Las listas negras de docentes

Cada vez que hay algún tipo de reivindicación educativa aparece en las charlas entre docentes del sector público el típico asunto de las «listas negras». Esas listas que, según muchos, guardan las Administraciones educativas para castigar a esos docentes rebeldes que se suman a actos contrarios a los políticos que en ese momento ocupan los sillones decisores.

Es realmente curiosa la cantidad de docentes que aún creen en dicho bulo, aumentado hasta la saciedad de forma interesada por diferentes sectores políticos y sindicales. Unas listas que, en caso de existir, serían las responsables de la denegación de las comisiones de servicio o que impedirían a ciertos docentes acceder a determinados cargos unipersonales (como son por ejemplo los directores de los centros) o ascender de categoría (cátedras o función inspectora). A día de hoy, no existe ninguna prueba documental ni documentada de ninguna de esas listas. Todo el mundo las conoce, todo el mundo ha oído hablar de ellas, todo el mundo les tiene miedo pero nadie las ha visto. ¿A alguien os suena esto?

La situación surrealista de las listas negras se extiende a muchos años atrás. En la incipiente democracia eran muchos los docentes que, por cuestiones de implicación política (en ese momento sus reivindicaciones eran mucho más duras y colectivas) pensaban que la Administración iba a tomar represalias contra ellos. O, en caso de que tuvieran algún tipo de revés con sus intenciones profesionales, su fracaso en conseguir las mismas siempre lo achacaban a las listas. A estar marcados con una cruz como docentes non gratos para la Administración.

Si ello hubiera sido como pensaban, jamás de los jamases, en épocas posteriores y en plena democracia, se hubiera permitido a docentes, militantes activos en determinados partidos políticos, ocupar o acceder a determinados cargos educativos. Ello, ha sido empíricamente demostrado que no ha sido así. Conozco casos de docentes de «derechas» que en período de gobierno de partidos de «izquierda» han accedido a determinados cargos unipersonales, cátedras o inspecciones educativas, así como el caso inverso. Docentes militantes de «izquierdas» que accedían a los mismos en épocas de gobierno contrario. Por tanto, las pruebas hacen el argumento de las listas negras totalmente falaz.

Eso sí, ello no obsta que pueda haber algún tipo de resentimientos o rencores personales que, algunos pueden intentar llevar al terreno profesional. Pero los casos son los menos (por no decir inexistentes). Nadie tiene ganas de complicarse la vida por rencillas buscando enfrentamientos innecesarios que pueden llegar a suponer un alto coste para el inductor.

Pero vayamos a otro tema. El de las listas blancas. El gran tema pendiente de solucionar. Las listas que, lamentablemente, sí que existen. Nombres que aprueban unas oposiciones a medida. Inspectores que acceden a la Inspección por tener un carnet determinado en el bolsillo. Es fácil de analizar. Las hemerotecas digitales ayudan a ello. Directores afines a la Administración. Comisiones de servicio a dedo para determinadas personas con apellidos concretos y pertenecientes a determinados colectivos. Hay cupos. Existen, aunque hay menos nombres de lo que podría parecer. La situación a nivel docente es mucho más limpia de lo que muchos se piensan. Por suerte.

Un tema recurrente, jamás demostrado, pero que siempre sale en estos días de reivindicación a la palestra.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

3 Comments
  1. En la lista negra (inexistente, eso sí) estamos muchos docentes con ganas, con iniciativa y con criterio propio. Los que «damos problemas» porque no decimos a todo que sí, y porque entendemos la educación -nuestro trabajo- como un compromiso más allá del horario. Ese tipo de profesional es preterido, en muchas ocasiones, porque el trepa o el indiferente suelen ser más dúctiles en la organización. Eso es teoría organizativa clásica, pero, además, es la realidad más común en el sistema educativo valenciano. Al menos, hasta donde yo sé, que ya va siendo un poco, aunque sea por edad… Con un acceso a la dirección cada vez más vedado, más complicado, y con el desconocimiento de los centros por parte de la inspección, la situación es deprimente. Así vamos a arreglar el fracaso educativo, seguro que sí.

  2. Listas en sentido literal no habrá, pero lo que es cierto es que muchos profesores tienen un «aura» blanco y otros muchos tenemos un «aura» negro. Y lo sabemos. Cuando nos cruzamos por los pasillos, nos reconocemos por el aura. Otros tienen un aura incoloro, que con el tiempo irá adquiriendo una tonalidad clara u oscura, según el caso. Unos lo tienen más fácil y otros lo tenemos todo mucho más difícil, pero supongo que es ley de vida.

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