Los puntos sobre las íes en la tecnología educativa

A pocos días de empezar un nuevo curso escolar vuelve el desembarco masivo de los docentes 2.0. Esos que pululan por la red y se dedican a compartir sus pensamientos y prácticas educativas en ese entorno digital que, a nivel de aprendizaje, para algunos se nos ha hecho imprescindible. Aparecen un montón de artículos en diferentes blogs sobre la vuelta al aula, qué hacer el primer día y las herramientas que nos pueden hacer más fácil la vuelta a esa aula. Unas lecturas realmente interesantes por lo que aportan. Interesantes también porque demuestran que las redes educativas (las personas, no las plataformas) siguen gozando de muy buena salud.

Estamos en un período de impasse. En una situación difícil por la gran cantidad de elementos tecnológicos que están entrando masivamente en nuestras vidas (y, por que no, en nuestro trabajo) y que, mal llevada, puede dar lugar a un callejón sin salida. Una situación que hemos de procurar evitar por los perjuicios que dicha situación provocaría en todo el ámbito educativo.

Conviene centrar un poco el discurso. Poner los puntos sobre las íes en la tecnología educativa e intentar que la misma no se convierta en el objetivo final del aprendizaje. Intentar exprimir al máximo sus potencialidades sin que todo el discurso gire alrededor de las mismas. No es tanto cuestión de tabletas o netbooks. Ni de herramientas más o menos bonitas para poder ser usadas con nuestros alumnos. Herramientas que, por cierto y en la mayoría de casos, van a acabar olvidadas en un cajón al poco tiempo por haber salido alguna que reemplace e incremente las prestaciones de las anteriores. Algo inevitable en un mercado tecnológico donde los avances se producen cada minuto que pasa. Algo a lo cual no hemos de sucumbir por llevarnos a una deriva de nuestra faceta docente. Una deriva errática en busca de la herramienta en lugar de plantearse el uso de la misma por necesidad. Una deriva donde la herramienta se magnifica. Una deriva donde la tecnología es el núcleo del discurso educativo.

Por tanto, ¿debemos renunciar a implementar nueva tecnología (aparatos o herramientas) en el aula? ¿Debemos conformarnos con lo que ya usamos y resistirnos al avance imparable de la misma? Conviene meditar. Analizar si la metodología necesita esos grandes avances. Si los mismos van a ser positivos para los chavales. Si usar la herramienta más novedosa aporta valor añadido. Si el tiempo empleado en su aprendizaje y posterior uso en el aula ofrece un impacto positivo.

Debemos abandonar el discurso más habitual de la tecnología educativa para centrarnos en resolver los problemas puntuales en el aula. Debemos ver qué herramienta nos puede ayudar en nuestro día a día. Debemos usar aquella que facilite nuestra labor y mejore los resultados de los alumnos. Debemos centrar el discurso en lo anterior. Un discurso que fácilmente queda cubierto por cuatro herramientas. Por cuatro herramientas y mucho sentido común en la metodología.

Usar un blog de aula, herramientas ofimáticas, algún servicio para subir presentaciones online, gestionar Youtube, dominar el correo electrónico y conocer el uso de la plataforma de formación -normalmente Moodle- que tenga implementada nuestro centro es garantía de éxito. Ir más allá de ello sin estar seguros de la mejora que dicha herramienta va a representar en nuestra tarea docente puede ser contraproducente. Se ha de ir a lo fácil. A lo efectivo más que a lo efectista.

Hay aparatos y herramientas maravillosos. Con enormes potencialidades. Que bien exprimidos pueden hacer mucho para la mejora educativa pero… ¿es realmente necesaria esa inversión de tiempo y dinero que supone su implementación y aprendizaje? ¿Da un diferencial al aprendizaje de los alumnos que haga que el coste añadido de su uso valga la pena?

Conviene centrarse. Pensar en qué y cómo vamos a gestionar el aula. Usar lo fácil. No olvidemos nunca que la tecnología sólo es algo que ha de servir para mejorar la tarea para la cual la vamos a utilizar. Eso sí, se ha de reconocer que la tecnología educativa ha venido para quedarse.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

7 Comments
  1. Tienes mucha razon. Creo que hay una discrepancia entre las necesidades TIC de nuestros alumnos y la pasión por las TIC’s que muchos docentes desarrollamos.
    Hablamos de «nativos e inmigrantes digitales», de modo inadecuado y peyorativo: Sobrevaloramos los conocimientos tecnológicos de los alumnos (muchas veces se ciñen a navegar por facebook, tuenti y juegos…) y menospreciamos los conocimientos de los docentes.
    Aunque, claro, todo depende de la edad del alumno. Pero, dentro del maremagnun de aplicaciones a las que tenemos acceso, siempre hay que preguntarse: ¿cuál es la más adecuada?, ¿con cuál de ellas llego más a los alumnos? ¿qué relación hay entre lo que yo quiero y sus intereses, en cuanto a formato de presentación?
    En uno de sus anteriores post (¿Porqué el e-learning no funciona?) es esclarecedora la infografía sobre el proceso de gestación de materiales de e-learning; demoledora y verdadera la información sobre el tiempo y esfuerzo necesarios. Y todo esto, frecuentemente, para encontrarte con alumnos a los que no les interesa o con padres que no permiten la navegación a sus hijos ni por la web del profesor, o con padres que te felicitan por tu web pero reconocen que su hijo no entra nunca…
    Sin duda, es necesario planificar contenidos, herramientas, plataformas… en función de lo que tenemos en el aula y no en nuestra mente apasionada por las tecnologías o la docencia.
    En este mismo post añades:
    ¿Da un diferencial al aprendizaje de los alumnos que haga que el coste añadido de su uso valga la pena?
    En mi opinión, esa es la pregunta del millón. Podemos dedicar nuestro descanso a diseñar cursos, actividades… pero el gran objetivo no está en ellos, sino en la mejora de los resultados. Si no mejoran mis alumnos ¿para qué voy a emplear cientos de horas en un curso que satifaga mi ego tecnológico pero que no me permite conseguir los objetivos programados?
    Por tanto, debemos sopesar muchas variables: esfuerzo, tiempo, aprovechamiento, consecución de objetivos… tiempo al tiempo.

    Un saludo.

    Ismael

  2. Exactamente, compañero. En estas estoy contigo del todo. Pensar bien, utilizar lo sencillo, dar de nosotros mismos y pensar que la tecnología es solo una herramienta… a ver si empezamos con buen pie, pese a todo!! Un besazo.

  3. Jordi,

    Me has quitado las ideas de la cabeza ;-). No acabamos de ver la distinción (que existe) entre la práctica pedagógica y el uso cotidiano de la tecnología.
    Yo era de los que pensaban que tras estos últimos años de impulso de las TIC, empezábamos, como proceso natural, a evolucionar hacia las posibilidades pedagógicas de las herramientas, hacia la visión del qué pueden hacer los alumnos con ella, y he comprobado que NO. Seguimos tratando de encontrar el aparato perfecto y el programa perfecto, en la mayoría de los casos para usos personales o con una visión muy alejada de la realidad. Se olvidan de los excelentes recursos que ya existen y tratan de encontrar unos nuevos que su única novedad es que funcionan en un ipad. En fin, que queremos reinventar la rueda, en lugar de analizar sus posibles usos.

    Un abrazo y buena vuelta al trabajo.

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