Los «putos» concursos educativos

Estoy bastante cansado de la proliferación de premios a docentes bajo diferentes epígrafes que, por desgracia, siempre se demuestran falsos. No me gusta que una fundación determinada premie al docente más innovador porque no creo en la figura del mismo. No me motiva nada ver como, por desgracia, da la sensación que en algunas ocasiones se ha vendido ganar premios como la calidad de una determinada acción formativa o el reconocimiento profesional de un docente. Me parece que lo de los concursos educativos -especialmente aquellos destinados al docente- son poco menos que la típica reválida de la que tanto nos quejamos. Sí, vamos a reconocer a los mejores sin pensar en un solo momento que el mejor docente es el que lo hace bien en su aula y no aquel que sepa mediatizar mejor su trabajo. Un premio nunca debe ser a un trabajo puntual, debe ser una trayectoria concreta. Sí, no me gusta el modelo César Bona que tantas páginas de medios llena. No, no me apetece para nada participar en concursos donde lo que importa es una abstracción puntual de una realidad mucho más compleja.

Fuente: https://twitter.com/francescllorens
Fuente: https://twitter.com/francescllorens

La verdad es que me da la sensación que nos estamos olvidando del objetivo básico de la educación, pervirtiendo el concepto de buen o mal docente en función de una práctica puntual más o menos mediatizada. Creo que, por desgracia, hemos pasado del concepto de visibilizar al concepto de visibilizar con el objetivo de que se nos conozca. Creo que, al final, lo único que estamos haciendo es jugar al juego que nos marca un modelo de sociedad basado en programas de telebasura cuyo único objetivo es saber vender mejor nuestro producto. Y, todos sabemos que, en determinadas ocasiones, algunos sólo se acuerdan de sus compañeros para pedir que les votemos porque participan en el «mejor blog educativo de la galaxia», «el proyecto más innovador» o, yendo aún más lejos, «la estrella más rutilante del firmamento educativo». Algo que da bastante pena. Más aún por lo que implica y por el esfuerzo destinado a dicha promoción que podría ser bastante más útil en el aula.

Sí, seguro que diréis que esta es una manera de premiar a los docentes, ya suficientemente ninguneados por la mayoría de administraciones. Craso error. Lo único que conseguimos con este juego de concursos educativos, premios, competiciones, recompensas o badges -sí, esas insignias que te dan cuando completas unos determinados cursos- es extrapolar la medición de tamaños tan habitual en determinadas edades del género masculino al ámbito educativo aunque eso sea, en algo tan difícil de cuantificar con una instantánea, como es el trabajo que se realiza en las aulas.

Puede que para algunos docentes presentar a sus alumnos a un determinado premio sea para conseguir la motivación de los mismos pero, al final me da la sensación -seguro que equivocada- que un docente cuando se presenta a un premio -y más si es de reconocimiento individual- lo hace más pensando en su propio interés que en el de sus alumnos. No sé si somos perros de Pavlov pero sí, en muchas ocasiones, unos auténticos vendidos a lo que nos han colado como lo que debe ser un buen docente.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

9 Comments
    1. Los mejores docentes, por suerte o desgracia, son quienes se mantienen alejados de los focos mediáticos. Quizás no venda tan bien lo que se pueda hacer en el día a día de un aula pero, al final, sigue siendo la realidad. Una realidad en ocasiones incómoda que no sale en los medios.

      Muchas gracias por pasarte por aquí y por tus palabras.

  1. No te quito razón en ninguno de los puntos que expones, puede ser el caso, en algunas ocasiones. Pero también, puede darse la posibilidad, de que algunos docentes se presenten a esos concursos, premios o lo que sea, con el fin de dar a conocer su experiencia y compartirla con otros profesionales del gremio. Ese debería ser el principal fin, dar a conocer experiencias que funcionan bien en tu aula, no, como tú bien comentas en el blog, darte a conocer por otro tipo de «intereses». Un abrazo Jordi, siempre bienvenidas tus reflexiones.

    1. Sabes bien Esteban que una cosa es la visibilización de experiencias educativas (algo imprescindible como he comentado en más de una ocasión) y la otra pervertir el objetivo básico de la educación porque, en ocasiones, da la sensación que lo más importante sea el premio que el camino para llegar al mismo. Y ya cuando te encuentras a docentes que filtran a sus alumnos -sí, sólo permiten a los buenos participar- para poder ganarlo ya es de traca.

      Uno muy fuerte de vuelta.

  2. Yo he vivido y pasado por los más variados y los más «famosos» concursos educativos en las redes, promovidos por variopintas instituciones.

    La soledad del docente en su aula, como ha sido mi caso y el de muchos; la incertidumbre de si algo de lo que intentaba hacer, luchando contra molinos pétreos e inmovilistas, tenía sentido o no: y por supuesto, mi inexperiencia en estas cuestiones, me llevó a realizar este recorrido, que no considero ni bueno, ni malo. Para algunas personas resulta estimulante, para otras insoportable, y para algunos jurados, indecente.

    Por esa misma razón, ya que me da igual que me regalen un certificado, conociendo de antemano que desde ciertos núcleos se ejerce el boicot, y en muchos, los criterios no se ajustan con las bases, he decidido no presentarme a ninguno más por ahora. Eso no significa que alguna vez lo haga nuevamente, si estimo que para el grupo con el que trabajo y publico le puede ser ilusionante, y las bases están claras y se supone se van a respetar.

    Como anécdota, ahora encontramos un nuevo concurso pululando, y apoyado con una buena cantidad económica, al mejor docente. ¡Buscamos el sustituto/a de César Bona!, al que unos admiran y muchos otros envidian, no por su calidad como docente, sino por los ingresos que está generando al margen de su labor educativa.

    En fin, un tema espinoso, y al que cualquiera de nosotros debería de darle la importancia que tiene en su justa medida, y con cierto humor. Un momento de gloria lo merece cualquiera, y más cuando es el primero, y tal vez el único. Porque otros gadgets o premios camuflados, de los que se habla poco, son los retuits, las auidiencias, el nº de seguidores, el nº de visitas…, y mucho más si llevan tras ellos, ganancias económicas por la publicidad que se inserta en algunos espacios de gran audiencia (de momento no es mi caso)

    Esto da para mucho…jejejej. Si nos ponemos a reflexionar…da para mucho. La pena es que mis conclusiones son para mucho malo, y un puntito de toque de varita mágica como algo bueno.

    Un abrazo, Jordi

    1. Presentarse a un concurso educativo no es bueno ni malo per se. Todo depende de las intenciones que uno tenga a la hora de presentarse y la utilidad real que puede llegar a tener para nuestra aula. Es por ello que, a la hora de juzgar los «putos» concursos siempre conviene poner una dosis de individualización del concepto «presentarse».

      El post no iba para aquellos que lo usan como mecanismo de motivación y sí para aquellos cuyo objetivo básico parece que se convierta en «ganar». Ganar que, es algo que, como bien comentas va a depender mucho de factores extrínsecos más que del trabajo realizado. Sí, yo también he observado que hay algunos concursos cuyos premios siempre recaen en los mismos o en algunos que acaban trabajando en el entramado que actúa de jurado o los reparte. Y lo anterior da mucha pena (por no decir otra cosa).

      Un momento de gloria debería tenerlo cualquiera -y más en nuestra profesión-. El problema, como bien sabes es que el momento de gloria se convierte en una perversión de la palmadita que necesitamos. Y ya cuando el objetivo básico es salir del aula, apaga y vámonos. Algo que, por cierto, estamos viendo que está proliferando en el ámbito educativo.

      No, no es malo concursar ni ganar dinero con un blog, materiales que puedan realizarse o dando charlas. Lo malo es cuando lo anterior se convierte en el leitmotiv de la profesión.

      Un fuerte abrazo de vuelta Ana.

  3. Hola Jordi, Ana, Esteban y jazjibe,

    Esto de los premios siempre me ha tirado para atrás por varios motivos: se les da una importancia que no tienen, no se puede premiar al mejor porque entre otras cosas el mejor quizá ni se presenta al concurso… Yo misma he promovido ferias de la Ciencia sin premios, porque lo importante de la feria debe ser compartir experiencias, no ganar un premio. Y con todo, me encuentro presentándome al Certamen de Proyecta D+I, como la vía de salvación de nuestro proyecto de Los Gatos con Batas. Y no sólo eso, pidiendo a todo el que me conoce que me nomine, porque necesito ese premio. Cuando un premio supone superar el primer año (el más duro) del proyecto con el que quieres ganarte la vida y que más gente te conozca y te dé trabajo, ese premio es un buen plan. Sí, es cierto que si sólo fuera docente quizá no me presentaría, porque no dependería mi supervivencia del mismo y no me llamaría la atención… No necesito un premio para conocer a gente extraordinaria que hace maravillas en el aula, que escribe como los ángeles… para eso solo tengo que usar las redes, ir a jornadas, comer con ellos y se produce la magia. No hacen falta concursos para conocer a Novadors, a compañeros del EABE, etc. Sólo hace falta ir, estar, ser, compartir… Y ese es el mejor premio que puede tener un docente. Al menos para mi. Pero, ahora me planteo que quizá estos premios sí signifiquen algo para alguien. Y entonces tengan sentido. Quizá siempre han podido significar algo para alguien, aunque antes a mi no me importaran. Dejar de ser funcionario cambia muchas cosas. Pero quién me iba a decir a mi que también cambiaría mi modo de ver los concursos.

    Un placer leerte, como siempre. 😉

    1. Hola Aida,

      Ya sabes el contexto que le he dado al artículo. Un contexto muy relacionado con lo que está pasando en la docencia cuyo objetivo, para algunos, es precisamente abandonarla. Es lícito que uno busque su mejora profesional pero, que venda la salida de la docencia -y no, no estoy hablando de vuestro caso porque es muy diferente- como un éxito laboral usando los concursos para ello es que hay algo que va muy mal en la concepción de lo que debería ser la docencia.

      En vuestro caso ya sabéis que me alegraría que os llevarais el premio porque sé que os iría muy bien para llevar ese maravilloso proyecto denominado «Los gatos con batas» (http://www.gatosconbatas.com/). Un proyecto que, por cierto, me encanta.

      Un fuerte abrazo para los tres.

  4. bueno, al menos gracias a esos concursos se habla un poco de educación en los medios. La tele siempre está ocupada por famosetes iletrados, políticos aleccionados y futbolistas cabreados. Ver a un profe de vez en cuando dando la cara por la escuela y defendiendo como hace Bona un poco de atención a la educación pues tampoco es para criticarlo de esa manera. Pero bueno, para gustos, colores.

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