Las metodologías educativas excluyentes

Con lo fácil que sería decir en voz alta que, por suerte, la frase tan manida de «cada maestrillo tiene su librillo» no existe. Con lo sencillo que sería decir que los docentes usamos la metodología en función de los alumnos que tengamos o, incluso, del día. Con lo que nos evitaría de conflictos dialécticos el reconocer que no existe ninguna metodología superior y que, al final, lo importante es la adaptación al alumnado con los recursos que tenemos a nuestra disposición. Y algunos se empeñan en cagarla. Incluso hoy, que se publica un artículo explicando la metodología flipped y cómo llevarla a la práctica con el que podría estar de acuerdo, me encuentro la típica necesidad de crítica a quienes no la usen. Coño, que las metodologías educativas no son una religión. Y, seamos sinceros, las religiones son de lo más perverso que existe porque, al final, sólo existen porque se contraponen a otra manera de ver la vida.

Fuente: La Verdad

No, en este post no voy a criticar el modelo de clase invertida porque pienso que, quizás en un determinado contexto y puntualmente, el vídeo puede ser interesante. Incluso iré más lejos… hay miles de docentes que debatimos en el aula sobre artículos o material multimedia que jamás nos hemos planteado denominar o encasillar lo que hacemos bajo ninguna metodología. También trabajamos haciendo proyectos o transversalmente en ocasiones y eso no impide que haya días que podamos tirar de una cierta clase magistral. No hay nada malo en mezclar. Menos aún en dejarnos de siglas o pertenencias a determinados clubs (léase usuarios de determinada metodología) y empezar a decir en voz alta que, al final, la mejor metodología es la no excluyente. La mejor es la que no excluye al resto. La que no debe tener como único argumento la necesidad de criticar a los que no la usan. La que, al final, no va a ser nada más que un mix producto de la experiencia y la realidad de aula. No hay dos aulas iguales. No hay dos alumnos iguales. Ergo, por qué nos empeñamos en hablar de metodologías cuando de lo que deberíamos hablar es de aprendizaje individual.

Lo de activas y pasivas también chirría. Que alguien me explique si dar clase no es un proceso activo. Y, vamos a dejar de rasgarnos las vestiduras… nuestros alumnos van a prestar atención o no debido a muchísimos más factores que a la metodología empleada. La atención tiene mucho que ver con las estrategias y carisma del docente. Muchísimo más que con usar ABP, gamificar el aula o flippear. No hay nada excluyente. Lo importante es saber adecuarse a las necesidades de los chavales que tenemos delante. Usar una metodología única (sea la que sea) y plantear el método por delante de cualquier otra cosa lleva a un error serio de concepción de la enseñanza. Bueno, si me permitís, de la educación en su conjunto.

En veinte años no he encontrado, al igual que ninguno de mis compañeros, una metodología universal y universalizable para usar en el aula. Todos hacemos lo mejor que sabemos. Al menos, lo intentamos. Dar clase es mucho más que una metodología. Dar clase es mucho más que hacer o no hacer exámenes. Dar clase es mucho más que mandar o no deberes. Es mucho más sencillo y a la vez mucho más complicado. El aula, que es nuestro lugar de trabajo, es un conjunto de personas que coexisten en el mismo espacio y tiempo. Unas quieren enseñar  (bueno, a veces, tampoco) y otras, en la mayoría de ocasiones, no quieren aprender. Es la relación entre docente y alumno lo importante. Es llegar a ellos. Y si se llega por una clase magistral… bien. Si se llega por flipped, también. Lo jodido es intentar hacerlo de una única forma y empezar a criticar a todos los que no siguen esa senda porque, al final, o ves la realidad que te dice que te equivocas o, simplemente, sigues en tu película de docencia ideal.

Me encantan que surjan metodologías y que haya experiencias que, no lo niego, hayan podido funcionar en asignaturas, grupos o alumnos concretos. Otra cuestión es dedicarme a creer a pies juntillas que hay una metodología maravillosa que va a solucionar todos los problemas porque, sinceramente, ¿alguien se cree a estas alturas de la película con miles y miles de docentes que nos han precedido, se permitiría que nos equivocáramos tan a menudo? Creo que no.

Muchas gracias a Néstor por la inspiración. Sí, me ahorro determinados adjetivos porque, al menos hoy, ya he superado el límite de tacos 🙂
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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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