Las métricas no son lo importante

Uno puede escribir un libro y tener miles de ventas del mismo, aunque el libro sea un auténtico truño. Uno de los libros más vendidos en los últimos tiempos ha sido el de Belén Esteban, de dudosa calidad literaria y, aún siendo uno de los más vendidos, ha sido uno de los menos leídos. Las métricas, como sucede siempre, no siempre son sinónimo de calidad o importancia.

Fuente: Huffington Post

En plena vorágine de las redes sociales, YouTube y la necesidad del reconocimiento vía likes o retuits, algunos consideran que lo importante es lo que dice alguien cuyo único valor, a la hora de expresar sus opiniones, es tener un número importante de followers o suscriptores. Los números se han convertido en un valor de calidad cuando, al final, lo único que demuestran es la capacidad de algunos de moverse en el fango de lo ficticio, las casualidades de ciertas cuestiones o, simplemente, el resultado de muchas variables (que no es obligatorio que estén relacionadas con la calidad de qué se dice o publica).

Si me permitís voy a hablar del impacto de esas métricas en educación. De cómo algunos han conseguido gracias a las mismas, montar un suculento negocio. De la desaparición de filtros, cuando uno ve ciertas cosas que publican determinados personajes. Personajes a los que se ha dado el valor de «veracidad absoluta», por tener un montón de suscriptores en sus canales de YouTube. De cómo algunos usan de forma muy estratégica las redes sociales para conseguir su objetivo último: el trinque o el reconocimiento social de su ego.

Tener miles de seguidores en Twitter no te hace mejor docente. El problema es que, por lo visto, sí que se ha convertido en un parámetro para seleccionar a determinadas personas relacionadas con el ámbito educativo (hayan dado alguna vez clase o no) y otorgarles el rol de expertos. No vale más su opinión que la de uno sin cuenta de Twitter. El problema es que, en pleno siglo XXI, alguien sin redes sociales ni visibilidad en internet, se ha convertido en alguien al que no se tiene en cuenta. Y eso, aparte de hacernos perder el norte, se ha convertido en un modelo muy permisivo para vender ciertas cuestiones que jamás deberían haberse vendido. Creo que se me entiende. Por si no se me entiende voy a hacer un símil: ¿creéis que es mejor la horchata que venden en una horchatería de Alboraya que la que vende una de esas multinacionales alimentarias? Si hacemos caso a los seguidores que tienen esas horchaterías y las multinacionales, debería ser que sí pero, como sabéis todos los que habéis catado ambas, no tienen ni punto de comparación.

Lo mismo sucede ahora con Instagram. El boom del escaparatismo digital. En este caso ya lo único que se está vendiendo, en muchos casos, es la cantidad de carne que se enseña, lo bonitas que son las comuniones a las que uno va o, en el caso de algunos docentes (sigo matizando con personas relacionadas con la educación), la cantidad de formaciones que imparte ante cientos de docentes ávidos de ver al que tiene tantos seguidores en esa red social.

Y ya cuando llegamos a YouTube y a las clases enlatadas que algunos publican, la cosa no puede ir peor. Hay excelentes materiales por YouTube y muchos buenos profesionales que publican ejercicios resueltos o, simplemente, exponen determinados conceptos históricos. El problema es que, mezclado con lo anterior, se encuentran vídeos con errores importantes que, por desgracia, están publicados por youtubers con muchos suscriptores. Bueno, en una sociedad en la que lo que hace aumentar los suscriptores es mofarse de un mendigo, de un repartidor a domicilio o, simplemente, enseñar cacho, es difícil que la educación mediática se sustraiga a dicho efecto.

No, tener un blog con miles de lectores no te hace un mejor profesional. Tampoco las métricas interesadas de algunos servicios. Lo que realmente te hace un mejor profesional es cómo ejerces tu profesión. Eso sí, por lo que se ve, si uno tiene mucha visibilidad social, aunque no tenga ni idea de educación o sea un iletrado pedagógico, seguramente que para algunos tendrá razón con independencia de lo que diga. Lo del fenómeno «edufan» llevado a sus últimas consecuencias.

Uno puede decir alegremente que la horchata es morada. Mientras tenga unas métricas interesantes, seguro que tiene un gran número de acólitos que son capaces de darle la razón. Eso sí, tener unas buenas métricas no te hace tampoco peor profesional 😉

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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