La segregación escolar, un tema controvertido

Esta mañana, durante una guardia tranquila en mi centro educativo, nos hemos puesto a hablar de bilingüismo, plurilingüismo y otros temas «menores». En un momento determinado de nuestra conversación, nos ha interrumpido una alumna que estaba en la sala de guardias preguntándonos sobre «la existencia de un bachillerato de excelencia en la Comunidad Valenciana y cómo acceder a él».

En ese momento me he puesto a recordar una charla con alumnos de cuarto de ESO de hace unos años, donde los propios alumnos pedían que, por favor, separáramos de esa clase a los alumnos problemáticos que les impedían avanzar. Y, que si no lo hacíamos así, lo único que estábamos haciendo era cortar sus aspiraciones a cursar unas enseñanzas postobligatorias en condiciones.

Lo anterior da para reflexionar. ¿Es mala una segregación escolar que piden los propios receptores del propio sistema educativo? ¿Perjudica la segregación escolar a los malos alumnos? ¿Es bueno segregar en algún momento de las etapas educativas obligatorias?

Sin querer entrar en la polémica sobre situaciones favorables o contrarias a la segregación (bajo argumentos de todo tipo), tan sólo me apetece trascribir un párrafo de un documento que leí hace un tiempo, redactado por el síndic catalán en un informe sobre la segregación escolar, donde expresaba textualmente lo siguiente:

La segregación escolar es, pues, por una parte, un reflejo de la propia segregación urbana, y en este sentido, se trata de un fenómeno cuya solución ultrapasa las posibilidades de la política educativa. Pero, por la otra, la segregación escolar también es producto de la propia concentración escolar de población en situación de riesgo de exclusión y de las estrategias de huida de otras familias que, a pesar de que a menudo residen en el mismo territorio, optan por buscar alternativas de escolarización respecto a las escuelas más estigmatizadas, y a veces, más guetizadas.

Es decir, el propio síndic reconoce que, a pesar de que no quiera hacerse segregación escolar en los propios centros, son los centros quienes vienen muy marcados por el entorno sociocultural en el cual se hallan instalados. En definitiva, ya disponemos de una primera segregación de los propios alumnos en función de su localización geográfica.

Por tanto, el primer paso segregador ya está hecho. Difícil de erradicar y de muy cuestionable solución. ¿Cómo hacer que los chavales de las zonas desfavorecidas acudan a centros alejados de sus domicilios? ¿Cuál sería ese gasto económico? ¿Cómo limitar los roles que asumen por nacer en determinadas barriadas? ¿Qué alternativa de reparto, justa y eficaz, puede existir para dichos alumnos?

Hablemos claramente. ¿Cuántos alumnos, residentes en determinadas barriadas conflictivas han conseguido sacarse un título universitario? O, más directamente y básico, ¿cuántos de los mismos han conseguido sacarse el graduado en ESO? Ese, como muy bien comenta el síndic, ya no es un problema escolar; es un problema de índole social donde los centros educativos (y todas las personas que trabajamos en los mismos) tenemos poco a rascar. Algo hacemos, pero siempre será insuficiente si no se consiguen modificar cuestiones sociales estructurales.

Por tanto, ¿existe la igualdad de oportunidades? No. Desde el momento que uno nace en determinado lugar de nuestra geografía, ya viene marcado. Se pierden muchos por el camino, pero ha sido la propia sociedad quien ha fallado. Y no olvidemos que la sociedad la forman quienes están incluidos en ella y quienes prefieren mantenerse al margen de la misma.

Pero, una vez estamos en un centro educativo donde la mayoría de alumnado son de familias sin ningún problema «serio» de exclusión social, ¿es beneficiosa la inclusión escolar? Incluir significa dar a todos el mismo tratamiento, atender individualmente a todos los alumnos y, conseguir, que los mismos accedan a los mismos niveles de conocimiento.

Lamentablemente los alumnos no son homogéneos. Sus capacidades y habilidades son diferentes. A algunos se les dan bien las actividades manuales, a otros las deportivas, a otros las artísticas, a otros las matemáticas, etc. En definitiva, son diversos. ¿Es la diversidad positiva en los aprendizajes? Difícil de responder. Siendo políticamente correctos y siguiendo las filosofías educativas de los pedagogos de despacho… la respuesta sería un sí rotundo. En la realidad del día a día… surgen dudas. Dudas de las agrupaciones heterogéneas. Dudas de cómo atender la diversidad con alumnado tan diferente. Dudas al ver que la realidad y la respuesta de los alumnos a este tipo de grupos tan heterogéneos es totalmente ineficaz.

Creo que el alumno debería poder hablar. Si los alumnos y las familias quieren «centros de excelencia» ¿por qué nos tenemos que oponer a ello? ¿Por qué nos tenemos que oponer a dar alternativas públicas de calidad a los centros educativos privados de prestigio internacional a los cuales económicamente no puede acceder gran parte de la sociedad? ¿Por qué nos cuesta tanto ser políticamente incorrectos diciendo en voz alta lo que muchos docentes hablamos en pequeño comité? ¿Por qué manipulamos la realidad de aula para no ir contra la opinión mediática mayoritaria? ¿Por qué tenemos tanto miedo a decir que los alumnos son diferentes y que por ello necesitan aprendizajes diferenciados? ¿Por qué no decimos claramente que hay alumnos a los que las matemáticas nunca se le van a dar bien? ¿Por qué nos negamos a ver que la sociedad se homogeneiza dentro de su diversidad? ¿Por qué no damos oportunidades a los que no quieren estudiar ofreciéndoles alternativas antes de que ya sea tarde? ¿Por qué tenemos tantas ganas de sentirnos modernos criticando el esfuerzo y el reconocimiento al trabajo?

No todo el mundo sirve para ser médico ni para futbolista de primera división. Pero en la sociedad se necesitan muchas otras cosas aparte de quien tenga esos trabajos. Los chavales lo saben, pero parece que los únicos que no se hayan enterado de esto sea el resto de la comunidad educativa.

Uno nace alto, bajo, blanco, negro, niño, niña, etc. pero cada uno es totalmente diferente con independencia del envoltorio que le envuelva. En lugar de homogeneizar en una media tal como se está haciendo en la actualidad so pretexto de la inclusión educativa, ¿se debería homogeneizar en la heterogénea realidad de sus capacidades y habilidades?. A mi entender creo que no hay nada más excluyente que la propia inclusión incoherente.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

5 Comments
  1. Efectivamente Jordi, es un tema controvertido y que tiene múltiples lecturas e interpretaciones.

    Si la segregación es una forma de discriminación no estoy ni voy a estar nunca de acuerdo, por mucho que los agentes interesados lo estén. Que la discriminación existe fuera, es evidente, pero de ahí a que sea un argumento para reproducirlo en los centros educativos hay un abismo.

    En lo que estoy de acuerdo contigo (y creo que todos lo estamos) es en la heterogeneidad del alumnado. Evidentemente, los alumnos son distintos con capacidades muy diferentes y, no me cabe duda, que el sistema es muy poco flexible para adaptarse a esta diversidad. Se necesitan más recursos para trabajarla correctamente, partiendo de ratios menores e itinerarios más flexibles. Con ratios menores creo que se puede trabajar la diversidad y aprovechar la parte positiva de la heterogeneidad. También se necesita más flexibilidad por parte del profesorado, tenemos que adaptarnos al alumnado y no esperar que sean siempre ellos los que se adapten.

    Lo que no entiendo es por que haces esa analogía entre modernidad y negación del esfuerzo. No sé si soy moderno o no, pero valoro mucho el esfuerzo y trato de esforzarme y que los que están a mi lado lo hagan. Ahora bien, con lo que no estoy de acuerdo, es con la teoría de que con el esfuerzo se consigue todo. Quiero que mi hijo se esfuerce, pero quiero que el esfuerzo tenga algún sentido más que la memorización de contenidos y la aburrida repetición de ejercicios, que tenga una parte de análisis, de sintesís, de creación, etc… En resumen, se necesitan muchas más cosas, que pueden ser tan importantes o más que el propio esfuerzo como son el interés y la motivación. Por ejemplo: si queremos que un problema ayude en el aprendizaje debe de tener un componente de dificultad que se resuelva esforzándose pero debe de ser atractivo, contextualizado y cercano a la realidad del alumnos. A veces, la llamada al esfuerzo sirve para ocultar muchas de las carencias que tenemos los docentes y que no queremos reconocer.

    ¡Enhorabuena por el post y seguiremos debatiendo ;-)!

  2. Me parece que el artículo incluye ciertas verdades pero en su mayor parte se basa en hipótesis erróneas (es que me enseñaron lógica en mi instituto público y eso lamentablemente me enseñó a pensar y a fijarme en ciertas cuestiones. ¿Qué le vamos a hacer?). Por ejemplo “lo único que estábamos haciendo era cortar sus aspiraciones a cursar unas enseñanzas postobligatorias en condiciones”. No, las enseñanzas postobligatorias son de gran calidad en la pública. Lo conozco como alumna, como profesora y espero poder saberlo como madre.

    Preguntas de forma retórica si es mala la segregación escolar y que son todos los alumnos la que lo piden. ¿Todos lo piden? En mis 12 años de docencia no me lo ha pedido nadie a excepción de algún profesor para facilitar su trabajo. Es más en los centros que he visto esta práctica, he podido comprobar que es bastante negativa y me parece que tú también conoces casos ¿o es que miento?) Te preguntas: ¿Perjudica la segregación escolar a los malos alumnos? ¡Malos alumnos! ¿A quién te refieres? ¿A los alumnos con problemática social, cognitiva, emocional, pesados, intransigentes, o,… a los que no entiendes por que tienen 16 años, a los hiperhormonados, a los obsesionados con no bajar del 10? ¡Uf! Malo/bueno me recuerda a mis alumnos cuando les enseño el Pantocrátor de Taüll y como única definición me dicen que es feo.

    Sí, hay segregación social por barrios. Y no, no hay igualdad de oportunidades. Pero a esto ¿hay que añadir una nueva segregación de clases de listos y tontos? No veo nada de positivo en ello. Por otra parte sí que creo que hay ciertas cuestiones sociales muy difíciles de solucionar, más, si solo se atajan desde los centros educativos. Esto no tiene nada que ver para que se aumenten estas problemáticas con una disociación de las posibilidades culturales que alejen más las posibilidades de éxito de estas personas. ¿Quieres poner más barreras para que no alcancen unos estudios medios o superiores? Por no hablar de unas mentes tiernas que te sorprenden, muchas veces en positivo, de una año para otro. ¿Tenemos que condenarlos o aislarlos de antemano?

    Por eso no se pretende, ni creo que ningún profesor lo haga, un nivel rígido de conocimientos. Sí unos mínimos, pero creo que a cada uno de nuestros alumnos en las clases de ESO les pedimos y les damos unas atenciones, conocimientos, objetivos, capacidades,…como quieras llamarlos. Y eso nos lo permiten clases de unos 20 alumnos y en determinados casos más reducidas incluso. Pero para eso se debe de creer que la educación es una inversión y que toda la sociedad sale ganando con ella. No para homogeneizar, que no creo que sea lo que se pretende en nuestras aulas, sino para potenciar en cada alumno lo máximo que pueda desarrollarse.

    Por otra parte aprender de las personas que nos rodean es esencial y por eso doy gracias de las aulas heterogéneas. Y no soy ni pedagoga, ni de despacho, de Geografía e Historia y de a pie de aula. Grupos heterogéneos son tremendamente eficaces y gratificantes.

    Y como tu mismo dices en el último párrafo: “Uno nace alto, bajo, blanco, negro, niño, niña, etc. pero cada uno es totalmente diferente con independencia del envoltorio que le envuelva” y cada uno aporta y aprende del que tiene al lado, de su diferencia. Y espero que también aprendan y crezcan social, emocional, culturalmente, del que tienen enfrente de su ejemplo y de su diferencia.

  3. buena reflexión, coincido con muchas de tus opiniones. Los centros educativos al fin y a la postre no son más que un reflejo de lo que nos encontramos en la sociedad. Pensar que sólo desde el sistema educativo se pueden arreglar los problemas sociales es un camelo que no se lo cree nadie.
    A mí también los alumnos «buenos» se me quejan de los «malos» y les gustaría estar en un grupo más acorde a sus intereses académicos.

  4. Empeñarse en que todo el mundo consiga una marca mínima en lanzamiento de peso, salto de longitud, natación, ciclismo, etc., alcance una determinada puntuación en el ranking internacional de ajedrez, toque un instrumento musical a un determinado nivel, cante, baile o actúe en teatro o cine, cocine de maravilla, conduzca hábilmente, repare electrodomésticos, diseñe y cosa bonitos vestidos,etc. ES ABSURDO.
    Lo mismo pasa con la educación. A todo el mundo no le interesa ni está capacitado para la historia, el inglés, las matemáticas, la literatura o la física.

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