Libertad para opinar sobre temas educativos

Reconozco que tengo muchísima suerte. Como funcionario docente con plaza definitiva que, además no tengo que vender el producto educativo A o B, trabajar en uno de esos lugares de la administración educativa en los que debes pleitesía o, tener a mi hija en un centro educativo que no toma represalias por mis opiniones o reflexiones en voz alta, me encuentro totalmente capacitado para hablar sin cortapisas sobre temas educativos. No, reconozco que no es lo habitual. No, no es habitual que alguien hable sobre temas educativos sin estar sesgada su opinión por intereses personales o profesionales. Y eso es algo que me preocupa. Sí, me preocupa que un docente que vende un determinado producto o servicio educativo no se cuestione lo que está vendiendo porque tras dicha venta subyace un interés económico. También me preocupa que un docente de la concertada no pueda denunciar abiertamente los chanchullos que se dan en su centro por miedo a que le echen a la calle y, cómo no, me preocupa que también en la pública empiece a darse lo anterior, especialmente en aquellas Comunidades -como por ejemplo la catalana- en la que los directores tienen el poder de decir a un interino o a un funcionario que se halla de forma provisional en sus centros si vale o no vale. Algo que, a mi entender, limita en mucho la libertad de acción y opinión de los docentes.

Fuente: Facebook

No, no creo que un asesor que trabaja en formación del profesorado pueda criticar el modelo de formación del profesorado porque pueden decirle «muy amablemente» que vuelva al aula. Y muchos no quieren volver. No creo tampoco que exista libertad de opinión en los cargos políticos intermedios del Ministerio de Educación o las Consejerías ni, por extensión, en todos los que ostentan cargos políticos en un determinado partido o pretenden ostentarlos en un futuro. No, tampoco creo en la libertad de esa opinión en los liberados sindicales porque, por mucho que no estén de acuerdo con las doctrinas mayoritarias de su sindicato, no van a atreverse a cuestionarlas en voz alta fuera de «casa» por diferentes cuestiones. Y eso me preocupa.

¿Vosotros creéis realmente que un padre que lleva a sus hijos a la concertada tiene las mismas posibilidades de criticar ese centro al que los lleva que uno de la pública? ¿Alguien se cree que, cuando uno vende una metodología educativa con la que gana dinero -entre ponencias, libros o cursos- va a atreverse a cuestionársela? ¿Alguien cree que no existe manipulación a la hora de defender los derechos laborales de uno cuando, más allá de la lucha por esos derechos, los mismos están coaccionados por los gestores de dichos centros educativos de gestión privada? Va, que no cuela. Son opiniones que se realizan bajo coacción y eso, al final, afecta a todo el sistema educativo y a las posibilidades de mejora del mismo por estar totalmente pervertidas o sesgadas las mismas.

A mí me importa bien poco que me llamen para dar un curso de formación determinado, que me incluyan o no en las listas de blogs educativos (sí, curiosamente, si os fijáis bien veréis que en pocas listas aparezco y nunca en las que hacen las empresas que en alguna ocasión he criticado) y, aún menos que me ofrezcan un cargo para largarme del aula con la condición de reducir el tono que uso en muchos de mis artículos. Y, por si alguno se lo pregunta, sí que he recibido ese tipo de ofertas envenenadas.

La verdad es que hay opiniones o reflexiones educativas que no me sirven porque son efectuadas bajo coacciones de diferente grado. Es por ello que, a veces, incluso que sea nadar contra la corriente imperante, uno prefiere hablar sin pelos en la lengua de determinadas cosas y opinar -siempre pudiéndome equivocar- sobre ciertas cuestiones que están sucediendo en el mundillo educativo porque se ha puesto en una balanza la libertad de expresión y a lo que se debe renunciar para obtener un determinado beneficio y, por suerte, ha ganado lo primero.

Así pues… toca seguir usando esa libertad ya que es algo que vale muchísimo más, para mí, que algo más material porque, por suerte, no debo nada a nadie y todo lo que soy a nivel profesional me lo he ido ganando de forma autónoma sin que nadie me haya regalado nada.

Lo realmente preocupante no es la coacción que sufren algunos a la hora de expresarse sobre temas educativos. Lo preocupante es que se vean obligados a discrepar "en abierto" contigo para, curiosamente, defender a los que les coaccionan.
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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

6 Comments
  1. Kapuściński dijo «Cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante.» Y, dado que «la verdad los hará libres» ((Jn 8:32), si un profesor, educador, docente, no trata de ser auténtico y de buscar (y mostrar) lo verdadero, lo auténtico, lo que realmente hace es esclavizar, y esclavizarse. Todo lo contrario a su profesión.

    1. La libertad de opinión y el opinar es clave para la mejora educativa. Quizás, a veces, puede darte algún disgusto pero, como bien dices, un profesional de la docencia debe hacerlo. Y por muchos más motivos de los que uno puede llegar a pensar.

      Un saludo.

  2. Yo era libre cual florecilla del campo. Hasta que me avisaron amablemente en mi centro (público) de que mis comentarios podían ser un problema. Para mí.

    1. A mí me avisaron hace bastantes años pero, curiosamente, ese aviso se volvió en contra de quien me avisó. Cuando uno tiene las cosas claras, opina sin cometer ningún tipo de acción ilegal y defiende sus posturas -equivocadas o no- es bastante complicado que tenga problemas. O que si tiene algún problemilla no pueda solucionarse de forma rápida por tener las espaldas bien cubiertas. Eso sí, hay ocasiones en que, por desgracia, las opiniones libres quedan siempre sujetas a una presión por parte de otros. Una presión que obliga a plantearse si vale la pena o no seguir haciéndolo. Y eso es un problema.

      Un saludo.

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