Más allá del eduentertainment, la homeopatía educativa y la mediatización

Más allá del puro espectáculo, en las aulas suceden cosas. Y no todas interesantes, vendibles o, simplemente, mediatizables. Hay centros educativos que se están convirtiendo en germen de problemas sociales futuros. Hay muchos docentes que hacen cosas, para y por sus alumnos, sin importarles qué van a sacar de ello o la búsqueda de la foto. Hay mucha investigación educativa seria que, por lo visto, acaba escociendo a aquellos que defienden su homeopatía educativa que solo validan los miembros de su chiringuito. Hay, en definitiva, mucha vida más allá de César Bona, Ken Robinson, las redes sociales o las metodologías que, por lo visto, hacen milagros en las aulas. Y, al final, ésa es la clave de todo.

Fuente: ShutterStock

Por mucho que haya organizaciones que usan tácticas de desgaste para establecer un determinado modelo educativo, hay docentes que hacen lo mejor para sus alumnos de puertas para adentro. A pesar de introducir legislación que, lo único que hace es segregar o, simplemente, desvirtuar el concepto de aprendizaje y equidad, hay miles de hormigas que, día tras día en sus aulas y con sus alumnos, intentan darle la vuelta para conseguir el máximo beneficio para los chavales. Sí, por desgracia para algunos, hay grandes profesionales en el aula, familias implicadas en el aprendizaje de sus hijos y, lamentablemente también para algunos, alumnos más inteligentes de lo que se creen. Hay alumnos que no se tragan ciertas trolas. Pero ni en etapas obligatorias ni en estudios superiores. No siempre se dice pero, por suerte, hay estudiantes de Magisterio que leen. Y docentes de ramas pedagógicas que, más allá de dejar siempre a sus alumnos con el becario para irse a evangelizar y vender lo guays que son, se implican con los chavales y les dan las herramientas para que puedan valerse en sus futuras aulas. De todo hay. Y más de estos alejados del espectáculo, los medios y la venta de homeopatía educativa, que de vendedores de crecepelo desde su profunda alopecia.

Conozco a grandes docentes que, sin decir ni mu ni buscar reconocimiento, cogen a sus alumnos y se los llevan de excursión cultural más allá del típico viaje fin de curso. Muchos más dirigen centros educativos escasos de recursos (tanto materiales como humanos). Cientos de administrativos y personal de limpieza, desde las sombras, hacen que los centros educativos puedan abrirse a diario. Hay muchos profesionales de y para la educación en mayúsculas. Muchos más que ponentes de frases branding, vendedores a ultranza de los productos de una determinada multinacional o, simplemente, personajes que intenta hacer su propio agosto en un mercadillo que arroja tantos beneficios como actualmente el educativo. La mayoría de los anteriores más interesedos en el beneficio individual que en el procomún. No son muchos pero se ven demasiado. Y, lamentablemente, cuentan con su club de fans. Bueno, en un contexto en el que se le supone más valor artístico o culinario a alguien por salir en un concurso de la tele que por el trabajo diario, ¿alguien se extraña que ese modelo se haya trasladado al ámbito educativo? A mí no.

Unos mediatizan PISA en un sentido o en otro según les interese sesgar los datos. Al final, ni PISA sirve de nada y todas las charlas sobre el tema discusiones fútiles acerca de qué podemos hacer para mejorar la educación. No, plantear una prueba como modelo básico, simplemente obliga a hacer ciertas cosas para mejorar en la misma. Nada que ver con mejorar la educación. Si un país mejora en PISA, no implica que sea mejor su educación. Al menos según mi concepto de educación. Un concepto que tiene mucho de social, mejora individual y repercusión positiva sobre un territorio. Algo que no hace PISA si lo relacionamos con la disminución, curiosamente, de la esperanza de vida o de los servicios públicos, de la mayoría de los países que están en el top. Lo mismo unas pruebas que indican que la Universidad española no funciona que, curiosamente, tienen su máxima puntuación en la existencia de premios Nobel. Ya si eso hablamos de las chequeras que pagan algunas Universidades para tenerlos en plantilla y, simplemente, usarlos como escaparate mediático. Y con ello no me estoy refiriendo a que no haya mucho que mejorar en la Universidad y en etapas obligatorias.

Buscar soluciones a la educación no es revisar las charlas publicadas en Youtube del modelo TED Talk. Tampoco lo es valorar a determinados personajes de la farándula que, antaño docentes o no, buscan simplemente conseguir su parte del pastel. Bueno, si hilamos aún más fino, costaría encontrar en determinadas prácticas metodológicas alguna mejora más allá del típico mantra de decir que el problema es que no evaluamos lo que se debiera evaluar. Bueno, lo mismo que valorar una ideología política en función de lo acorde que esté con mis postulados en lugar de ver qué están haciendo en los lugares en los que gobiernan. ¿Hablamos de política o educación? A veces, se confunden los conceptos porque van más relacionados de lo que a algunos les gustaría y otros se creen.

A día de hoy no me preocupa la abundancia de bambalinas educativas, lo de los magos postulando para premios, el de los detractores de la clase magistral usando una mala clase magistral o, simplemente, aquellos que se han largado del aula para hacer caja. Tampoco me preocupa esa mancha de aceite que puede suponer la expansión de determinadas metodologías porque, al final, los docentes (en su mayoría) son más inteligentes de lo que algunos se creen. Y ya cuando entramos en los medios, por el simple hecho de haberse quedado la mayoría en medios tan poco imparciales como lo que son actualmente, ver como las noticias educativas se publican en la parte de economía o, al final, en algunas entrevistas se ve que hay algunos que no tienen ni pajolera idea de educación ni de lo que sucede en el aula, no me preocupa. Bueno, claro que habrá pérdidas y algún compañero caerá en determinada redes pero, al final, la mayoría seguirán haciendo lo mejor para sus alumnos.

Recordad siempre que JAMÁS nadie lleva la razón. Simplemente es cuestión de leer, al igual que habéis leído esto, y sacar vuestras propias conclusiones. Los matices siempre pueden llegar a ser más interesantes que los valores absolutos. Valores absolutos que, por suerte en educación, no existen.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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