Los premios a docentes

No sé qué les ha dado a algunos por necesitar tanto reconocimiento de su labor por parte de Mercadona, El Corte Inglés o, simplemente, el chino de la esquina que, por cierto, también ha montado su particular entrega de premios a lo más «granado» de la profesión. Nunca ha sido malo buscar, cuando en casa no te dan cariño, alguna alternativa para conseguir esos mimines fuera de ella pero, sinceramente, esto de proponerse uno como adalid profesional no lo acabo de ver. Menos aún la vorágine de algunos en presentarse al Global Teacher Prize hoy, al mejor docente de la Galaxia conocida mañana o, simplemente, a ese reconocimiento, seguramente más que merecido, de docente con mejor delantera o protuberancia debajo del ombligo más imponente. Ya si eso hablamos del mejor docente para el mundo gay, para el mundo hetero o, simplemente, el más o menos moreno de rayos UVA. Y así, viendo la cantidad de premios que se otorgan últimamente a los docentes, hasta el infinito y más allá.

Fuente: Fotolia CC

Creo que el tema de los premios a docentes se nos ha ido de madre. Una cosa es justificar la necesidad de la palmadita a la espalda, la otra que sean determinadas organizaciones muy poco educativas las que deban dárnoslas. ¿Y por qué ahora? ¿Nos hemos vendido los docentes también al modelo OT o Gran Hermano de popularidad? Y, además, ¿por qué siempre se analiza el efectismo o la popularidad en las redes frente al trabajo real en el aula? Si uno no es mago, hace cajones flamencos o, simplemente elabora vídeos monetizados en Youtube, ¿no es un buen docente? ¿Qué mejora realmente la educación la proliferación de esos premios? Y vuelvo a repetirlo, no es malo que uno decida libremente presentarse a ellos o haga lo posible por ganarlos montando espectáculos circenses o, simplemente, dando clase haciendo el pino. Es algo totalmente lícito pero, sinceramente, ¿qué aporta el asunto al procomún? ¿O realmente la educación ha dejado de ir del procomún para centrarse en las individualidades? La verdad es que, últimamente, ya me pierdo con la concepción y los objetivos del asunto.

Creo que todo esto de la mediatización y el fenómeno fan importando por nuestro colectivo profesional tiene muy poco de serio. Hay muchísimo trabajo que jamás se verá reflejado en los premios. Y, sinceramente, esto de que algunos conviertan como objeto del deseo la obtención de uno, también es algo que habría que analizarse con mucha profundidad y dotándolo de los matices que correspondan. No estamos ayudando a la educación. Estamos dando la visibilidad a determinados personajes que, por desgracia, usan los altavoces mediáticos para poco menos que reírse de todo lo que está pasando en las aulas. No, los altavoces no se usan como se deben porque, sinceramente, ¿alguno de vosotros ha visto a algún docente mediático, de esos que mueven mareas en todas sus actuaciones, cuestionar determinadas medidas políticas, cuestionar los recortes, las ratios o, simplemente, poner en tela de juicio ciertas cosas que en el mundo educativo se están dando falsamente como válidas? Yo aún estoy esperando lo anterior.

¿Os imagináis un premio destinado a la mejor limpiadora de los centros? ¿Al mejor administrativo que lleve el programa informático de turno? ¿Al que tiene el culito más sexy en la Conselleria respectiva? ¿Al Consejero/a con mejor sonrisa? Es que ya tengo incluso el premio adecuado para mi jefe de servicio. Y ya si lo extrapolamos a otras profesiones o ámbitos laborales… lo que nos podríamos llegar a encontrar.

No, hacer bien el trabajo de uno es su obligación. También lo es tener las mejores condiciones laborales y ser respetado por la sociedad en su conjunto. Otro tema muy diferente es la conversión o justificación de esa necesidad de reconocimiento en el objetivo vital de algunos. Y ahí, con todo el cariño del mundo, creo que nos estamos equivocando.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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