Los docentes, por suerte, aún tenemos derechos laborales

A lo largo del día de ayer vi, por desgracia algo que veo últimamente de forma demasiado recurrente para mi gusto, a una directora de un centro público cuestionando un derecho laboral de los docentes, justificándolo bajo el supuesto de que atenta contra el derecho del alumnado.

Fuente: Twitter

Debo reconocer que, a mí también me parece un exceso el tener dos horas lectivas para votar a lo largo de la jornada lectiva en las elecciones sindicales. Algo que, por cierto, usan muy pocos docentes porque, salvo los que tienen habilidad en escaquearse habitualmente, la mayoría aprovechan/aprovechamos algunos huecos que tenemos entre clase y clase, entramos un poco antes o, simplemente, votamos al irnos cuando ya hemos acabado nuestra jornada.

Pero lo que me preocupa es lo que subyace tras el tuit. El tema de contraponer derechos laborales de los docentes a los derechos del alumnado. Pues va a ser que no lo compro. Los derechos laborales son DE LOS TRABAJADORES. Al igual que cuando uno legalmente hace huelga y falta a clase para reivindicar sus derechos o, simplemente, usa el derecho de ir al médico en su horario laboral (no siempre puede elegirse, y aún menos, si uno elige la Seguridad Social, la hora de visita para que no coincidan con las clases), también tiene que tener el derecho que se le otorga en otros casos.

En Andalucía por ejemplo puede haber gente que esté el domingo votando y, todos sabéis que las personas que están en una mesa electoral tienen derecho a no ir a trabajar el lunes porque, se les supone que lo han hecho para todos los ciudadanos el domingo (su día festivo).

Lo mismo para los permisos por traslado de domicilio, bajas médicas (¡ya está bien de cuestionar cuando alguien se pone enfermo!), formación remunerada hasta cuatro días laborales cada curso escolar (podemos criticar a qué se va pero legalmente hay derecho de hacerlo) o, simplemente, acompañar a un familiar de primer o segundo grado que han operado. Ya está bien que algunos directores y compañeros pongan mala cara por tener la mala suerte de que estén operando a tu padre o que, por desgracia, tu hija tenga una neumonía y la tengan ingresada en un hospital a cien kilómetros del trabajo. Ya está bien de pisotear o pedir que esos derechos laborales se limiten.

No me gusta nada, al igual que no me gustaría nada si estuviera trabajando en otra profesión, que mis jefes dijeran abiertamente que deberían derogarse determinados derechos laborales. Los derechos laborales son incuestionables. Y, jamás, debería plantearse el reducirlos porque, todos sabemos que un derecho perdido jamás conlleva un derecho ganado.

Creo que jugar a que los derechos laborales de uno entran en conflicto con los de otro es nocivo porque, al final, lo único que estamos dando es la sensación de que en determinadas profesiones uno no debería tener ningún derecho. O, simplemente, supeditarlo a terceros.

Si abrimos el melón de los derechos laborales ya podemos seguir con el tema de pagar diferente en función de si uno es más innovador (según criterios muy sesgados) o, simplemente, el creerse que uno vive en un cortijo cuando, lo que hace realmente es gestionar los derechos de sus trabajadores. Y, en este caso estoy hablando de aquellos que cuestionan o ponen trabas a que los docentes puedan, sin ningún tipo de remordimiento o presión, disfrutar de sus derechos laborales. Unos derechos que, por desgracia y al igual que sucede en casi todas las profesiones bajo justificaciones varias, cada vez son menos.

Finalmente me gustaría aclarar un detalle. No es una crítica a la profesionalidad de Lola. Es usar su tuit para hablar de algo que me preocupa. Y, además, en este caso, tenía bastante fresco el debate por haber participado en él. Un detalle, no os quedéis con el tuit y buscad la conversación en Twitter porque, a veces, no es tal y como algunos podemos contarlo. Y yo uso solo un tuit para hablar de derechos laborales. Es, simplemente, el hilo para el artículo.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

5 Comments
  1. No hay derechos menores ni mayores, y salvo que se inventen un mejor sistema de representarnos y mejorar nuestras condiciones laborales, los desprestigiados sindicatos es lo que nos queda. No sólo es cada vez más difícil convocar una asamblea laboral del profesorado sino que una gran parte del mismo pasa de los sindicatos, la misma que suele recurrir a ellos cuando “su” tema no le va bien. De pena.

    1. La idea es la defensa de los derechos porque, como bien dices, cuestan mucho de ganar y muy poco de perder. En el tema de los sindicatos, aunque nos guste más o menos en qué se han convertido, se debe apoyarles porque, al final, a menor poder sindical menos protección aunque algunos digan “que no sirven de nada”. Eso sí, como bien dices, todos corriendo a ellos cuando tienen algún problema.

      Un saludo.

  2. Pues yo no veo ninguna anormalidad en lo que plantea Lola. Soy docente de la pública también, y pienso que la directora, que al fin y al cabo es un profesor más dando su opinión, expresa lo que muchos pensamos, el escaqueo de ciertos compañeros que en cuanto pueden dejan el aula sin profesor para cuestiones nimias. Lola lo dice bien cuando expone que hay jornada laboral para todo. Seguro que el mensaje iba dirigido a dos o tres aprobetxategis que casi siempre hay en casi todos los institutos.

    1. A mí lo de usar la misma justificación del gobierno cuando los recortes, para acabar descontando por bajas médicas dando por supuesto que todos los docentes “eran unos cuentistas” es algo que me preocupa. Y hace falta ser muy estúpido para no darse cuenta que esa persecución a los dos o tres y pedir la abolición de un derecho para todos (que cuestan mucho de ganar y poco de perder) me parece que dice muy poco del sentido común de quien lo pide. Bueno, eso salvo que alguno crea que él/ella es el único profesional del cotarro. Algo que, por lo visto, algunos se tienen muy creído.

      Un saludo.

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