempre gracias por ponerlo en el tapete sin tapujos!
    Un abrazo desde el sur,
    Débora

    1. Me parece fantástico que disientas y expongas tan razonadamente las causas de esa disensión. Llevas razón en cuestionar la posibilidad de tratar a los alumnos como números matemáticos concretos para ser sometidos al análisis pero, creo que acotando los contextos (imagínate realizar la prueba en un centro formado por alumnos del mismo contexto socioeconómico, en dos aulas homogeneizadas -que no homogéneas- con una heterogeneidad de alumnos similar y con el mismo docente -o docentes- que actuara en ambos grupos) se podría obtener algún tipo de resultado bastante más serio que experiencias puntuales descontextualizadas y muy difíciles de exportar.

      No cuestiono la metodología ABP ni el uso de las TIC. Cuestiono más bien que no exista ningún tipo de estudio «de aula» bien fundamentado para ver si funciona o no. Tampoco, por cierto, es cuestión de replantearse diariamente la «verdad» porque, todos sabemos que en Educación no hay verdades (ni tampoco mentiras) absolutas.

      Muchas gracias por participar en el debate.

      Un fuerte abrazo de vuelta desde el otro lado de un charquito que, por suerte, la tecnología minimiza en cuanto a distancia.

      1. Ahí acuerdo: la falta de investigación sistemática en educación sobre estrategias es un gran problema que afrontamos. ¿Y sabes por qué creo que es? Porque la investigación sucede en los ámbitos académicos de las universidades que miran a las escuelas como meros «conejillos de Indias» pero no se ponen a trabajar con los docentes sobre los diseños de investigación. Quizás si lo hicieran podríamos contar con investigación seria y válida en este campo.
        Un abrazo!

  4. Queridos compañeros, este tema me toca especialmente ya que me encanta aprender (y casi todo lo nuevo es una ola que nos refresca el aula, aunque no sepamos aplicarla), me apasiona la investigación (totalmente de acuerdo con las acertadas precisiones que hace Débora) y no me gusta usar a mis alumnos como conejillos de indias (antes de aplicar hay que estar seguros de que sea adecuada al grupo de alumnos, conocer la metodología y de nuestra destreza al aplicarla).
    Mi limitada experiencia en clase (y por ello sus resultados no son extrapolables ni representativos estadísticamente) me dice que lo que hago dá resultados positivos en una triple vertiente:
    – Mejora el desarrollo personal de mis alumnos.
    – Mejora su empleabilidad y emprendimiento (ojo, no autoempleo).
    – Cada día aprendo más, soy más consciente de mis limitaciones y me he acostumbrado a vivir fuera de la zona de confort.
    Pero todo ello, no es más que parte de mi sesgo como aprendiz de la vida.

    Os deseo un muy feliz y fresco agosto
    Juan Antº

    1. Compro los tres planteamientos que planteas (bueno, esa triple vertiente). Sí, llevas razón… los alumnos no son conejillos de indias pero, ¿realmente crees que el sistema educativo per se no los hace tomar ese rol? Porque, al fin y al cabo, los conejillos de indias pueden ser tanto aquellos que están sometidos a pruebas novedosas como aquellos a los que, desde hace años, se les da el mismo tipo de pienso. ¿No son experimentos también por mucho que lleven tiempo usándose? Por tanto, ¿por qué no plantear la posibilidad de estructurar algún tipo de cambio parametrizando – y reconozco que al tratar con personas es muy complicado- lo que nos sea posible?

      Sí, yo también sigo de aprendiz. Aprendiz de muchas cosas en este, por desgracia nada fresco, agosto 🙂

      Muchas gracias por tu comentario.

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