Los alumnos actuales (no) son iguales que los de hace treinta años

Vais a permitirme que me permita el lujo de discreprar acerca de uno de los mantras más exhibidos por aquellos docentes «innovadores» y, cómo no, con una afirmación comprada por muchos que no se sustenta por ninguna parte. Algunos estamos un poco cansados de justificar la necesidad de cambios educativos o de la realización de determinadas experiencias sobre la base de argumentos sin ninguna validez científica y que se desmontan al poco que alguien, con una cierta edad, vuelva a su época de estudiante. No, tampoco me sirven afirmaciones relacionadas con lo anterior que indican la falta de autoridad del profesorado en el aula y el aumento de indisciplina del alumnado. No, no es así por mucho que queramos venderlo como verdad absoluta. Los alumnos de ahora no son ni mejores ni peores que los de hace treinta años. Ya entonces no había dos alumnos iguales al igual que ahora. Y, seamos sinceros, ya si sumamos a la necesidad del cambio metodológico la afirmación sobradamente desmontada del mito del nativo digital, estaremos errando completamente el tiro.

Fuente: Fotolia CC

¿Realmente alguien se cree que la disciplina era absoluta en las aulas de hace treinta años? Yo las pisé y debo reconocer que, al igual que ahora, había aulas en las que se mantenía el máximo silencio mezclada con otras en las que el docente debía hacer esfuerzos para conseguir controlarla. Había alumnos buenos y malos. Había alumnos que se portaban bien y otros que se portaban mal. Había alumnos a los que se les daba mejor las Matemáticas que la Lengua. Y sí, a partir de los catorce se filtraba al igual que ahora con el mismo objetivo básico: permitir dar clase a los alumnos que querían un aprendizaje más académico frente a aquellos, normalmente «molestos», a los que se derivaba a Formación Profesional o, directamente, se justificaba su absentismo hasta los 16 al ser la educación obligatoria hasta los 14. Bueno, y ya veis que no he querido entrar en las ganas de aprender que algunos suponen a mi generación… no cuela, que los chavales -salvo excepciones excepcionales- tienen y teníamos otras motivaciones y prioridades antes de aprender. Y nos gustaba lo mismo, entre poco y nada.

Voy a ir bastante más lejos… si alguien quiere comparar entre centros y los desperfectos que se realizan en los mismos por parte de los alumnos debería recordar que antes los chavales eran mucho menos respetuosos con el material. Sí, lo afirmo. En mi aula de instituto no había mesa que pudiera servir para escribir como no fuera con libreta o carpesano de las grietas que tenía la misma. Y ya lo de las pintadas en las paredes con bolígrafo o las puertas del váter, con contenido insultante y amenazas a determinados docentes, era algo habitual. ¿Peleas en los patios? Sinceramente, más que ahora. Eso sí, como el tema se solucionaba por ellos mismos en lugar de la intervención del docente (no había guardias de patio en los institutos) todo quedaba en el calentón puntual. Bueno, no, a veces se reunían para hostiarse fuera del centro. Sí, en manada. Una violencia extrema que ha desaparecido de las aulas actuales por si nos ponemos a comparar.

Los juegos. Sí, vamos a hablar de los juegos y de la justificación de la gran cantidad de inputs externos que reciben los alumnos que hagan que actúen de esa manera. Bueno, voy a ir más lejos, ¿por qué no hablamos del discurso fácil que determinados programas televisivos hacen que los alumnos se comporten de determinada forma? Pues bien, si es por comparar en lo anterior por qué no vamos más allá de los treinta años y hablamos de la generación de mis padres. De la influencia eclesiástica y del régimen de turno. De la disciplina a golpe de regla y de comportamientos homófobos habituales. No, por favor, que los chavales de hoy en día en este aspecto no son iguales por mucho que se mediaticen casos concretos. Si se llegan a mediatizar los de antes, no habría medio digital que no acabara con su espacio de hosting en pocos meses. Así que, por favor, cuando alguien hable de tolerancia y la pérdida de la misma, que busque en su hemeroteca mental. Algo que debe hacer de forma objetiva porque si sólo idealiza el pasado o lo ve según su óptica ya sesgada… Ah, estaba hablando de los juegos y la facilidad que teníamos algunos para distraernos con poca cosa. Bueno, ¿sabéis a qué juegan más los chiquillos en los parques en los últimos tiempos? A hacerse casas con cartones y con una botellita de agua. No, no es ficción. Salid, pasead y observad.

Los alumnos no salen menos preparados que los de antes. Habrá que saldrán mejor, otros igual y, seguramente, otros peor. Si nos dedicamos a juzgar a los alumnos por casos concretos y extrapolamos sólo el modelo que nos interesa comparar, haciendo dicha comparativa con un modelo «perfecto» o «imperfecto» de los de antes, va a salir o nos va a permitir opinar lo que nosotros queramos. Eso sí, si hacemos una visión global del asunto veremos que, lamentablemente para aquellos que basan toda su argumentación metodológica y pedagógica en lo diferentes que son nuestros alumnos respecto a lo que fuimos nosotros, se encontrarán con un chasco. Bueno, siempre les quedará mantener la visión sesgada porque, ya sabemos que cuando uno tiene creencias inamovibles es muy difícil, por muchas pruebas que se le enseñen, que baje del burro.

No, los alumnos no son ni mejores ni peores que los de antes. Son alumnos que necesitan lo mismo y que, al disponer de más recursos parar ofrecerles ciertas cosas, lo que sí podemos hacer es intentar adaptarnos individualmente a ellos. Eso sí, por favor, intentemos ser un poco serios con el asunto antes de arrojar determinadas frases que venden muy bien en todo discurso educativo pero que, más allá del discurso, se topan con la realidad del día a día.

Hay muchos mantras interesados para justificar muchos discursos educativos pero, al final, es que no hay por donde cogerlos una vez los analizas fríamente.
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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

14 Comments
  1. Se necesita más tiempo de permanencia en la escuela para poder aspirar a un trabajo cada vez más precario y peor pagado. En este contexto, cuestionarse si los alumnos de ahora son mejores o peores, o saben menos o más, que los de antes no es la pregunta adecuada.

    Si lo que se pretende es cambiar el sistema educativo; no retocarlo ni hacerle ajustes, para que aguante, lo que hay que cuestionarse no es si los niveles suben o bajan, sino si aquello para lo que la escuela prepara está en consonancia con lo que la vida demanda.

    Porque, si lo que tenemos obliga a los alumnos a estar formándose más años, no los prepara para encontrar trabajo y tampoco los hace más cultos ni más felices; si lo que se obtiene es un resultado peor desde cualquier punto de vista, entonces ¿para qué sirve, a quién le sirve y por qué lo seguimos manteniendo?

    http://www.otraspoliticas.com/educacion/los-niveles-academicos

    1. Es una pregunta necesaria porque permite desmontar muchos discursos acerca del alumno y su supuestas diferencias para vender -sí, digo vender- una determinada metodología educativa. El tema que planteas acerca de los años de estudio y su relación con el futuro trabajo en un contexto donde cada vez se ha precarizado más el trabajo es otra cuestión que, tampoco deja de tener su importancia. Sinceramente, hay muchas variables en la actualidad que hacen que cualquier decisión educativa, o se toma de forma global, o estaremos cometiendo otro error. Y ya llevamos unos cuantos.

  2. Hola:
    ¡Vaya!,alguien que es objetivo con «tiempos pasados es mejor» que tánto vende,o es que mi memoria es selectiva,¡sí!,de acuerdo es selectiva,pero creo que la realidad para los chicos chicas,es más o menos,parecida.
    No soy maestro,pero creo que como los médicos(aunque todo el mundo debería),los maestros deberían reciclarse contínuamente:
    «reciclaje
    1. s. m. Operación de reciclar un material de desecho. reciclado
    2. ENSEÑANZA Formación que se recibe en una materia científica o técnica para actualizar los conocimientos que ya se poseían y adaptarlos a nuevas situaciones »

    Mis recuerdos,subjetivos,por supuesto,son que todos éramos diferentes,alumnos y profesores.
    Una profesora de latín,era tán buena profesora,que la asignatura «ogro» de aquellos tiempos,sus alumnos no se perdían ni una clase,es más,nos encantaba ¡el latín!.
    Reciclarse,no significa ir cambiando las enseñanzas contínuamente,sino ir mejorándolas,pues he oído respuestas para todo en lo que concierne al sistema educativo «ideal».
    Un buen profesor,motiva, y cada alumno es diferente para él así como cada paciente es distinto y necesita terapia diferente.
    Hay que invertir en educación,pues el ser humano que aprende a pensar por sí mismo,ayuda a una sociedad más justa para todos.
    Un abrazo de paz
    minuto

    1. Hombre, doy clases en FP Básica y, sinceramente, me cuesta imaginar que mis alumnos sientan interés por el latín por muy buena que sea la profesora.

      Yo he tenido profesores buenos, malos y regulares. Pero, a pesar de que mi cabeza estaba más en cosas propias de la edad, disfrutaba con los buenos profesores. Al igual que lo podía hacer con algún buen documental, por ejemplo.

      Lo cierto, es que mis alumnos, más allá del twerking, la fiesta (drogas y alcohol de por medio), el sexo y el dinero fácil no muestran interés por nada, o al menos, yo no lo aprecio.

      Por si resulta ilustrativo, en estas fechas, debido a la huelga de brazos caídos con la que me encuentro, les suelo poner alguna película con moraleja o algún documental de los que yo me quedaría prendado. El caso es que tengo que estar parando la proyección para requisar móviles, separar alumnos, mandar a alguno a la biblioteca con tarea…

      La clave creo que está en algunos factores que se han mencionado: La selección y la motivación socio-económica. En mi época de estudiante, por regla general, los alumnos que yo tengo no estarían en las aulas sino ganándose la vida. Como esto hoy «tristemente» no procede pues los tengo «ocupando» un aula. Lo de «tristemente» lo digo porque en algunos contextos tener que trabajar de sol a sol por dos «duros» puede resultar motivador y pedagógico.

          1. La verdad es que, salvo excepciones muy excepcionales, ¿conoces a algún alumno de etapas obligatorias -y con esas edades- que priorice el aprendizaje frente a otras cuestiones? Por tanto sí que lo digo en serio 🙂

      1. Hola JUAN:
        ¡Oh,sÍ!,es que nuestra profesora,ya lo he dicho,era excepcional,(te digo que yo era estudiante de sentarme al final y jugar,en vez de aprender); y sí hay profesores así,por no ir más lejos, en los años 1990,mi hija la pequeña,tuvo una profesora excepcional,te diré sus alumnos,preferían ir a clase a caer enfermos y quedarse en casa(escuela pública,aclaro) y repito son casos excepcionales.
        Un abrazo de paz
        Muy buenas fiestas
        minuto

    2. No puedo menos que compartir en su totalidad el comentario. Sí, siempre ha habido heterogeneidad y el reciclarse como docentes debería tener como objetivo el poder adaptarse al aula y conseguir el máximo aprendizaje de nuestros alumnos. No hace falta cambiarlo todo para no cambiar nada. Hace falta ir mejorando lo que funcionaba y cambiando lo que no pero, lamentablemente, da la sensación que amparados bajo discursos falsos algunos pretendan reinventar la rueda en lugar de mejorar su eficacia.

      Un saludo y muchas gracias por comentar.

  3. Interessant, comparteixo algunes idees i penso que cal una mirada en aquest sentit, una mirada que ens ajudi a no enyorar temps passats i que ens faciliti l’adaptació als nous temps sense prejudicis enganyosos.

    Salut

    Josep

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