Malas prácticas en Twitter (versión 2017)

Uno anda falto de inspiración en estas fechas y tiende, para poder seguir saciando al gusanillo que le hace escribir, a recuperar artículos que escribió hace un tiempo. Ya, lo de la versión actualizada siempre mola y, cuando uno dice lo mismo, simplemente usando la apreciación de «actualizado», «versión 20xx» o, simplemente elude comentar que escribió lo mismo y ahora, por motivos que, en mi caso prometo que no tienen nada que ver con que nadie lo lea y sí con la satisfacción que me produce escribir a diario, vuelvo a reproducir causa hastío. Por ello siempre os digo que pasarse por aquí tiene mucho de mérito. Aún más cuando se pueden hacer miles de cosas más interesantes. Pero bueno creo que toca ya dejar de autoflagelarme (algo a lo que estoy abonado los últimos tiempos) y enfocar con es estilo de siempre -entre poco y nulo- el revival de hace ya cuatro años. Podéis buscarlo porque no os voy a poner el enlace aquí. Acostumbro a no hacer enlaces internos aunque algunos expertos en eso de dotar de visibilidad al blog dice que le mola mazo a Google y el SEO se va por la nubes. El SEO. Pero a quién demonios le importa el posicionamiento de lo que escribe. Bueno, supongo que sería hipócrita negar que no interesa que te lean pero, entre eso y adecuar el blog teniendo como único objetivo que te lean es perder un tiempo precioso. Tiempo en el que uno puede escribir. Prefiero escribir más y dedicarme mucho menos a cuestiones técnicas. Ya veis que, como siempre, empiezo soltando una parrafada inútil sin ningún tipo de sentido para encubrir la triste realidad de lo negado que estoy últimamente para escribir cosas interesantes. Bueno, sinceramente, siempre lo he estado.

Fuente: http://www.eidansoft.com

Pero vamos a lo que toca. Zarpemos como dirían algunos. Despeguemos hacia la recuperación de un post que sigue estando más vigente que nunca al ver qué sucede en Twitter. La red de las frases branding, la manipulación informativa y los grandes hilillos argumentales. Y ya si lo aderezamos con la explosión de los gifs y la gran cantidad de cuentas que se dedican a la parodia (y no me estoy refiriendo precisamente al humor, ese que tanto me gusta) desde el anonimato ya tenemos una bonita fauna. Ah, también estoy yo. Así que… fauna completa digna de los mejores zoológicos. Además en este no hace falta ni alimentar a los animalillos. Nos alimentamos solos. Y mola. Mola mazo además de salir más barato que irte al bar y no necesitar cambiarte el pijama para decir más chorradas que el tuitero al que respondes o publicar ese tuit en el que te lanzan al estrellato. Cómo mola el poder interactuar con ceros y unos. Guay no, lo siguiente.

Bueno, a lo que íbamos… no creo que sea muy correcto hablar de malas prácticas en Twitter ya que, como herramienta de comunicación e interacción, cada uno la usa como le apetece. Una de las ventajas de la red es la libertad absoluta de uso que se puede dar a sus herramientas. Unas libertades que, por cierto, también incluyen la posibilidad de decir lo que no gusta del uso que algunos están haciendo de las mismas. Es por eso que este artículo va destinado fundamentalmente a exponer determinados usos de Twitter que, siempre a mi entender, no son los más recomendables y podrían categorizarse como malas prácticas. Eso sí, vuelvo a repetirlo, Twitter se usa como a uno le da la gana al igual que cada uno decide cómo hacer y dónde sus necesidades. Decidir mear de pie o llevar las domingas al aire en la playa es decisión personal. En el primer caso seguro que se cabrea la mujer si no se tiene buena puntería y, en el segundo seguro que encontramos alguno de esos carcas que consideran que esa visión les ofende. Ya, de esos, al igual de los que les preocupa que dos hombres o mujeres puedan quererse aún tenemos unos cuantos. Qué le vamos a hacer. A estas alturas ya no vamos a cambiarles.

La primera práctica que veo que ha renacido con fuerza es la de tuitear el número de seguidores que se ganan o se pierden. Y, además, los que lo hacen son un poco perruzos porque ni tan sólo se dedican a contarlos ellos. Deciden que una aplicación determinada, a la que han dado permiso de leer sus tuits (incluyendo los mensajes directos -DM-) y publicar por ellos, lo haga. Supongo que cada nuevo seguidor lo celebran de alguna manera y que, la pérdida que también tienen, debe suponerles un trauma personal. Uno ya no tiene amigos para irse a tomar una cerveza; tiene followers. Y a más followers supongo que deben regalar algo porque si no fuera así no se entiende la necesidad imperiosa de decir cada día y, a veces en más de una ocasión, a sus seguidores la cantidad que ganan o pierden.

El envío de mensajes directos (DM) de forma automatizada a quien te empieza a seguir o que te proponen que te sumes a una determinada causa. No hay nada más cansado que responder a esos maravillosos mensajes… «agradezco que digas que seguro me interesa tu cuenta pero, lamentablemente, debo dejar de seguirte porque me lo recomienda mi tarotista particular». A ver si encuentro alguna aplicación automatizada que me lo haga. Debo hacerlo porque, por desgracia al tener los mensajes abiertos directos (me gusta interactuar con el personal… qué le vamos a hacer) me llegan cada semana alguno de esos tuits prediseñados y totalmente cansinos según mi opinión. Ya veis que en este post hablo siempre desde mi punto de vista jamás extrapolable.

La automatización de la publicación de curaciones de contenidos. Personas que se van de vacaciones y, para que no se note, dejan a un pequeño robotito que automatice sus scoop.its, Tweeted Times, paper.li o similares. Una cosa es realizar, mediante herramientas como las anteriores, una selección de contenidos para ofrecerlos a tus seguidores. La otra es automatizar el proceso para, cada hora concreta del día, ofrecer unos contenidos que no aportan nada y llenos de artículos que ni tan sólo se ha leído quien tuitea esa curación. Seamos claros… no llega al 1% de personajes que usan este tipo de publicación automatizada los que se han leído todos los que incorpora cada una de estas publicaciones. Y no es una deducción sin pruebas… ¿de verdad creéis que puede haber alguien que cada día lea cientos de artículos, seleccione veinte y los ofrezca en este tipo de publicaciones? Ilusos.

Podría incluir como subespecie de tuiteros dentro de la anterior aquellos que usan tuits programados para publicar tropocientas veces su post. Hay días en los que algunos tuiteros publican que su timeline se llena exclusivamente con esa publicación. Además de forma auténticamente desbordante. No dos o tres veces como sería lógico porque a todo el mundo le gusta que le lean. Decenas de ocasiones en las que vemos el mismo tuit publicado por diferentes mecanismos de automatización que sabemos que se han programado. Y si añadimos a ese afán de difundir su «maravilloso» artículo a hacer retuit de TODOS los tuits que mencionen a uno… ya pasarse por determinadas cuentas es como irte a bañar en una piscina llena de pirañas teniendo una herida en la pierna. De locos.

¿Qué me decís de los que hacen retuit o fav (que guay es hacer fav) a determinadas publicaciones que ni tan sólo se han leído? A veces he publicado artículos más extensos de lo habitual, cuyo contenido es de lectura compleja, que han sido retuiteados a los segundos de haber publicado en Twitter un enlace al mismo. ¿Es necesario retuitear algo que no se ha leído? Yendo más lejos, ¿es necesario tuitear artículos académicos o noticias sin contrastar la veracidad de los mismos? Esta, por cierto, es una práctica habitual en la que me incluyo. A veces hay noticias de determinados medios de comunicación que, al poco tiempo, se dan por no veraces. La solución sería tuitear el error. Algo que muchos no hacen por quedarse con la versión de la noticia que más les gusta.

También existen aquellos que sólo dan las gracias a los tuiteros con más seguidores cuando les siguen. Ya, por lo visto algunos miden la necesidad de interactuar con el número de followers que tiene el interlocutor y no con la calidad de la conversación o el debate. Qué triste porque, al final, tengan dos o cien mil seguidores, el debate puede ser más interesante con el primero que con el segundo. Eso sí, el ego no sube tanto. Qué pereza el tener que mirar el número de seguidores que tiene alguien antes de ponerte a debatir con él. Eso es como quien practica onanismo al ver, mediante esas herramientas que hay en la red, el número de seguidores que aumentan semanalmente. Qué fácil es hacer feliz a algunas personas. A mí me va más que me inviten a una horchata o, simplemente, poder interactuar con personas (que, al final, son quienes están tras la cuenta) en mundo digital o real. Los números siempre hacen mucho daño. Bueno, a menos que se incorporen a la nómina, en cuyo caso no me importaría.

Finalmente me gustaría hablar de los tuiteros plagiadores. Aquellos que tuitean como propios pensamientos o reflexiones de otros. Cuesta muy poco poner el autor original del tuit y con ello se hace posible acudir a la fuente primaria del mismo. Plagiar en cualquier medio digital es una mala práctica, copiar y/o adaptar el contenido mencionando el origen de la copia o adaptación, algo totalmente necesario e imprescindible. Bueno, por lo visto a algunos el tema ética lo tienen muy mal estudiado de cuando eran estudiantes. Qué le vamos a hacer.

La verdad es que cada uno, al igual que puede cagar cómo y cuando quiera, puede usar Twitter como le dé la gana. Eso sí, que nadie se olvide de lo maravilloso que es silenciar a determinados personajes (lo de bloquear, aparte de estúpido porque se puede seguir leyendo los tuits de forma anónima, demuestra muy poco del usuario que hay tras el perfil, más allá de su incapacidad de asumir la crítica) para evitar que te saturen con ciertos tuits en determinadas épocas del año (me estoy refiriendo, por ejemplo, a aquellos docentes que dejaron automatizado su perfil antes de disfrutar de las merecidas vacaciones). Y ya cuando empiezan a volver las personas y dejas de ver la máquina empieza a ser hora, en caso que te acuerdes, de volverles a dar voz en tu timeline. Eso siempre y cuando no hayas hecho una necesaria limpieza a fondo porque, al final, cada uno decide qué es Twitter para él y cómo usarlo.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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