Las dos preguntas clave en educación

Hay dos preguntas clave que uno debe preguntarse para hacer determinados cambios en educación: para qué y a cambio de qué. No es banal porque, al final, todas las decisiones que pueden llegarse a tomar o se toman (tanto a nivel macro como micro) no tienen solo la afección de la propia medida. Hay un amplio rango de factores a analizar porque, ni el presupuesto es infinito ni, lamentablemente para algunos, lo son los horarios o tiempos. Y ahí tenemos la clave real para la mejora educativa. Acertar el cambio educativo sabiendo para qué lo hacemos y a cambio de qué. Ídem en un aula al experimentar una determinada metodología, decidir prescindir del libro de texto o, simplemente, modificar el modelo de evaluación que se va a plantear a los alumnos. Todo lo que hagamos en el aula tiene sus consecuencias y va en detrimento de otras cuestiones. Sí, no hay cambios neutros que no afecten a terceros. Jamás los ha habido.

Fuente: ShutterStock

Estos días el gobierno está proponiendo (¡otra más de promesas!) que se recupere el horario de Filosofía y poder incorporar, en las Comunidades que aún no lo han hecho, una asignatura que también esté relacionada con los contenidos curriculares que corresponden impartir a los docentes de la especialidad. Vamos entonces a analizar la propuesta fríamente más allá de nuestras opiniones personales… incrementar ese horario va a ir en detrimento de otras asignaturas porque, al final, esas horas se tienen que sacar de algún lado. Y otra cuestión es para qué aumentar el horario de filosofía. ¿Lo aumentamos para mejorar la percepción social del alumnado? ¿Para que tenga tiempo de memorizar a más autores, comprándose determinados librillos, para poder pasar la Selectividad (ahora EBAU) con mayores garantías? ¿Con el fin de satisfacer la demanda del colectivo de profesores de Filosofía? ¿Para decir, a nivel político, que estamos haciendo lo contrario que hizo Wert? Pues la verdad es que, en función de la respuesta, uno debería analizar si conviene o no ese aumento de horario lectivo. Y quién habla de Filosofía, habla de Latín, Tecnología, Matemáticas o cualquier otra asignatura que, por el motivo que sea, se considere por parte de algunos como la piedra angular del sistema educativo. Algo que requiere de un análisis más serio que la necesidad de satisfacción de colectivos, el llenar líneas en los medios o el decir, sin tener ni pajolera idea de la asignatura, ¡mirad, nosotros lo hemos hecho así!

Las decisiones educativas tienen sus consecuencias. Por cierto, otro ejemplo que merece ser comentado es el del proyecto Escuela 2.0 cuando se destinó más de cien millones de euros a comprar portátiles y distribuirlos entre los alumnos de determinadas Comunidades. Una decisión que fue a cambio de dejar de invertir ese dinero en otros temas y que, por desgracia, se hizo más para la foto que para otra cuestión. Ídem con las becas de libros para todos con independencia de la renta, la inversión en plataformas de gestión autonómicas para diferenciarse de la de al lado (sí, hay motivos políticos pero no técnicos) o, simplemente, el mantener o crear determinadas cosas por el simple hecho de que son muy fáciles de vender y comprar por los ciudadanos. Podemos, curiosamente, también seguir hablando del incremento hasta el infinito de horas de inglés, en los centros bilingües en detrimento del aprendizaje de otras asignaturas. Son decisiones políticas. Y todas tienen sus consecuencias.

Pero no vayamos tan a lo macro y traslademos esas preguntas a lo micro. ¿Qué pasa si en un aula uno prescinde del libro de texto? Pues que tiene que dar una alternativa real a los alumnos que, al menos, sea tan buena como el libro de texto que deja de usar. Lo mismo cuando uno usa rúbricas o aumenta hasta el infinito el tiempo que deben dedicar los alumnos a sus asignaturas (metodologías flipped, proyectos y trabajos en casa, etc.). De algún sitio deben sacar los alumnos ese tiempo de estudio o de realización de las actividades (va, no vamos a ser tan malos de llamarlas deberes). Y ese tiempo para dedicar al vídeo de Sociales no lo van a tener para practicar un deporte. Bueno, eso salvo que prioricen el deporte a ver el vídeo. Algo que también, libremente, deciden los alumnos, asumiendo las consecuencias que puedan derivarse de ello. Además, montar una metodología nueva es muy complejo. Lo mismo que crear los propios materiales por parte del docente de forma aislada. Ergo, a cambio de qué hacemos lo anterior. ¿Detraemos tiempo a la familia? ¿Esclavizamos nuestra vida para y por la profesión? Es algo realmente complejo y seguro que más de uno ni se lo plantea porque, al final, lo de preguntarse el para qué y a cambio de qué es algo que no se ha popularizado demasiado en el ámbito educativo.

Si os apetece hablamos también del uso de determinada aplicaciones y servicios online con los alumnos. Si uno analiza a medio y largo plazo verá que son muchos los que van a usar los datos de sus alumnos en el futuro. Ahí también entra la cuestión básica del «a cambio de qué» porque, al final, hacer algo o usar algo no es nunca neutro. Todo tiene sus implicaciones y, al final, si uno no se plantea las preguntas adecuadas, se deja lo más importante del asunto. Lo mismo cuando uno decide dejar de dar clase para irse a dar una charla en su horario lectivo y dejar al profesor de guardia a cargo de sus horas. Pues ésas son preguntas que alguien debería hacerse.

Las dos preguntas clave en educación creo que son las anteriores. Si os apetece, os hablo otro día del objetivo del sistema educativo pero, ahí sí que se puede liar un buen pifostio.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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