Los docentes perfectos

¿Soy el único al que le da la sensación que, en demasiadas ocasiones, son los peores profesionales de su ámbito los que dan consejos a los demás? ¿Soy el único que, a lo largo de su vida profesional, se ha encontrado con auténticos inútiles, odiados por sus alumnos y que, curiosamente, siempre se escaquean que son los que se dedican a pontificar de sus amplias virtudes cuestionando a todo aquel que, por determinados motivos, se les haya cruzado por motivos desconocidos? Sí, resulta curiosa la simbiosis de inútil con parlanchín. Resulta digno de estudio el observar cómo los peores docentes de aula son, en muchos casos, promocionados o incluso se les puede ver gestionando diferentes centros educativos en caso de que se lo permitan? Por suerte en muchos casos se quedan a las puertas de esos cargos pero, cuando acceden a los mismos, trasladan todo eso que no han hecho nunca en el aula a la obligatoriedad de hacerlo a los docentes de sus centros. Sí, yo he sufrido en mis carnes la existencia de ese tipo de profesionales. Bueno, más bien de personajes que, quizás en alguna ocasión creyeron en su trabajo y cuya única función actualmente en su vida es la de crear un mal ambiente de trabajo, hacer puntos para escapar del aula y convertir sus aulas -y centros, en caso que hayan promocionado a la gestión de los mismos- en el nuevo Alcatraz. Empatía nula y trepadismo máximo.

Fuente: ShutterStock
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Son vocingleros de salón. Expulsan de sus bocas siempre críticas a los demás compañeros y buscan siempre el malmeter en los centros. No, no es cuestión de intentar mejorar lo que sucede en su centro. Es, simple y llanamente, su estrategia para seguir no haciendo nada y hablando en corrillos buscando acólitos que les permitan sentirse importantes. Acólitos que, sinceramente, no llego a entender que se crean sus falsas peroratas. Menos aún si se trata de compañeros de trabajo con los que llevan coincidiendo desde hace tiempo. Sí, buscan el ataque y siempre procuran hacerlo, de tal manera, que les permita sentirse héroes. Bueno, más bien son unos miserables. Unos miserables bastante inútiles en su profesión. Una relación que es digna de mención porque se da habitualmente.

Hay tontos útiles y tontos inútiles. Y, por qué no decirlo, personajes inútiles que van de maravillosos cuya respetabilidad se ve desmontada a la primera de cambio cuando hablas con sus alumnos. Son los típicos que en las Juntas de Evaluación no les importan sus alumnos ni las circunstancias que les rodean. Son aquellos que tienen la empatía al nivel del talón. Son los que, curiosamente, piden más mano dura y después van de guays. Sí, esos que están en contra de los deberes y mandan toneladas de actividades a realizar en casa bajo el pretexto de que, con esos trabajos semanales, sus alumnos van a adquirir la perfección. No es una visión sesgada desde mi óptica personal, es una realidad contrastable en todos los centros en los que trabajan esa minoría a la cual todo el mundo odia y admira a partes iguales. Y eso es algo que da mucho miedo.

La mayoría de docentes tenemos días buenos, malos y regulares. Tenemos a alumnos con los que empatizamos más o menos. Intentamos, dentro de nuestras posibilidades, intentar suplir muchas otras cosas más allá de la pura docencia e intentamos, en todo momento, adaptarnos a nuestros alumnos sin obviar nuestra relación profesional con ellos. Y sí, nos equivocamos en ocasiones. A diferencia de esos que, como he dicho antes, son perfectos. Perfección que, con su altavoz, vocean a los cuatro vientos. Sí, hay docentes perfectos cara a la galería pero no se os ocurra escarbar un poco en sus actuaciones profesionales porque, los mitos al igual que los ídolos, caen por su propio peso.

Me gustaría aclarar una cosa por si no ha quedado suficientemente clara en el post. Este tipo de docentes "perfectos" son una minoría en las aulas de nuestro país. Y lo digo desde la experiencia de muchos centros y trabajar codo con codo con muchos compañeros de profesión.
EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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