Los eduexpertos

Resulta curioso ver como hay determinados personajes que, curiosamente, un día hablan acerca de transformación digital de las escuelas, al siguiente de productos de una determinada multinacional y, al tercero, de adicciones de los productos tecnológicos en nuestros alumnos. Lo curioso no es ver lo anterior. Lo curioso es irse a buscar su biografía y encontrarte que no son ni docentes, ni psicólogos de formación, ni tampoco poseedores de una carrera en el ámbito tecnológico. Supongo que todo el mundo puede ganar dinero vendiendo lo que a uno le apetezca pero, es que esto de los todólogos educativos que ni pisan aula ni, por lo visto, tienen ninguna formación en pedagogía, psicología o carreras más tecnológicas, ya empieza chirriando demasiado. Y no, no es cuestión de dar nombres porque, al final, si uno naufraga por las redes se los encuentra dando su opinión en determinados medios, como estrellas de un cartel de ponencias o, simplemente, con chiringuitos creados a medida para exponer los cambios que los que sí saben van a aportar de forma desinteresada mientras ellos sacan tajada. Es que, al final, ese aprovechamiento del trabajo o ignorancia de terceros es su única forma de vida.

Fuente: ShutterStock

Y ya cuando uno entra en el tema de la supuesta curación de contenidos, todo lo que supone fiabilidad se desmonta. Coordinar o gestionar el trabajo de otros es mucho más sencillo que hacer el propio. Además, cada vez que uno incluye trabajos de terceros y los dota de envoltorio de regalo, ya tiene agradecido al que se ha currado el recurso y, seguramente, a otro que piensa de forma errónea que el que recopila el recurso tiene algo de idea de lo que está hablando. No puedo menos que dejar de pensar en este caso en el perfil de una ex consejera de educación que en su biografía de Twitter ponía «docente de vocación pero que nunca ha ejercido». Ya, es lo que tiene el no ser nada, aparentar algo y, gracias a terceros, reconvertir esa apariencia en realidad. Y no, todo es mucho más complejo porque uno puede ser ginecólogo de vocación o tener un blog donde va incorporando lo que hacen los ginecólogos pero ello, al final, no significa que sepa de la profesión. En cambio, por lo que se ve, en educación sí se puede.

No existen los expertos en todo. En cambio sí que existen opinólogos de todo (todólogos es otra palabra que los describe), tertulianos de la nada y, por lo que uno conoce, gente más o menos simpática que ha conseguido hacerse un hueco como experto de algo que desconoce completamente. Lo de hablar de oídas no es muy serio. Bueno, menos lo es aún comparar a ese personaje sin ningún tipo de formación ni experiencia con un docente de aula, un investigador educativo o, simplemente, un gestor de aplicaciones informáticas. Ahora que lo que mola es certificarse en herramientas y convertise en experto según el canon que marcan algunas empresas privadas, llegando al extremo de ser embajadores low cost de las mismas, ya es de traca. Más aún cuando uno se entera que hay varios de esos que van de lo más en el uso de herramientas que son sus parejas, informáticos de profesión, quienes hacen realmente el trabajo que se otorgan como propio. Eso del aprovechamiento de terceros para medrar es algo muy típico. Demasiado en el ámbito educativo.

Uno puede lícitamente autodenominarse experto, evangelizador, monstruo de las edugalletas o cualquier otra denominación que le apetezca pero, al igual que los docentes no somos expertos en neurología, creación de materiales audiovisuales o, simplemente, cocina con nitrógeno para hacer alguno de esos platos que tanto gustan a aquellos que tienen pasta, hay que distinguir claramente que muchos vividores de la educación no tienen ni experiencia empírica ni formación en educación. A pesar de ello son entrevistados por los medios como expertos o, simplemente, aplaudidos por docentes que se valoran demasiado poco. No, conseguir experiencia en ámbito es algo mucho más serio que leerse cuatro blogs, buscar cuatro citas en Google de determinados autores o, simplemente, leerse las cuatro últimas líneas de conclusiones de una investigación educativa.

En educación hay expertos en contar trolas, expertos en neuroeducación cuando el concepto no existe, expertos en herramientas tecnológicas que no son informáticos y, finalmente, expertos en hablar de todo sin tener ni pajolera idea de nada. Eso sí, ¿sabéis a quién llaman para dar ponencias o los medios para darles esas páginas de economía? Sí, a esos «expertos».

Con Google, las redes y un bizcocho, uno puede ser un eduexperto hasta las ocho 🙂

Sé que soy muy machacón con el tema de los falsos expertos educativos pero creo que es importante remarcar el tema porque, de forma directa o indirecta, estos personajes están haciendo mucho daño a la educación.
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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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