Los mejores regalos no están debajo del árbol

Me he despertado pronto con los nervios (y el insomnio perpetuo desde la operación) de la visita de algunos personajes de ficción que, supuestamente, llenarían el árbol del comedor con múltiples fruslerías más o menos textiles, tecnológicas o, simplemente, de disfrute al pasar sus páginas. He abierto la puerta y me he encontrado con múltiples bolsas, cajas y cosillas mejor o peor envueltas, totalmente etiquetadas. Ya, al pasar una cierta edad cada vez ves menos tu nombre pero, al final, siempre piensan en ti. O, al menos, lo intentan.

Fuente: Pinterest

Pero lo importante no son los regalos que se hallan bajo el árbol. Lo importante son otras cosas que dependen más de personas de carne y hueso que de tradiciones más o menos interesantes/interesadas. Toneladas de regalos que, simplemente por el hecho de respirar, poder ver a tu hija como va creciendo y, al final, saber que este año has podido disfrutar de toda tu familia sin ninguna baja en el camino, te hace poseedor del mejor regalo de todos. Además, por suerte, trabajo no nos falta y ganas de tirar proyectos en común tampoco. Eso sí, siempre con todos sus vaivenes porque, qué sería de un proyecto común sin tomar decisiones, contraponer puntos de vista y llegar a acuerdos. Poco menos que nada. Y la nada o la simple soledad no deseada no es algo que a algunos nos apetezca.

Me han traído toneladas de esperanza, de buen humor y de ganas de enfrentarme a proyectos más o menos vitales con mucha ilusión. Por suerte se han dejado la utopía en casa, la ficción en las películas y, la genuflexión interesada o de falta de confianza, dentro de los lugares de culto a los que cada vez acuden menos. Ahí deben estar ciertas cosas. Disfrutar de lo bueno de la realidad, luchar para poder cambiar, dentro de las posibilidades de uno lo que le rodea e, incluso, plantearse posibilidades futuras para poder seguir librando ciertas batallas en las que creo que nos jugamos mucho, siempre es lo más interesante que nadie puede traerte. Bueno, más que traértelo «desinteresadamente» terceros, lo que tiene que hacer uno es luchar por alcanzar esas realidades.

Al final todo es cuestión de perspectiva. Quizás en la vida hay prioridades que algunos deberían tener claras porque, en estos días tan inciertos donde el extremismo (de uno u otro tipo) está a la orden del día, el debate una pura ristra de frases hechas o ideología llevada al límite y, la negociación inexistente, debe ponerse límites a lo que uno dice/hace. Algo que no lleva asociado el silencio, ni la crítica ni, por suerte, la acidez o mordacidad en ciertos aspectos. Simplemente toca poner prioridades. Y lo urgente, a día de hoy, es seguir como mínimo vivo y vital. Si hay fuerzas para ello, no hay montaña que sea demasiado alta para subirse. Bueno, salvo que uno se plantee subirla sin tener en cuenta las necesidades previas de entrenamiento que suponen.

Los mejores regalos no son los que vienen envueltos en papel de colorines que encontraremos hoy bajo nuestro árbol los más afortunados. Son los que vienen de serie, no dependen del dinero y son, al final, los que nos llevan a sonreír y sonreírnos mientras, en algunos momentos, saltan lágrimas de diferente tipo. Aprovechémoslos. El tiempo cada vez pasa más rápido.

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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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