Los docentes catalanes más innovadores cobrarán más

Siempre hay noticias educativas que, una vez consultada la fuente inicial (normalmente en forma de articulado legislativo), demuestran ser muy parciales. Éste es el caso de la noticia que están publicando la mayoría de medios acerca de la «supuesta» diferencia de salarios entre un docente innovador y uno que no lo es basándose en una Orden (ver) que habla acerca de cómo van a poder justificarse los sexenios por parte de los docentes catalanes. Y ahí entra la confusión -interesada o no- cuando se añaden determinadas posibilidades para esa justificación más allá de los cursos de formación, pertenencia a equipos directivos o cargos dentro de los centros (léase jefaturas de departamento, coordinación TIC, etc.).

El curso pasado ya tuvimos un Claustro bastante encendido en mi anterior centro acerca de la clasificación que se iba a dar a los mismos (en función de cuatro niveles de competencia) que permitiría a los docentes ser evaluados en su práctica docente para alcanzar esos estadios que, una vez cada seis cursos, permiten incrementar el sueldo de los docentes. Se habló de, incluso, olvidarse del currículum para centrarse exclusivamente en preparar a los alumnos para esas pruebas competenciales que, año tras año pasaban al centro. Sí, algunos docentes defendían, más allá del interés del alumno, la necesidad de conseguir subir de nivel para poder obviar los cursos de formación para sexenios e, incluso, en una presumible puntuación que se podría llegar a otorgar en los concursos de traslados (proceso de movilidad del profesorado) en función de estar trabajando en un centro más o menos «bueno» según los parámetros estandarizados de la Conselleria catalana. Y todos sabemos que, por desgracia, en un centro educativo prima más para algunos el beneficio propio que el de los alumnos. Algo totalmente lícito pero que, por desgracia, cabrea soberanamente ver que los que defienden adaptarse a lo que pide la administración para conseguir réditos salariales son los que cinco minutos antes de sonar el timbre ya están arrancando el coche. Sí, los que trabajamos en los centros educativos sabemos que son, precisamente esa minoría de docentes, los que piden insistentemente que hagamos lo que pide la administración incluso que entre en conflicto con las necesidades reales de nuestros alumnos. Bueno, también son los que leen el libro de texto, no se levantan de la silla a la hora de impartir instrucción y que, curiosamente, son los que vierten comentarios más hirientes acerca de los alumnos. Nada, ya sabemos que hay compañeros que hacen mucho más de lo que debieran, otros que hacen lo justo y, los típicos que no hacen y que, por desgracia, también son habitualmente los que no dejan hacer. Y, además, se les escucha y se les da los mejores horarios. Nada, algo que no he entendido nunca.

Fuente: Néstor Alonso
Fuente: Néstor Alonso

Pero, a pesar de lo anterior que desmonta completamente el tema mediatizado, vamos a ver cuál sería el problema de optar por valorar la innovación docente como estrategia para aumentar el sueldo de los docentes. Un problema serio porque, ni a día de hoy se tiene claro que significa el concepto de «innovar». ¿Qué es innovar? ¿Saber la jerga edutech? ¿Saber qué es un PLE, un MOOC, gamificar, Scratch, realidad aumentada o cualquier otra cosa tan en boga hoy en día? ¿Conocer el nombre de las últimas tendencias educativas? ¿Participar en las redes sociales? ¿Tener un blog? ¿Particpar en multitud de jornadas o saraos educativos? ¿Ser ponente de TED talks? ¿Aplicar Visual Thinking a su día a día? ¿Usar un iPad o saber calibrar una PDI? ¿Conocer que es Linux y saber el nombre de tropocientas distribuciones? ¿Jugar con una impresora 3D? ¿Saber algo de robótica?,… ¡Uf!, una lista extensa de requisitos que, por desgracia, lo único que demuestran es el conocimiento en bruto de determinadas modas o novedades guays que se están vendiendo bajo el paraguas de la innovación educativa.

Yo sigo defendiendo lo que dije hace tiempo. No hay docentes innovadores. Hay innovación que se da a base de docentes. Una innovación que, por cierto, ha de centrarse en el aula. No tiene sentido hablar de docentes innovadores (u otorgar ese calificativo) a personas que están trabajando fuera de las trincheras. Por mucho que, según ellos, innoven. Por mucho que publiquen. Por muchos buenos materiales que compartan. Será innovador… pero, ¿docente?

El mejor docente es aquel que da lo mejor en su aula. El que usa las herramientas que considere útiles. El que, a pesar de diferentes contratiempos, intenta ofrecer lo mejor de sí mismo a sus alumnos y compañeros. El que siempre está dispuesto a colaborar. El que no pone malas caras porque sus compañeros no piensen igual que él. El que hace apología del uso de ciertas cosas pero no denosta a quien no quiere usarlas. El que intenta mejorar primero el aula y después el resto del colectivo. Un colectivo que, aunque a algunos les guste relacionarse con los suyos (o con los que son capaces de usar su jerga), se halla en el centro educativo y en todo el colectivo que está relacionado con él (alumnos, docentes y familias). Ese es un docente innovador. Mejor dicho… ese es un gran docente. Dejemos lo de innovador para aquellos que les guste la palabreja.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

1 Comment
  1. Completamente de acuerdo contigo Jordi. La innovación educativa es algo muy difuso y difícil de definir y es un asunto aún más delicado cuando se trata de evaluar y diferenciar a los docentes. La innovación no es jerga ni teoría, es la práctica en el aula que sirve, tiene resultados, da satisfacción a familias, alumnos y profes y puede reutilizarse por otros docentes contextualizando la práctica.

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