Los edutrols

Llevo ya un tiempo en Twitter. Quizás sea la red con un mayor número de cuentas de personajes, muchas veces enmascaradas bajo un falso anonimato, que se dedican, como única función, a la realización de ataques personales o, simplemente, a cuestionar con malos modos todo lo que diga la persona a la cual han puesto una diana en la espalda. Reconozco que, en ciertos momentos me lo busco porque, seamos sinceros, hay cuestiones en las que me paso de ácido o crítico pero, al final, es como decíamos en mi juventud, el ambiente que me lleva a ello. O… aquí se viene a jugar.

Fuente: Grigory Serov

No conozco personalmente ni a una milésima parte de los que he tenido algún «enfrentamiento» en Twitter. Quizás, tampoco me interese porque, curiosamente, debates que empiezan cuestionando una determinada metodología, el uso de recursos públicos o, simplemente, los modelos de hacer ciertas cosas, acaban pervirtiéndose, por parte de algunos, en una batalla donde lo único que importa es ganar. Y, al final, acaba convirtiéndose en un capítulo más de Juego de Tronos. Serie que no he visto pero que, por lo visto, no te deja encariñarte con ninguno de sus protagonistas. Creo que se me entiende.

Lo de pedir respeto en las redes está muy bien si uno repeta pero, oh chorprecha, resulta que los mismos que hablan de los trols y del daño que hacen son los mismos que, si mis ojos no me engañan, retuitean y dan me gusta a personajes que se esconden tras el anonimato cuando critican a sus «enemigos». Algún día alguien me tendrá que explicar qué puede llevar una discusión educativa al terreno personal. Bueno, viéndolo en el fútbol, no me extraña. Además, para algunos la metodología o el seguidismo, se convierte en argumentos más potentes que la compra de una bandera en el chino de al lado de casa. Es que, como bien sabemos en este terruño, lo importante no es debatir acerca de cuestiones de calado. Lo importante es usar el ataque personal como herramienta básica para intentar hundir a quienes piensan diferente que nosotros. Y si no, que se lo digan a los que están hablando de «marquesas», «casta», «disminuidos motóricos», «calvos» o, simplemente, cualquier otro argumento de peso para defender sus ideas y atacar a quien no piensa como ellos. Y, reconozco que, en ocasiones, es muy difícil no caer alguna vez en ese argumentario tan básico y digno de etapas evolutivas previas.

En los últimos tiempos salimos a una historia de trol, relacionado con el ámbito educativo, por día en Twitter.  Bueno, a varias en los días en los que hay suerte. Una red que, por lo visto, se ha convertido en una jungla, poblada de manadas educativas, líderes supremos, alcohólicos que no asisten a las sesiones y mucho, muchísimo personaje que va pidiendo sopitas para él mientras se la va negando a los demás. Ya si queréis entramos en aquellos que son capaces de decir que Twitter se ha convertido en un ecosistema del canibalismo, cuando los principales caníbales son ellos. Es lo que tendría, usando el símil, que Hitler llamara fascista o nazi a un tercero. Sí, si hubiera existido Twitter en su época estoy seguro de que lo anterior hubiera sucedido porque, viendo lo que sucede con perfiles supuestamente educativos, uno ya intuye ciertas posibilidades y sus porcentajes.

Hoy, seguramente, va a haber más historias de edutrols (me encanta inventarme palabrejas). Con lo fácil que sería disertar acerca de si la pizza debe llevar piña o, simplemente, hacer un debate comparativo entre lo fanáticos que pueden ser determinadas religiones y sus acólitos. Y, al final, seguro que salta la chorprecha y el que ofende se convierte en ofendido. No, no lo digo por mí que, suficiente tengo hoy con mi ingesta dominical de paella. Es que, a veces, soy bastante primario en mis necesidades y juego lo justo a ciertas cosas.

Un abrazo a los que lucháis contra los edutrols. Eso sí, alguna vez también es bueno mirarse en el espejo. Yo lo hago en ocasiones y me doy cuenta de que, por desgracia, en ocasiones caigo en ello. Algo que intento ir mejorando porque, al final, ¿qué te aporta realmente llevar un debate profesional a cuestiones personales? Poco o nada. Mejor salir a pasear con los amigos y familia. Cunde más el día.

Eso sí, lo de dejar de ser edutrol cuesta. Y más a aquellos que no tienen una vida detrás para vivirla y disfrutarla. La vida, en el siglo XXI, empieza cuando dejas de tener cobertura.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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