Los pedabobos

Podría empezar el artículo con una crítica feroz a la pedagogía o a la LOGSE que algunos, seguramente, aplaudirían con las orejas… pero no va a ser el caso. No es tan fácil la generalización, ni tiene mucho sentido el denostar a unos profesionales, tan dignos como los que más, por la aparición entre sus filas de auténticos bobos pedagógicos. Bueno, para resumir, a partir de ahora, los denominaré por su alias más conocido: el de pedabobos.

Fuente: Netflix

La pedagogía es una disciplina más seria de lo que parece. No es sólo la posibilidad de mejorar la praxis educativa o dar una visión de contexto; es la necesidad de proceder a realizar esos cambios sistémicos en el aula gracias a los avances e investigaciones que se están dando, siempre basadas en evidencias, alrededor del globo. Entonces, ¿cuál es el problema? ¿Por qué la pedagogía -o más bien los que deberían practicarla- se han convertido en aliens para la gran mayoría de docentes de aula? ¿Qué hace que unos profesionales, tan necesarios, se hayan convertido en el enemigo de los que están día a día en las aulas donde, supuestamente, pueden aportar muchísimas cosas?

Sinceramente, creo que la pedagogía es algo que deja de tener sentido cuando se priorizan las publicaciones en determinados medios o, simplemente, se valora desde una realidad que no se pisa, lo que está sucediendo en las aulas. No, lo que sucede en las Universidades nada tiene que ver con lo que sucede en etapas obligatorias. E, iré más lejos… por mucho que pueda inferirse desde el aula universitaria qué está sucediendo o cambiando en los últimos tiempos, la realidad nada tiene que ver con esa percepción de alumnado, ya filtrado, que ha llegado a etapas educativas donde ya habido un porcentaje de abandono importante de alumnos en el sistema. Y eso es un problema. Un problema que se afronta fundamentalmente de dos formas: intentando saber qué sucede mediante observaciones directas -los menos- o postulando maravillosos decorados para una tragedia educativa que no se percibe como tal. Lo primero digno de profesionales, lo segundo más parecido a esos tipos que recorrían el oeste americano con su maravillosa carreta cargada de remedios curalotodo.

No me sorprende el desprecio al pedagogo en las aulas de etapas previas a la Universidad. No, no me sorprende en absoluto al ver que, al igual que sucede con otro tipo de profesionales, son tan escasas e inexistentes sus visitas, más allá de envío de cuestionarios online que van directamente a la basura de la mayoría de correos de los docentes, que se consiguen ganar una determinada fama a pulso. Más aún al pretender que sus investigaciones sean tomadas en serio cuando, ni tan sólo se han acercado personalmente a tomar las muestras. Y ya no es sólo que no se hayan dignado a pasearse por los centros educativos que, supuestamente, analizan. Ya es que ni tan sólo son ellos los que acuden, en caso de hacerlo, y envían a esos pobres becarios que se ven obligados a soportar, en caso de que se acerquen a la máquina del café, el tipo comentario acerca de su utilidad real.

La utilidad real de la pedagogía tal y como está planteada, más allá de ocupar nichos profesionales y dar charlas, más o menos amenas, al personal, es prácticamente nula. Se lo han ganado a pulso los propios profesionales de la pedagogía. Han permitido que se mediatice al pedabobo mientras que la mayoría han preferido, seguir trabajando, en silencio en sus cosas. Algo que va a costar de revertir. Algo que, siendo sinceros, no sé si alguna vez va a revertirse. Lo que sí tengo claro es que los pedagogos son necesarios. Eso sí, por favor, que sean pedagogos porque de pedabobos, en las aulas, ya estamos muy hartos.

Muchas gracias Fernando por haberme servido de inspiración con tu post de ayer, mucho mejor redactado y coherente que el mío 🙂
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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

10 Comments
    1. Al igual que en todas las profesiones, hay profesionales buenos y malos. El problema es que, en este caso, los malos van de buenos, se les escucha más y, por desgracia, asesoran en auténticos despropósitos educativos.

      Un saludo.

  1. De acuerdo contigo sobre todo en tu último párrafo donde hablas de su utilidad, la de los pedagogos. Ahora bien, señalado el problema, es menester revertir esta situación y creo que tu escrito contribuye sobre todo al reconocer la necesidad del buen pedagogo que este docente a pie de obra espera como agua de mayo. Un saludo y gracias!

  2. Precisamente ayer comentaba con un amigo ajeno al mundo educativo que vivimos un momento en el que es más importante el personaje mediático que predica su «metodología» que el propio mensaje. Eso empobrece y hace que nos quedemos en lo superficial. Gracias por tu artículo, certero y estimulante.

  3. Una manera de dar utilidad a los pedagogos y hacer que pisen los centros docentes sería crear el cuerpo de directores y que sean ocupados por pedagogos. El potencial sería enorme.

    1. Pues va a ser que no lo veo Pepe. Creo que la dirección de un centro educativo es diferente a una concepción puramente pedagógica. No lo creo, lo sé porque he estado ocupando cargos unipersonales. El potencial es enorme si se aprovechan bien y se usan sus recursos, no por el hecho de dotarles de más poder que a uno de sus compañeros (presuponiendo que estén en el aula).

      Gracias por comentar.

  4. ¿Directores? ¿Eso no es gestión? Si los pedagogos son expertos en enseñar, que se metan en el aula que es donde se enseña. Resulta increible que este sea el único trabajo donde los «expertos» sean personas ajenas a la profesión. ¿Se imagina alguien que el máximo experto en cirugía no entrara en un quirófano, ni pudiera nadie verlo operar (desde el principio hasta el fin)?

  5. Quizá hay más pedagogos que lo que parece trabajando en los colegios: como orientadores, como profesores de apoyo, en centros de educación especial y, probablemente, muchísimos que trabajan como maestros de infantil o primaria, porque son maestros que ampliaron sus estudios cursando pedagogía – psicopedagogía o pedagogos que lo hicieron cursando magisterio.

    Cuando el magisterio era una diplomatura de tres años y la pedagogía una licenciatura de cinco, estaba claro que un pedagogo recibía más formación y, además, esta titulación abría las puertas al doctorado y la carrera académica. En la actualidad ambos son grados, con una duración similar y creo que aún falta una reflexión sobre cuál es la función o la aportación de los pedagogos.

    1. Creo que el tema de las titulaciones universitarias de Magisterio y Pedagogía es algo mucho más amplio y específico que lo que se pretendía en este artículo. Sí, falta reflexionar sobre la función -y funcionalidad- de los pedagogos pero, por ahora, todo el muno ha preferido correr un tupido velo en el asunto por intereses muy poco educativos.

      Un saludo y gracias por pasarte por aquí.

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