Los docentes y el 5%

En este mi primer texto quiero agradecer a Jordi que me haya invitado a escribir alguna que otra entrada en su página. Creo que ambos coincidimos en el gusto por expresar y compartir ideas (me alegra saber que aún existe gente con vida propia, lo cual es bastante difícil hoy en día)

Llevo bastante tiempo rumiando una idea acerca de mi profesión y este es el momento en compartirla. Me sabe mal, porque igual me meto en un jardín, pero es algo que me molesta mucho en cuanto y tanto impide valorar en su justa medida a los docentes, y en general a la función pública.

Fuente: http://www.elperiodico.com
Fuente: http://www.elperiodico.com

De sabido es que gran parte de la culpa de la corrupción (en todos los partidos) ha sido la falta de control. Se han creado leyes, portales de transparencia, medidas de seguimiento a los políticos… Porque lo que ha sido evidente es que dejar las riendas de nuestro país al amparo de la buena fe de los que nos han gobernado, ha sido un desastre.

Pues llevado a nuestro terreno, la educación, (aunque serviría el ejemplo en el resto de administraciones públicas) ha pasado y está pasando algo similar. Tal y como digo en mi título, existe un 5% de profesores que, aprovechando la ausencia de un mínimo control, incumplen de forma clara con el mínimo exigible a un docente digno. Me refiero a esos profesores que llegan repetitiva y ostensiblemente tarde a las clases, que faltan de forma sospechosa y de forma reiterada determinados días (sin o con «motivo aparente»), que no cumplen el currículum, que tratan mal a sus alumnos…

Pero, no nos equivoquemos, es sólo un muy pequeño número de profesores (yo he puesto un 5%, ajústese en cada instituto/escuela el dato) El resto, cumple, en muchos casos con creces, con su labor de docente implicado con sus alumnos, su formación y su educación, pero que, en definitiva, cargan con la mala imagen de ese pequeñito grupo que no cumple.

Y es que los que en su día aprobamos una oposición, que disfrutamos de esa “plaza fija” (que por otro lado tanto nos ha costado), necesitamos que alguien nos controle. Y lo digo desde la tranquilidad de alguien, y como yo ese otro 95%, a los que no nos importaría que alguien viniera a nuestro centro a ver si llegamos tarde, si faltamos, si cumplimos con nuestras clases… Seguro que pasaríamos la prueba con éxito (dentro de unos márgenes obviamente y siendo conscientes de las dificultades que presenta hoy en día la tarea del profesor) Pero, esos otros, esos que por otro lado todos los padres te mencionan cuando hablas con ellos, esos que son la referencia (negativa) del instituto en el pueblo, esos, les aseguro que quedarían fácilmente al descubierto.

El hecho de que un día aprobáramos una oposición no nos da derecho a hacer lo que queramos. De hecho pienso, que ese privilegio debería ser renovado cíclicamente y el que no cumpliera con unos requisitos mínimos, por qué no, pudiera perder la plaza.

Y por favor, no se trata de fiscalizar a los profesores, de ver si cumplen éste o aquel objetivo, si han hecho ésta o aquella acta, sino de no permitir que ciertos docentes hagan de su profesión un apaño personal al amparo de una plaza fija que nadie supervisa.

Dignifiquemos esta magnífica profesión que, a pesar de tener tan mala prensa, tanto aporta a la educación de nuestros niños y jóvenes y a la que muchos profesores dedican tanto tiempo y esfuerzo día a día, porque no necesitan que nadie les recuerde que es su obligación, sino porque creen en lo que hacen y les encanta enseñar y educar.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Javier Gallart

Soy profesor de Secundaria, de Matemáticas. Inquieto por naturaleza. Me gusta ser activo en mi profesión. Dialogante, que no discutidor. Disfruto con tertulias sobre educación y otros temas (leáse política, fútbol...). Soy corredor de montaña y me encanta la naturaleza. Alto y flaco (bueno, eso dicen).

7 Comments
  1. y Quién controla al controlador del controlador del controlador?

    No sería mucho más sencillo un modelo nórdico de cheque escolar y libertad educativa?

    Te llevo a mi hijo, cobras. Mi hijo no va, no cobras. Limpio y claro.

    De esta forma se acaba con los problemas del 5% y del 95 restante. Sin opos, sin funcuonarios, sin inspectores, sin currículums obligatorios, sin horarios impuestos. Solo profes, alumnos y padres. A pelo.

    Por cierto, mezclas aspectos que no tienen nada que ver: llegar tarde, no cumplir el currículum, tratar mal a los alumnos. Vaya tela. Quizás cada uno tenga sus prioridades. Si para cumplir el currículum hay que tratar mal a tus alumnos qué pasa?

  2. ¿Y si realmente son un 5% hay que gastar tantos recursos en establecer esos mecanismos de control de los que carecen otros muchos funcionarios y trabajadores? O son más o, como siempre, tras la retórica de la evaluación y el control de la inspección se esconde el empeño de muchos por recortar la autonomía del docente (una vez cerramos la puerta nadie puede imponernos su visión de la enseñanza, estamos nosotros a solas con nuestros alumnos y no somos controlables) y someterlo a las directrices pedagógicas y políticas de la administración de turno.

  3. Yo no sé cómo mejorar la función pública docente. Vaya por delante.

    Pero sí sé lo que sucede en muchas aulas y centros.

    Vaya también por delante que una mayoría de docentes cumplen.

    Los que no cumplen se conducen de la siguiente manera: tratando mal a los niños, yo lo h visto, me daba miedo hasta a mí.
    Quejas de los padres a dirección y nada, niños al psicólogo, clases de niños acojonados y nada, niños que abandonan el centro y nada.
    Luego están los » intocables» , los que han tejido una red y controlan » la hoja que se mueve» en el centro, con un fin, controlar para mandar, preservando su status no vaya a ser que alguien que llega se los puede quitar y para recibir privilegios, esto es, horario bueno, sustituir poco o nada, irse a las doce.. Claro todo con la aprobación de los directores y complicidad de amigos jefes de estudios.

    Los directores , por otro lado, para que este grupo de » intocables» no les haga la vida imposible y mantenerse en el puesto privilegios quete crió.

    Los pobres interinos , provisionales o nuevos a » hacer lo que nadie quiere».

    La inspección siempre está de parte del director. Así que… pregunto yo : cómo se van a cambiar las cosas??

  4. Un niño, a lo largo de toda su escolaridad, se va a tropezar con más de 30 maestros (y a lo mejor me quedo corto). El 5% de 30 es 1 maestro y medio de «malos». ¿Merece la pena pagar a un controlador para esto?

    A mí como madre y maestra me gusta que mi hijo se encuentre a lo largo de su escolaridad con diferentes tipos de maestros (buenos, malos y regulares). Tiene que saber que todo el mundo no es igual, que cada maestro tiene sus peculiaridades, tiene que analizar a qué da más o menos importancia, y tiene que aprender a «capearlos». Eso le servirá para aprender estrategias para saber tratar con la gente, no sé cuál será su futuro, pero a lo mejor le toca lidiar con un jefe «cabrón» o a lo mejor él es el jefe y tendrá que decidir a qué modelo parecerse, con cuál estuvo más a gusto, con cuál aprendió más…

    Me parece que hay cosas más apremiantes en educación que cazar ovejas negras, como por ejemplo, que el currículo y la metodología están anclados aún en el siglo XIX.

    1. No, no. No hay que pagar a nadie. Tenemos inspectores y directores que podrían hacer mucho por cambiar las cosas.
      Veo que eres madre, pero precisamente las madres/padres son los primeros que, en las reuniones de padres, en los consejos escolares, en las tutorías, en las Ampas,… son los que siemprre se quejan de este tipo de profesores. Sí, son pocos, pero hacen mucho daño. Si contáramos todos los políticos de un partido y viéramos qué tanto por cien son corruptos, probablemente sería un número muy pequeño, pero son los que se cargan el sistema.
      No estoy de acuerdo en que para «capear» un mal jefe, tenga que aprenderlo en la escuela/institutos. Lo que tenemos que hacer los docentes es enseñar y formar, epro sobre todo, dar buen ejemplo.

  5. Una pregunta María: elegirías a ese docente como maestro de tu hijo o hija? Seguro que no. Lo evitarías.

    Suscribo lo que dice Javier en su post. Y añadir que los niños son indefensos. Carecen de recursos mentales para afrontar una contínua situación de hostilidad; donde se orofieren amenazas e insultos, además de voces, malos modos y actos despectivos. Es así.

    Vivir con temor en la infancia produce inseguridad y sentido de culpa, tanto en ese momento como luego en la madurez.

    Si pretendemos educar cómo actuamos así o justificamos semejante conducta.

    Por otro lado comentar que tenemos un nuevo currículo, es reciente y no del S.XIX. Nos guste más o menos.

    De métodos puedo decir que hay como colores. Ante todo recordar la » libertad de cátedra «. Luego mencionar que la aplicación de un método didáctico depende de la organización del centro, tiempo, espacio, ratio, recursos, agrupamientos, disponibilidad horaria, un contenido u otro.
    Seguro que hay maestros que no pueden hacer lo que quieren por todo lo mencionado.
    Además eso de que maestrillo tiene un librillo es muy verdadero.

    Resumiendo, que a los niños hay que respetarlos y a los compañeros hay que tratarlos por igual, nos caigan mejor o peor.

  6. Me parece que estamos hablando de cosas diferentes. Parece que Opus35 habla de maltrato infantil o algo peor.
    Aquí se están poniendo muchas cosas sobre la mesa y se están mezclando al más puro batiburrillo. Un maestro que llega tarde de forma reiterada no tiene por qué ser un mal maestro, igual que uno que no sigue el currículum. Al que llega tarde sin justificación, pues toque de atención, igual que en cualquier trabajo. Al que no cumple el currículum…ojo, porque puede que esté justificado dependiendo del grupo que le haya tocado. Al que trata mal a sus alumnos, pues lo mismo, toque de atención, pero del que lo vea, no hace falta que venga el inspector, si tú ves algún tipo de vejación, pues actúas en consecuencia, vamos digo yo, a menos que seas de esos cobardes que anteponen el corporativismo a la integridad de los niños que tienes entre manos. Yo misma le he dicho a alguna que otra compañera «¿No te has pasado un poco?» o incluso he llegado a entrar en una clase en la que he escuchado gritos a ver qué pasaba o he comentado en claustro cosas que me parecen injustas (como que los alumnos no puedan hablar en su idioma nativo con sus hermanos o primos en los recreos) y que llevaría a donde tuviera que llevar para cambiar las cosas. A menudo me adelanto para intervenir en situaciones que sé que pueden acabar mal si son tratadas por algún maestro concreto y hacer de maestro de maestros. Muchas veces, a esos maestros sólo les hace falta alguna estrategia para controlar una situación específica ante la que no saben cómo actuar muy bien y les desborda.
    Yo sé de maestros que didácticamente hablando son nefastos (desde mi punto de vista, claro) y sin embargo son muy buenos resolviendo problemas sociales. También a la inversa, maestros innovadores que siempre traen cosas nuevas, divertidas y con miga educativa y que ante situaciones conflictivas no saben cómo actuar o no saber hacerse con el control de la clase.

    Pero una cosa es maltratar y otra severidad. Yo hablo de lo segundo, miestras que vosotros parece que habláis de lo primero.

    Y sí, mi hijo tiene una maestra severa, con clases 100% magistrales, y trae tareas de fotocopias de fotocopias de fotocopias de los años 80 con las que se lleva hasta las 9 de la noche. Pero a mi hijo le digo que tiene que adaptarse y punto pelota. Eso sí, eso no quita que en las reuniones yo pueda comentarle un par de cosas.

    Y sí, tenemos un currículo del s.XIX, hecho por carcas que no tienen ni puta idea de didáctica ni de lo que hace falta aprender en este siglo ni cómo, obsesionados por añadir contenidos insulsos que no sirven para nada, y llenarlo todo de mierda burocrática.

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