La tiza de oro

Hay docentes del mes, del año y de la década que, a su vez, enseñan en la mejor escuela del mundo o, quizás, de la galaxia conocida. Innovadores elevados a los altares, pontificadores de la metodología actualmente más innovadora que, por creer en su metodología, no van ni a sus clases para mantener su excelsa fama. No, no es sólo la consideración externa y mediatizada del asunto. Es ver como auténticos cafres y cafrecillos, cuya máxima siempre ha sido que se hable de ellos o de sus lugares de trabajo como la octava de las maravillas, se están adueñando del megáfono educativo que no sueltan ni aunque les maten. Bueno, si les matan o les liquidan, seguro que sale otro raudo y veloz para ocupar su lugar no sea que a alguien se le ocurra pensar que eso de medir ciertas cosas es ser un poco gilipollas. Comparación de beldades llevada a cabo por los únicos que quieren ser comparados. No olvidemos que hay docentes y centros educativos que se presentan a premios y concursos para que alguien les otorgue esa maloliente tiza de oro que se van a tatuar en ambas nalgas o poner en el armario de trofeos del centro.

Fuente: ShutterStock
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Estoy cansado de los rankings educativos. De la necesidad de poner en una lista los más «algo» que, en más ocasiones de las que se les supone, son un simple dechado de virtudes exclusivamente en el plano mediático y se descubre que, en varios casos, su estrategia de aula era entre mala y muy mala. Al vender algo uno puede envolverlo en papeles muy bonitos y, por desgracia, en un contexto donde se prima la superficialidad a nadie se le ocurre abrir el paquete tan bien envuelto. No, el papel de regalo a veces es lo más bonito del asunto. Bueno, y el detalle. No nos olvidemos del detalle de acordarse de uno.

No creo en centros maravillosos, ni en estrategias o métodos educativos para solucionar los problemas de mis alumnos. Tampoco, por desgracia para mí, creo en muchos de esos personajes que llenan las redes sociales, sueltan repetidamente el mismo discurso y, se presentan como los grandes hacedores educativos del siglo. Bueno, más bien del milenio que, de sobradez van algunos bastante llenos. No es para darles una tiza de oro, es para atizar al personal que se los cree en la cabeza con un libro. Y si puede ser de esos gruesos, ya que darles con un iPad ni les hace cosquillas. No lo entiendo. No entiendo y, reconozco que lo intento, la necesidad de postrarse ante los poseedores del vil metal cual unos auténticos peleles. Coño, ¿y la profesionalidad de uno? ¿Y el creerse las cosas que está haciendo en su aula? ¿Y el aprender con la experiencia? No, no entiendo que docentes con más de veinte años a cuestas se postren ante quienes, sólo por el hecho de ser guapetes, interesantes o hablar bien, no han pisado nunca un aula con problemas en caso de que la sigan pisando. Que lo de innovar da muchos premios pero muy pocos resultados en alumnos heterogéneos. Que la realidad es muy dura. No como esa tiza que, entre su mínima dureza y máxima fragilidad, se da bañada en un producto que es más chatarra que metal precioso.

Al próximo que me hable de «lo más de» o «el más de» relacionado con temas educativos lo envío a escaparrar. Eso sí, con mucha educación.

Muchas gracias a Octavio por la idea del post y sí... sé por qué he puesto como imagen un vellocino de oro. Algo, por cierto, muy fácil de entender 🙂
EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

5 Comments
  1. Gràcies company. La responsabilitat del docent no té res a veure als deures i examens tradicionals, mes bé amb la responsabillitat del procés d’ensenyança – aprenentage.

    Compañero gracias por tu artículo. La responsabilidad del docente no tiene nada que ver con los deberes y los exámenes tradicionales, más bien con la responsabilidad del proceso de enseñanza – aprendizaje.

  2. Gràcies, company. Molt encertat. Treballem a educació per compartir. Fer fer societat. No ens serveix u sense l’altra. No estem en cap competició però en una asociació. Hi molt de marro darrere d’aquests systemes de avaluació, reconeixement i premis importat d’altres longituds i marc social.

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