Los docentes no somos clase media

Hace poco he leído un tuit del responsable de un partido político en el que habla que, aumentar un 2% la retención que se aplica a rentas superiores a 130.000 euros, supone que la clase media tenga más presión fiscal.

Fuente: Flickr CC

Tenía claro de hace mucho que los docentes no somos clase media. No conozco a ningún docente en activo, salvo quizás el par más mediáticos (que, además no pisan el aula) que llegue a esa cantidad. Bueno, creo que ni la Ministra del ramo ni los Consejeros de Educación de las Comunidades llegan, ni tan solo a la mitad de lo que supone ser clase media. Por lo visto, todas las personas que se dedican a la educación, en cualquier ámbito (universitario incluido), somos una representación de la clase baja. Yo lo tenía claro pero, por lo visto, tengo algún compañero que va de pequeño burgués. Y no, pillarte una mutua privada, irte de vacaciones, con suerte quince días o, simplemente poder salir a comer alguna vez fuera de casa, no te convierte en clase media. A ver si algunos se lo tatúan a fuego.

Que los docentes no teníamos clase ya lo tenía claro. Solo hace falta leer las páginas en los medios donde se habla de nuestra profesión y la desgracia que, en ocasiones supone el reivindicar los derechos laborales. Es que, aparte de vagos y maleantes ahora ya no podemos ni tan solo decir que pertenecemos a la clase media. Mierda. Con lo mal que les va a sentar a algunos que creían que llevando a sus hijos a un centro educativo «libre de inmigrantes» o, simplemente eligiendo una mutua privada sanitaria en lugar de la Seguridad Social, se pensaban que eran grandes aristócratas. Pues va a ser que no.

Más allá de la anécdota, el problema de algunos docentes es que se han creído parte de un estamento al que no pertenecen. No somos más que trabajadores. Al mismo nivel que el que va al huerto, el que hace de reponedor en un supermercado o, cualquier otra profesión de esas que algunos tanto desprecian por creerse superiores. Algunos ya estábamos hartos de ver a compañeros despreciar a quienes se manchan las manos, reivindican con dureza sus derechos laborales o, simplemente, tienen la desgracia de tener unos turnos de trabajo muy complicados. Ya si eso entramos en la petulancia y en creer ser mejores que…

A día de hoy un docente solo tiene dos opciones: seguir creyendo que se es un privilegiado y pretender conservar esos falsos privilegios mientras otros, como siempre sucede, se están aprovechando de lo anterior o, simplemente quitarse la venda de los ojos y descubrir de una vez que somos unos simples curritos. Unos curritos que trabajamos para poder llegar a final de mes, que lo intentamos hacer lo mejor posible como la mayoría de los trabajadores y que, al final, trabajamos en un servicio tan poco vocacional como el de cualquiera. Si no entendemos lo anterior, seguiremos mintiéndonos a nosotros mismos. Eso sí, después alguno seguirá votando a esos que dicen que no somos clase media. Es lo que tiene tener a determinados compañeros con encefalograma plano y muy poco criterio porque, como he dicho antes, ser docente no te hace mejor, ni más guapo ni, por desgracia para algunos, más listo que otros.

Bienvenidos a la clase trabajadora en la que yo llevo muchos años sintiéndome muy a gusto. Bueno, hasta que me toque la lotería, claro está 😉

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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