Lo de calificar a mis alumnos lo llevo muy mal

Llevo unos días bastante preocupado por efectuar la traslación del aprendizaje de mis alumnos a calificaciones en el programa informático de turno de mi Consejería. No me preocupa en exceso porque, por suerte, llevo grupos (el contexto, difícilmente extrapolable de FP Básica, PMAR e Iniciativa Empresarial) en los que me interesa mucho más saber qué hacen y evaluar, de forma continua y transparente mediante observaciones y, cada cierto tiempo una reflexión personal y grupal en el aula, que dedicarme a ir anotando una ristra de números en ese cuaderno de notas que nos reparten al iniciar el curso o crear unas maravillosas rúbricas en Drive para ir poniendo, cada cierto tiempo, equis en diferentes partes de la misma. Sí, lo reconozco. Me llevo muy mal con los estándares y ristra de competencias que lo único que demuestran es lo incompetente que es quien las ha diseñado. Evaluar es una tarea global y, dedicarme a aislar la evaluación de mis alumnos de su capacidad de hilvanar discursos coherentes, la ortografía, operaciones matemáticas básicas y la forma en que tienen de enfrentarse a los trabajos prácticos que guían el trabajo que hacen conmigo es un error. Y por ello paso de infumables ítems que lo único que demuestran es que a algunos les interesa usar un modelo donde el típo de respuesta a los mismos se base en un sí/no/depende o en una gradación de muy bien/bien/regular/mal. No, no creo que, al menos en mi caso, lo anterior pueda ser usado en mi aula.

Fuente: ShutterStock

Llevo mal lo de la calificación. Y tengo, además, muchas dudas acerca de qué evaluar y cómo hacerlo. No creo que dudar sobre ello me haga ser automáticamente encapsulado como mal profesional pero, sinceramente, me faltaría -y siempre lo he dicho aunque esté en contra de las pruebas que están pasando tipo PISA, diagnóstico o similares- un sistema de evaluación que permitiera la mejora de los alumnos dentro de una evaluación global e individualizada de centro. No, no me vale comparar. Me vale una evaluación exhaustiva, con parámetros que sean establecidos de forma global entre los docentes con el apoyo de un equipo de asesores externos (si no existe dicha figura -y no es actualmente el funcionamiento de Inspección-, la creamos) que pisen el aula y sean quienes, dentro de sus funciones, puedan transmitir ideas con una visión más objetiva acerca de qué podemos hacer para mejorar. Seamos sinceros, ¿a quién no le gusta mejorar en su trabajo y obtener mejores resultados con sus alumnos? ¿Realmente alguien se piensa que la oposición a PISA viene por parte de profesionales que no queremos que se nos evalúe nuestra labor profesional? ¿Alguien se cree que no hablamos entre nosotros sobre los alumnos para exponer problemáticas de los mismos? ¿Realmente alguien se piensa que la mayoría de docentes nos ocupamos exclusivamente de dar nuestras horas y pasar de los alumnos cada vez que salimos del aula? No, ya os digo yo que no es así.

Entrar en el tema de la evaluación es complejo. Más aún porque, al igual que sobre metodología, cada uno tiene su idea acerca de cómo debería realizarse la misma. No, no hay una visión global y válida. Hay tantas, con sus particularidades específicas, que hacen que, ya siendo complejo el mejorar esa manera de evaluar en un centro, sea imposible extrapolarlo a una heterogeneidad tan extrema como supone el alumnado en la mayoría de centros educativos.

¿Soluciones? Como he dicho antes tengo pocas soluciones milagrosas. Por ir más lejos, creo que no tengo ninguna solución que permita evaluar en condiciones eficaces. Eso sí, lo que sí tengo son algunas ideas sobre cómo hacer las cosas y que voy a permitirme exponer a continuación…

Tengo claro que la evaluación de nuestros alumnos debe darse desde que llega a nuestras manos el mismo hasta que sale de nuestro «edificio». Es por ello que considero imprescindible la desaparición de las tutorias grupales y destinar nuestros recursos/esfuerzos a establecer un sistema de tutorización a lo largo de la vida estudiantil. Sí, podríamos dividir el número de alumnos del centro por el número de docentes (excluyendo cargos directivos, por lógica y tiempo) y reconvertir esas tutorías grupales en tutorías individuales. ¿Os imagináis la mejora que supone llevar al mismo reducido grupo de alumnos, de forma individualizada y conociendo todas sus situaciones de contexto, desde que entran hasta que salen de, por ejemplo, una escuela. ¿Os imagináis lo que supondría tener esa personalización de análisis y conocimiento? ¿Os imagináis que supone para el alumno que tenga un referente desde el primer día? Un docente al que acudir para solucionar problemas. Un docente que, a su vez, pueda ir controlando la evolución, a nivel de evaluación, del alumno.

También tengo claro que hay conocimientos básicos. Sí, los alumnos deben ser capaces de escribir y expresarse en corrección al acabar la etapa obligatoria de sus estudios. No me preocupa tanto que se sepa leer a los tres años como que, a los dieciséis uno pueda articular un discurso coherente, saber hablar en público y, cómo no, escribir sin faltas de ortografía. Aderezado lo anterior por una curiosidad acerca de todo lo que le rodea y capacidades matemáticas para poder resolver problemas del día a día. Y no, lo anterior no excluye la necesidad que sepan otras cosas, adquieran habilidades manipulativas en las materias más técnicas o que sepan que río pasa por Zaragoza. No, no tiene nada que ver pero, sinceramente, uno de los problemas que nos encontramos muchos docentes es que, a veces -más de las que nos gustaría- los alumnos llegan con esas habilidades básicas muy limitados y, por idiosincrasia o por tradición, se sigue avanzando sobre temario porque, siempre la culpa es de otros y ya se verán forzados a aprender para resolver lo que estamos dando ahora. Un grave error. Por favor, si uno no sabe algo por carecer de la base, ¿a quién se le ocurre seguir porque debemos acabar el libro? No, paremos un momento, veamos qué pasa e intentemos solucionar el problema.

Muy relacionado con lo anterior está la distribución de alumnos por edad. Lo siento, los alumnos no deberían ir al curso que esté asociado a su edad fisiológica. Hay algunos a los que se les dan muy bien las Matemáticas y todo lo científico, a otros mejor el tema lingüístico y, finalmente, puede haber otros con unas habilidades físicas, musicales y visuales extraordinarias. Por ello, ¿por qué no permitir que un alumno pueda ir superando cursos de la materia que le interese, con el apoyo de ese tutor individualizado del que he hablado al principio, para poder llegar en el tiempo que sea necesario a la titulación? No es malo que un alumno de doce años vaya con alumnos de catorce en, pongamos por ejemplo, el módulo de Matemáticas y uno de catorce vaya con el de doce porque le cuesta un poco más la comprensión de ese ámbito. Lo que sí es malo es ir hacer repitiendo al personal, con unas tasas de aprobados de los repetidores en el curso repetido de risa. Ya no es sólo el flaco favor que les hacemos a los chavales, ya es -incluso para los que les gusta la mano dura y tienen criterios económicos que priman sobre la Educación- el dinero que supone cada alumno que se retrasa. No debemos dejar nadie atrás y eso se consigue personalizando -que no diferenciando porque todos deben llegar a hacer lo mismo- el itinerario y las vías por las que van a obtener el título (sea de Primaria o de ESO).

No, no es negarme a que el sistema educativo sea evaluado pero sí a exigir que la evaluación exhaustiva se realice centro a centro y alumno a alumno. Una evaluación seria, bien diseñada por los profesionales de los propios centros con ayuda externa y que sirva, como habrían de servir todas las evaluaciones del sistema, para detectar qué no funciona y ponerle remedio. Por cierto, que nadie se olvide que la evaluación del centro debería incorporar a toda la comunidad educativa. No, no vale escaquearse 🙂

Ya sabía yo que no debía escribir sobre calificaciones. Me lío. Al final hablo sobre evaluaciones y, creo que no he dicho nada de lo que quería decir en un principio. Que tenga que ponerme a calificar a mis alumnos y que, aún esté verde en el asunto, es lo que tiene.
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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

8 Comments
  1. Los alumnos acusan la diferencia entre la atención y el seguimiento que tenían en sus primeros años de escolarización y la que reciben, o más bien dejan de recibir, al comenzar la educación secundaria. Y es posible que la adolescencia sea el momento cuando más se necesite un tutor; una etapa en la que se precisan héroes, artistas, sabios y amigos mayores a los que tener como referencia.

    Lamentablemente, no hay héroes, artistas o sabios suficientes para todos, pero no resulta tan difícil encontrar un amigo mayor, alguien que actúe como preceptor, que se haga responsable de orientar y acompañar a otro en algún aspecto de su educación.

    Y aunque un preceptor no es lo mismo que un tutor, es alguien que ya ha recorrido el camino que otro va a recorrer y se ocupa de supervisar el progreso y los actos de aquel que tiene a su cargo. Alguien que se preocupa por él, le escucha y le aporta su experiencia. Es una figura que ya existía en las antiguas escuelas unitarias, en las que los alumnos mayores se ocupaban de enseñar a los más pequeños. Una figura que se puede recuperar y que ayudaría a los tutores en su labor.

    http://www.otraspoliticas.com/educacion/tutores-2

    1. Creo que en más de una ocasión he defendido esa figura de tutor-preceptor que planteas en el comentario. Sí, los tutores, por desgracia y por mucho que trabajen, al ser siempre un cargo anual en la mayoría de ocasiones, no pueden ayudar a los alumnos como debieran. Y no es por falta de voluntad. Eso te lo puedo garantizar.

      Un saludo y gracias por el enlace.

  2. Completamente de acuerdo, deberíamos extender la evaluación a todos los elementos del proceso, y la del alumno es importante pero no es la principal.
    De todas maneras te comparto la herramienta que utilizamos en el centro que nos da desde los instrumentos de evaluación una calificación de áreas y de competencias

    http://organizacionyescuela.blogspot.com.es/2015/09/herramienta-calificadora-5.html

    Para algunos locos como yo que pasamos de las áreas y trabajamos por proyectos competenciales es más útil la siguiente:

    http://organizacionyescuela.blogspot.com.es/2015/11/herramienta-calificadora-por-proyectos-6.html

    Quizá la última sea más útil para tus necesidades.

    Un saludo

    1. Pues sí, la última con algunas modificaciones puede ser bastante viable para mi uso. Por cierto, muchísimas gracias por los enlaces y poner las herramientas a disposición de los lectores del blog.

      Un fuerte saludo de vuelta.

  3. Muy interesante y válido tu blog. Ninguna objeción en cuanto al contenido. Sin embargo, para hacerlo aún mejor y, sobre todo, por eso que tú mismo escribes, «No me preocupa tanto que se sepa leer a los tres años como que, a los dieciséis uno pueda articular un discurso coherente, saber hablar en público y, cómo no, escribir sin faltas de ortografía», cuida la ortografía. Algunas fallos que he visto en este texto y en algún otro aquí en tu blog también:

    1) «…o que sepan que río pasa por Zaragoza». Solo al llegar a «pasa por…» uno se da cuenta de que tú no te ríes de nada, sino de que hablas de geografía: «…o que sepan qué río pasa por Zaragoza».
    2) «No debemos dejar nadie atrás» en vez de «No debemos dejar a nadie atrás».

    Y, en el texto de «No, no quiero una cohorte de…»
    3) «Eso sí, me preocupa ver como siempre se ha tendido a la necesidad de…» en vez de «Eso sí, me preocupa ver cómo siempre se ha tendido a la necesidad de…»
    4) «…por no saber algunos dar una clase magistral (que no tiene porque ser unidireccional)…» en vez de «por no saber algunos dar una clase magistral (que no tiene porqué ser unidireccional)…».

    Bueno, espero que no te ofenda, que ha sido con buena intención.

    Ernesto

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