Magufismo en las aulas

En los últimos tiempos estamos asistiendo a un desembarco de teorías pedagógicas, prácticas metodológicas infalibles, amimefuncionismos varios o, simplemente, un conjunto de trolas homeopáticas que, por desgracia, son imposibles de refutar ante la imposibilidad de que el personal ponga al nivel que se merece la opinión de alguien, por muy docente que sea, con la bibliografía e investigaciones que se están realizando. No creo tampoco que todo deba estar tan dirigido en el ámbito educativo como lo está en el médico. Quizás, el problema que tenemos es que los resultados de lo que se está haciendo, no se ven a corto plazo. A lo mejor conviene desprendernos un poco de ciertas alergias a la lectura científica que esté en desacuerdo con nuestros planteamientos ideológicos o con nuestra, siempre visión sesgada de nuestra aula, nuestra metodología o, simplemente, nuestra manera de sobrevivir en el día a día.

Fuente: ShutterStock

El magufismo consiste en una mezcla de magia y creencia en OVNIS. Si hay alguno que cree en cualquiera de las dos cosas anteriores, en la posibilidad de convertir el agua en vino o, simplemente, en que cuando estaba de vacaciones le sodomizaron un par de angelicales áliens, por favor, que se abstenga de continuar leyendo. No puedo luchar contra esas supersticiones. Lo mismo que es imposible luchar contra la creencia de algunos que metiéndose ozono por el ojete va a reducir de peso. Milagros a Lurdes. Bueno, ya si eso, a la parroquia más cercana, a las sesiones de budú del piso de al lado o, simplemente, al consumo compulsivo de libros de autoayuda.

No es malo buscar consuelo en una determinada práctica pedagógica. No es malo para el docente pero, quizás sí lo sea para nuestros alumnos porque, al final, el aprendizaje nunca puede medirse a corto plazo ni con herramientas tan cuantitativas como nos gustaría. Si fuera tan fácil, ya habría salido un método con valoraciones cuantitativas tan exactas que fuera capaz de predecir todas las alternativas que pueden darse en el aula, personalizarse para todos los alumnos y permitir que, al final, todos los alumnos llegaran a su límite cognitivo. Bueno, eso para los que se crean el tema de los límites cognitivos. Un detalle que he mencionado al principio del artículo… el amimefuncionismo no sirve como vara de medir nada. Algo puede haber funcionado bien porque se han dado muchas casualidades para que haya funcionado pero, si no es replicable en un futuro con independencia de los alumnos que tengamos delante, no puede establecerse como valor absoluto. En educación, por desgracia, hay muy pocas cosas que pueden establecerse como valor absoluto.

Hay detalles también curiosos en la concepción de la docencia. Creo que debe ser la única profesión que conozco en la que se considera que la experiencia es un lastre y se plantea que, al final, para ser buen profesional debes haber acabado de aterrizar en la profesión. Pues va a ser que se desmonta el asunto cuando ves determinados docentes que acaban de entrar con prácticas muy cuestionables, con grupos que se les van de las manos y con una crítica mordaz a todos los «viejos». Esos que, curiosamente, a veces consiguen mantener la atención sin usar Kahoots ni ningún tipo de herramienta externa. Claro que sí… mantener la atención de los alumnos según algunos es imposible. ¡Viva la falta de conocimientos científicos! Lo de los quince minutos (o cinco) que proponen algunos es totalmente falso. Y no, no voy a poneros los enlaces aquí porque hay miles por la red. Ya que todo está en Google, para los que no se lo crean, que hagan un esfuerzo. No va a ser dároslo todo masticado. Que la ESO ya la habéis superado 😉

Otro detalle es el tema del aprendizaje de la lectura. ¿Cuándo debe aprender a leer un niño? ¿Es malo empezar a leer pronto? ¿Provoca o aumenta el grado de dislexia hacerlo? Pues va a ser que no. Cada niño tiene su evolución natural y solo nos deberíamos preocupar cuando, al llegar a los ocho años, el niño aún no tiene esa habilidad de lectura. Hasta entonces, a su ritmo. Y nada de métodos milagrosos o aprendizaje global de lectura (mediante relación palabras-sonidos). El aprendizaje global puede llevar a consecuencias nefastas para el niño. No lo digo yo. Lo dice la Asociación de Pediatría Americana. Ya, seguro que están comprados por alguna farmacéutica o por alguna empresa destinada a vender libros de aprendizaje de lectura silábicos. Es lo que tiene buscar excusas para no creerse lo que nos dice la ciencia.

El tema magufo recurrente sería la felicidad de nuestros alumnos. Una felicidad que, por cierto, ni es medible ni cuantificable a corto plazo. Yo puedo ser puntualmente feliz porque ha ganado mi equipo de fútbol un determinado partido pero, al acabar la liga, la pierde en el último minutos. Por tanto, ¿qué es más importante para mí? ¿La pérdida de un determinado partido o el ganar la liga? Creo que está bastante claro. Pues lo mismo para nuestros chavales. ¿Qué es más importante? ¿Un fracaso puntual o el eliminar todo tipo de fracasos antes de que se llegue al mundo adulto? Hay estudios psicológicos muy interesantes sobre el tema. Además, muy relacionado con lo anterior está el concepto de «convertir en juego» o en «diversión» todo lo que se está realizando. A veces, quizás sería bueno entender que hay veces que aprender no es divertido y que, quizás, el fin último sea superior a ese estado temporal puntual que algunos tanto defienden. Enseñar a fracasar es uno de los objetivos básicos de los docentes. Y no, no es malo que el alumno puntualmente fracase, aprenda de sus errores y siga adelante. La vida no es un camino de rosas con baldosines amarillos muy bien engarzados. Es algo mucho más complejo. Eso sí, no confundamos lo anterior con sadismo. Es que algunos entienden lo que les sale de sus partes. Así no puede debatirse en absoluto.

También podríamos hablar de determinadas prácticas pedagógicas que solo tienen como aval a sus propios usuarios (ya docentes convencidos). ¿Os imagináis que los únicos que avalen una determinada práctica sean los acólitos? ¿Os imagináis que la única manera de refrendar la misma sea haciendo ellos mismos sus encuestas, cocinarlas y basarse en libros escritos por los gurús de la misma? ¿Lo veis serio? Y ya cuando alguien se atreve a cuestionar la falta de evidencia te saltan con… «es que no aportas nada constructivo». O el típico… «demuestra que no funciona». Lo mismo que ese tipo que dice que cura el ébola con cloro. Qué vaya a probarlo a alguno de esos países que aún tienen la epidemia. Si tanto cree en lo que dice y lo que vende…

Resulta preocupante la falta de conocimiento científico y pedagógico de muchos docentes. Quizás es que, al final, hay mucho por hacer en el aula y se tiene poco tiempo para reflexionar acerca de las prácticas que uno está usando con sus alumnos. Ya sé que, a veces, uno tiene un poco de (…) y no le gusta hablar de lo que puede ser cuestionable en lo que hace pero, sabéis qué, a la hora de avanzar en educación, mejorar las prácticas educativas y poder pretender que nuestros alumnos aprendan mejor en un futuro, va a depender de mucha investigación (tanto cuantitativa como cualitativa realizada por organismos independientes) y gran humildad. Algo que, por lo visto, les falta a algunos en las redes o en la defensa a ultranza de su manera de hacer las cosas. Todo es mucho más complejo que las opiniones personales, supuestos casos de éxito o, simplemente, buena voluntad.

No creo que sea tan complicado montar un equipo interdisciplinar entre investigadores y docentes para analizar cómo podemos mejorar la educación pero, por lo visto, interesa mucho más llamar a dos periodistas de La Sexta, a un vidente y al nominado al Nobel de los Nobeles. La educación, por desgracia, siempre a la improvisación, a las ideas brillantes de alguno (equivocadas o no) y al intento de buen hacer de la mayoría de docentes que están en el aula.

Por cierto, no me he querido referir al tema de la neuroeducación porque el concepto, por desgracia, ya está plagado de magufería por él mismo. Y no lo digo yo. Lo dice gente que sabe del tema.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

3 Comments
  1. Sencillamente magistral. Uy, perdón por usar una palabra tan mal vista en educación, yo me refiero a la segunda acepción de la RAE por si hay alguna duda. 😉

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