Los docentes de etapas obligatorias deberíamos evaluar a ojo

No voy a entrar en este post en discusiones acerca de las diferencias entre la evaluación y la calificación. Creo que, para todos aquellos que nos dedicamos a la docencia, está clara la diferencia entre el proceso y el resultado. Lo sé, debería establecer las diferencias entre las notas que salen en los boletines o ponemos en los exámenes con el proceso continuo de la evaluación en el que, dentro del mix, se establecen un montón de factores añadidos a lo anterior pero, entre que no me da tiempo de hablar sobre lo anterior y que, para la intención de este artículo, no tiene demasiado sentido porque intento establecer otra cosa, voy a obviarlo. No me lo toméis a mal pero os prometo escribir más adelante sobre ello. O quizás, seguramente, entre alguno de los posts que he escrito a lo largo de estos años, algo se puede encontrar.

Fuente: https://www.iagua.es

El método más fiable de evaluación de nuestros alumnos es el ojímetro. Y sí, voy a añadir que, conforme pasan los años y aumenta nuestra experiencia como docentes, las diferencias entre la calificación que obtenemos de uno de nuestros alumnos a ojo (mediante observación a lo largo del trimestre o curso de su trabajo de aula) o mediante rúbricas, hojas en Excel o, estrategias para valorarlo todo y llevar un control absoluto cada vez más complicadas, no llega a una triste centésima la variación entre el ojo y el intentar dotar de valor científico a un acto totalmente subjetivo. No hay errores. Es lo mismo evaluar a ojo que llevar un control milimétrico de los alumnos. Mentira, es mucho mejor evaluar a ojo porque te haces con una visión global y personalizada del alumno mientras que, con la evaluación de partes alícuotas de su aprendizaje, lo único que obtienes es un porrón de números que, al final, sólo te sirven para hacerte un auténtico lío (o, si tienes dos dedos de frente, acabar poniendo la nota a ojo como han hecho los docentes toda la vida). Tengo claro que este sistema del ojímetro sólo es estirable hasta el final de las etapas obligatorias. A partir de entonces ya se juega a otro nivel y los resultados, intereses y factores exógenos, marcan la necesidad de tener un mecanismo de control. Más por la comodidad de los alumnos que por la necesidad del docente o el simple acto de la evaluación. Ellos te lo exigen y, para una cosa que te piden, siempre es bueno hacerles caso. Además, se queda bastante mal diciendo que has evaluado a ojo. Bueno, o quizás no tan mal porque, la verdad, es que los porcentajes no molan nada. Menos aún aquellos basados en situaciones actitudinales y procedimentales. Ya, seguro que Google inventa algo para evaluar todo lo anterior. Dejémonos de tonterías. Los números dicen objetivamente (bueno, qué demonios, va a ser que no) algo totalmente subjetivo como es el proceso de evaluación. Y el docente está en medio de todo el tinglado. De ahí la importancia de la profesionalidad, el sentido común y el tener cabeza para saber qué tipo de evaluación debemos realizar de cada alumno. No todos deben ser evaluados de la misma forma. Sigo insistiendo en que estoy hablando de etapas obligatorias.

Creo que se me ha ido el artículo de las manos. O quizás sea que hablar sobre evaluación es algo tan poco objetivo como lo es la propia evaluación tal y como hemos definido la misma. Los alumnos no, por suerte, tornillos. Es por ello que usar métodos que pretenden convertir en la adaptación de controles de calidad de tornillería la evaluación es algo que me preocupa. Yo, por suerte, seguiré evaluando a mi manera, hablando con mis alumnos, explicándoles muchas cosas acerca de porqués y creyendo en lo que hago porque, al menos para mí, la calificación es sólo un momento puntual de una evaluación subjetiva mucho más global de cada uno de nuestros alumnos. Y esa es la que me interesa más en etapas obligatorias. Mucho más.

Quizás me haya extralimitado pero, después de veinte años no hay ningún compañero que me haya podido demostrar que haya un método más objetivo que el totalmente subjetivo de evaluar a ojo.

A aquellos que cuestionéis mi falta de profesionalidad por lo anterior os recuerdo que todos los concursos de televisión, premios a mejores docentes o, simplemente, todo lo que no tenga que ver con valores industriales medibles hasta valores infinitos (ya, he dicho una barbaridad) se hacen a ojo. O por votación que, por lo visto, es mucho más objetiva para algunos que este método de evaluación 🙂

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

10 Comments
  1. Tienes toda la razón. El cuento de las rúbricas no se sostiene. Basta analizar una al azar de las miles que publican sus autores para comprobar su «objetividad» y su idoneidad.

    Sobre la participación:

    «Nivel avanzado: Pertinente, oportuna, elementos regulares, presta atención a las distintas participaciones

    Nivel medio: Oportuna, aporta buenos elementos, presta atención a las distintas participaciones»

    Olé sus cojones

  2. Sorprendentemente estoy totalmente de acuerdo. Al final los alumnos sacan en los exámenes, trabajos, exposiciones, lo que se sabe ya tras interactuar con ellos. La hoja de Excel es solo para convencer a los ingenuos.

  3. Estoy bastante de acuerdo con el artículo. Hasta me atrevería a decir muy de acuerdo.
    Sólo un par de aclaraciones.
    1) Si alguién piensa que las rúbricas pretenden ser un instrumento para realizar una evaluación objetiva, no ha entendido nada de rúbricas. Las rúbricas no sirven para el profesor. Sirven para que el alumno reflexione: antes de realizar su tarea creando (o almenos leyendo) lo que debe lograr. Después de realizar la tarea para ver sus puntos fuertes y puntos débiles. Y si además puede usarla para evaluar tareas de sus compañeros, mejor habrán comprendido la tarea.
    2) Usar el ojímetro nada tiene que ver con no tener evidencias de aprendizaje. Jordi lo dice muy claro en el artículo: mediante observación a lo largo del trimestre o curso de su trabajo de aula. No hace falta usar hojas de cálculo con miles de notas a la centésima, pero evaluar sólo con el recuerdo al final del trimestre de lo que los alumnos han realizado en clase no es usar el ojímetro, es evaluar a ciegas. ¿Alguién es capaç de recordar la evolución de unos 150 alumnos o más sin apuntar nada? Que suerte. No es mi caso para nada.

  4. A lo largo de un trimestre vas recopilando información a partir de lo producido por el alumno. Lógicamente el elemento más destacado es el examen, los que fueren. A ello se unen preguntas en clase, ejercicios, exposiciones, … Y eso es lo que se valora. Los new hablan de rúbricas casi para cada una de estas pequeñas evaluaciones y no las venden solo como orientación para profesor o alumno, no queramos engañar a nadie, sino como método para puntuar y van en la línea de los estándares, una especie de deconstrucción de la enseñanza y desconfianza hacia el profesor. Es evidente que su valoración global se hace a partir de las valoraciones de cada una de estas producciones de los alumnos pero no puede significar ir contra ellas por una sensación final porque el propio alumno reclamará una cierta objetividad, y no digo el beneficiado sino también el agraviado.

  5. ¿Evidencias de aprendizaje?? ¡¡Valgame Dios!! ¿Cuánto dura una evidencia de aprendizaje? Creo que lo sé: lo que duran dos peces de hielo en un güisqui onderock. ¡¡Evidencias de aprendizaje!!!

  6. Perdona, pero eso es imposible. ¿Tu ves «Saber y ganar» de tv2? »Cuál es la evidencia, ¿que responden a las preguntas? ¿ Y qué? ¿Como afecta eso a su vida? ¿No conoces la curva del olvido? ¿Como se manifiesta el aprendizaje? Perdonadme, pero esto es todo MENTIRA, pero de esto vive.mucha gente sin estar en el aula. ¡¡Vaya timo!!

  7. Pues estoy muy de acuerdo con lo del ojímetro. Después de 30 años de docencia en Primaria creo que es el método más eficaz. Otra cosa es que tras la observación se recojan las evidencias de aprendizaje mediante un portfolio. A mí me funciona bien. Una simple carpeta con documentos, composiciones escritas, ejercicios diversos… toda la producción de un alumno/a que después valoro y analizo con cada uno de ellos (y después ellos con sus familias). Lo de las rúbricas, como dice Jaume, son muy útiles para guiar al alumno para dirigir sus esfuerzos hacia un aprendizaje más eficaz. Como bien dices, Jordi, es posible (y deseable) en Primaria (aunque algunos no tenemos entre 15 y 28, pasamos de los 30). Si como dicen algunos por ahí, los que evaluamos con el «ojímetro» contribuimos al «fracaso escolar», pues fenómeno. Me apunto al club.

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