La Sugestopedia o Pedagogía Desugestiva

En el día de ayer me preguntaron en Twitter (sí, estoy de vacaciones pero el tiempo bien gestionado y sin descuidar prioridades, da para mucho) qué me parecía la siguiente imagen…

Fuente: Twitter

La verdad es que, en un primer momento, uno mira el reloj para ver si se quedó anclado en el 28 de diciembre o si mis ojos me están jugando una mala pasada. Nada, toca limpiar las gafas y volver a observar con calma la imagen. Pues va a ser que no: existe una pedagogía denominada Sugestopedia que, en principio orientada para clases de idiomas y usada en alguna EOI de cuyo nombre prefiero no acordarme, tiene ganas de darnos otras horas de alegría a aquellos que, llegado un punto, ya preferimos tomarlo todo lo que sucede en el ámbito educativo de forma bastante distendida. Porque, sinceramente, ¿alguien me explica qué demonios pinta la proporción aurea o el uso del Feng Shui para mejorar el aprendizaje de nuestros alumnos? Oh, wait, ¿eso no se parece un poco al mindfulness mezclado con metodologías activas de aprendizaje? Ya sabía yo que me sonaba el invento pero, sinceramente, para qué nos vamos a quedar con una simple imagen y no ir a su jugosa web que he enlazado anteriormente donde nos explican ese maravilloso método, avalado por un médico y psiquiatra búlgaro llamado Georgi Lozanov.

Un método que, poniendo al alumno en unas condiciones de luz determinadas y sentarlo en un sillón cómodo, mediante el uso de cámaras y auriculares integrados en un casco, por los que recibe ondas luminosas y sonoras respectivamente, mezcladas con una voz que habla alternativamente en español y el idioma a aprender, consigue aprender cualquier idioma en tres días. Sí, tres días. Y todo lo anterior sólo por 500 euros (fuente). Ya tardamos en eliminar el inglés de nuestras aulas y no destinar ese ahorro en profesorado a poner cámaras estancas como las que se comentan anteriormente.

No nos perdamos tampoco las posibilidades que ofrece lo anterior para otras materias. Unas posibilidades que reúnen todos los requisitos para hacerse un hueco en las modas educativas.

Sí, en primer lugar conviene recordar que en una clase sugestopédica debe desaparecer todo esfuerzo, sacrificio, aburrimiento o sufrimiento. Que todos sabemos que el aprendizaje es sinónimo de felicidad y juego. Para ello qué mejor que contraponer el discurso de clase convencional a clase sugestopédica.

En una clase sugestopédica hay pocos elementos que recuerden a una clase convencional, a lo que la mayor parte de la gente tiene grabado en su memoria como un lugar de aprendizaje, de estudio, ¿quizá de esfuerzo, sacrificio, aburrimiento o sufrimiento?

¿Os suena lo anterior? Pues no os vayáis que las coincidencias no acaban aquí. También entran en la ikeización de la enseñanza y en la necesidad de cambiar espacios y diseños. Nada, un discurso qué seguro que no habréis oído nunca en los últimos tiempos…

El lugar elegido tendrá amplitud suficiente, luz adecuada, colores suaves, se tratará de crear un ambiente que invite a entrar, que sugiera que va a ser agradable estar allí. No se trata de lujo, se trata de armonía.

¿Queréis que sigamos hablando de la democratización del aula? De lo prescindible que supone el docente y la necesidad de llevar la relación docente-alumno de tú a tú en igualdad de condiciones. Y ya no digamos el tema de la consideración del docente como «facilitador del aprendizaje». Una música que, mediante continuas apariciones en Los Cuarenta Principales de la Pedagogía, está impregnando la mayoría de discursos y ponencias educativas.

El profesor es igual de importante que los alumnos. Nadie es más importante. Cada uno desempeña su papel y el del profesor es facilitar.

¿Y quién es el responsable último de aprender? ¿El alumno? Pues va a ser que no. El alumno no es responsable de su aprendizaje ni debe colocársele bajo la presión de haber de gestionarlo.

La responsabilidad del aprendizaje no se coloca en el alumno, es el profesor el que la asume, aunque dando algunas recomendaciones a seguir.

El profesor siempre va a ser el responsable del todo. Y no, saber la materia no es importante. Lo importante es que sus acciones sean estimulantes, cree un ambiente relajado, introduzca la ludificación y no cambie nada en los alumnos. No, la comunicación con los alumnos jamás debe darse a un nivel superior. Debemos, como docentes, adaptarnos al lenguaje y maneras de hacer de los alumnos y sus creencias. Eso sí, ¿qué hacemos con todo el tema de la igualdad, el sexismo y la necesidad de enseñar que puede haber perspectivas diferentes a las que ellos tienen en casa? Pues, por lo visto, dejar completamente ese rol y convertir al docente como un amigo del alumno y protector frente a una sociedad imperfecta y cruel como la que existe de puertas para afuera de los centros educativos.

El profesor no es un mero informador de datos. Con su actitud siempre invitante, nunca demandante, también va a apoyar, a estimular, a proteger, a crear una atmósfera artística, alegre, relajada, amable, paciente y lúdica, conduciendo al grupo de manera que cada alumno se sienta seguro. No pretende cambiar nada en el alumno, respeta totalmente el sistema de creencias de cada uno de ellos, acepta las dudas o las posibles críticas con una actitud abierta, no manipula. Su comunicación se adapta a los sentimientos y conducta tanto de cada alumno individualmente como del grupo en su conjunto.

Y la guinda del pastel… la manipulación de los alumnos mediante la necesidad de bajar sus barreras psicológicas (¡y eso que no queríamos influir en ellos!) para aumentar su motivación y que pueda aprender mucha más información (sí, al final la memorización de conceptos es clave) por haber destapado sus reservas mentales.

La combinación de todos estos elementos organizados orquestada y sistematizadamente va enfocada a lograr una comunicación a nivel de las capacidades de reserva del cerebro/psique con el fin de que el alumno baje sus barreras psicológicas, eliminando miedos e inseguridades, lo que supondrá un gran aumento en su motivación y le permitirá asimilar mucha más cantidad de información en mucho menos tiempo, es decir, acelerar el aprendizaje destapando sus reservas mentales.

Permitidme que me ría un poco del tema. Eso sí, os prometo que algunos de los que se van a reír -o preocuparse- con este tipo de pedagogía son personas que, en más de una ocasión, han defendido cosas similares.

Espero que hayáis sido buenos y que esta noche los Reyes Magos os dejen un bonito libro de recetas pedagógicas. Como mínimo pedid, ahora que la regencia se ha vuelto muy moderna, que os den la posibilidad de cambiarlo por si sale una nueva moda al poco 🙂
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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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