Las oposiciones docentes, un chanchullo para algunos

No voy a cansarme de criticar el modelo de oposición que permite a determinados titulados universitarios competir, en igualdad de condiciones (aunque cada vez menos), para optar a un trabajo de por vida. Yo pasé por ellas y debo reconocer que, ni creo ser mejor docente que los que no aprobaron, ni creo que todos los que aprobaron/aprobamos debamos estar en las aulas. Sí, es un mal sistema para elegir a los mejores profesionales aunque, mejor este sistema por malo que sea, que la selección «a dedo» que se da en otro tipo de centros educativos.

Fuente: http://www.actualidadempleo.es
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Pero el post no va sobre el proceso de selección docente. Lo que me interesa hablar es de los múltiples chanchullos que se esconden tras el proceso de selección. Y, qué menos que empezar por el principal chanchullo… las academias de preparación de oposiciones. Lugares que, en muchos casos cobran en negro, donde también en ocasiones hay inspectores de educación o funcionarios docentes sin contrato impartiendo sus experiencias para que los futuros docentes puedan aprobar esas oposiciones. Sí, resulta curioso el entramado que se monta en este tipo de formación.

Voy a contar mi experiencia acerca de este timo (no tengo claro si llamarlo timo o práctica mafiosa). Después de mis primeras oposiciones, en las cuales suspendí al llegar a la antigua encerrona (ahora me parece que han cambiado el modelo), me puse a analizar los nombres de los que habían aprobado. Sí, siempre me interesa saber un poco lo que sucede en procedimientos que deberían ser más transparentes. Curiosamente, después de investigarlo un poco y hablar con dos que habían aprobado (compañeros de Facultad) me entero que la mayoría habían acudido a unos cursos de preparación de oposiciones que se realizaban en un Colegio Profesional y que impartía, nada más y nada menos, que el inspector encargado de nuestras oposiciones. Sí, un inspector que había gestionado las pruebas y la aplicación de las mismas en oposiciones anteriores, daba clases para que algunos pudieran aprobarlas. Nada, tocaba matricularse. Un buen dinero. Suministro del material y de las estrategias para aprobar. Éramos muchos. Con el dinero que pagué, multiplicado por el número de alumnos que tenían en ese curso, un negocio redondo…

Llega el día de las oposiciones. No apruebo pero, compruebo que casi la totalidad de los que aprueban han ido al curso conmigo. Algo realmente curioso. Bueno, muy curioso por las cuestiones estadísticas que se carga. Además, curiosamente, el día de la oposición compruebo que el inspector que estaba detrás del curso aparece para hablar con los miembros del tribunal. Quizás fuera porque los conocía. Quién sabe. Porque, uno no debe achacar a las casualidades ninguna connotación peyorativa.

Por cierto, al año siguiente y con un tribunal totalmente renovado (sí, también era curiosa la repetición de tres miembros del tribunal cada año) aprobé. Y, en este caso, ya pasé de seguir investigando porque no creo que sea mi labor pero, sigo convencido, a día de hoy, que hay muchos chanchullos en las oposiciones docentes que merecerían ser investigados por la administración porque se cometen demasiado abiertamente. Sí, incluso hay inspectores en activo que se ofrecen abiertamente a preparar oposiciones y, eso, como que no debe ser muy legal.

Un artículo redactado gracias a la conversación que tuve ayer con una chica que se prepara oposiciones y que paga religiosamente junto con más de cincuenta aspirantes, la friolera de ciento cincuenta euros por cuatro horas semanales. Negocio redondo para la academia y, como no, buen pellizco para los funcionarios docentes que están participando de forma más o menos legal (no sé hasta qué punto es compatible lo anterior con nuestro trabajo) en ese chiringuito.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

5 Comments
  1. Olé por tu valiente post. Todos conocemos historias similares. Por eso yo prefiero la mano invisible del mercado al dedo de la concertada o la mano visible y maloliente (de mierda) del Estado. Sin privilegios para NADIE.

    1. Por eso es bueno ser alguna vez tribunal en una oposición. Desde mi experiencia en Andalucía: no hay chanchullos. Claro que allí hay una transparencia que en muchas otras comunidades brilla por su ausencia. Tampoco hubo nada raro cuando la saqué (con la tercera nota de 2400 candidatos a la primera, en una comunidad en la que supuestamente no tenía nada que hacer al hablar con acento del norte) ni cuando la sacó mi hermano (también a la primera, en otra materia y con los mismos problemas con el acento).
      Quizás el problema sea vuestra comunidad y no el sistema.

  2. ¿Y a pesar de todo lo que dice, por qué sigue prefiriendo eso al «dedo» de la concertada? ¿Por qué simplifica Ud lo que es el proceso de selección de personal de entidades, que en algunos casos serán poco adecuados, pero que en otros muchos utilizan diversos filtros para seleccionar a los realmente mejores?
    Al fin y al cabo, si en un centro concertado falla la selección de personal, quien sale perdiendo es la propia entidad, pero Ud está hablando de sospechas de corrupción en el acceso a la función pública.
    ¿Hasta cuándo tendremos que soportar en la enseñanza concertada el menosprecio de nuestros compañeros de profesión de la enseñanza pública? ¿Acaso creen que eso es lo que demanda la sociedad de la escuela? ¿No se dan cuenta de que la defensa de la escuela pública no tiene porque pasar por atacar a la escuela concertada?
    No somos más capaces ni más inteligentes ni más honrados que nadie, pero tampoco menos. Y dice muy poco del colectivo este ataque continuo de una parte del colectivo a otra.

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