Mañana ya será tarde

Hoy muchos respiramos un poco más que ayer. Se ha demostrado que un gran porcentaje de nuestros conciudadanos son personas decentes. Podemos discutir matices, oscilaciones más escoradas a la derecha o la izquierda pero, en definitiva, creo que somos un país al que no le gustan los extremismos. Ni, por suerte, el fanatismo. Eso sí, demasiados millones de votantes para opciones, tan democráticas como las demás, pero con ganas enormes de cargarse todo lo que les permite optar a esa participación democrática.

Fuente: ShutterStock

Pero no voy a hablar de los resultados de ayer. Ahora quedan cuatro años por delante (tanto a nivel nacional como en mi tierra de adopción) para hacer cosas. No vale decir que no se hace porque no se tiene suficiente apoyo. No existen excusas para seguir ninguneando la educación. Y, aún menos, para no tomar determinadas medidas. Nuestra sociedad presente y futura lo merece.

Toca reducir ratios, devolver condiciones laborales a los docentes (y no de forma diferida), modificar estrategias para reducir la carga lectiva de nuestros alumnos, apostar por la formación del profesorado alejándose de «modas», gestionar mejor los centros educativos, aumentar la plantilla de inspectores para que así puedan hacer su función, elaborar un nuevo sistema de acceso a la profesión (que sea transparente y meritocrático), eliminar la segregación y las cuotas que se dan bajo mano en determinados centros subvencionados con dinero público, crear materiales libres, establecer estrategias de uso de las TIC alejándose de las peticiones de las tecnológicas, etc.

Hablar con los docentes de a pie es sano. Hay mucho por hacer. Hay cuatro años por delante. Mucha necesidad de contar con buenos asesores (que no son, en muchas ocasiones, los más mediáticos). Muchos centros educativos a reformar y a construir. Asignaturas que, conviene de una vez, eliminar del currículum oficial. También, por cierto, tenemos un sistema universitario al que conviene meter mano.

No hay tregua. No hay momento para celebrar nada. No hay nada que celebrar. Desde el minuto cero ya toca empezar a trabajar por, entre otras cuestiones, la educación. Muchísimos profesionales están con ganas de echar una mano. Familias a las que también se gustaría ver más allá de la jornada electoral en los colegios de sus hijos. Profesorado de apoyo para alumnado que lo necesite, reducción de las tasas de repetición (sin falsificarlas como hasta ahora). Dejar de apostar por la FP como mecanismo de empleabilidad y sí como formación global. Ya está bien de apostar por algo a lo que no se destinan recursos. Recursos que también deben darse a la Universidad y a otras etapas educativas. La gestión económica es imprescindible. Una buena gestión económica se sobreentiende.

Dejar las cosas para mañana significan lo hacerlas. Si desde ya no se toman medidas (tanto en educación como en otros ámbitos), nada de lo que sucedió ayer habrá valido la pena. Y dentro de cuatro años nos encontraremos llorando por otra oportunidad perdida. No va de política, va de servicio público. Ahí está la clave.

Se acabo el prometer… ahora toca «hacer».

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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