Me repito más que el ajo

Lo sé. Tengo tendencia a repetirme mucho en mis argumentos. Es extraño el día en el que no escriba acerca de entidades que quieren quedarse con el pastel educativo, gurús, acólitos, metodologías milagro o, simplemente, cuestione la necesidad de algunos de buscarse una nueva vida, en la que sean capaces de ver más allá de su ideología. No tengo excusa. Soy excesivamente previsible y, salvo contadas excepciones, soy más de la crítica que del positivismo sin mesura. Y, además, en ocasiones me sale cierta acidez literaria porque, por desgracia, le doy demasiada importancia a determinadas cuestiones e interacciones.

Fuente: ShutterStock

Los discursos, por desgracia, siempre son unos y solo se pueden matizar. No puedo, por mucho que lo intente, hacer ver como que no sucede nada y dejar pasar ciertas situaciones que me provocan sonrojo. Bueno, más bien, vergüenza ajena. Algo que no excluye la necesidad de poder disertar acerca de muchas otras cosas pero, por lo visto, al personal le va la carnaza. Incluso a aquellos que ahora van de hermanitas de la caridad, después de haberse comportado como unos auténticos (…) en múltiples ocasiones. Claro que sí. Lo lógico es pedir que no se critique desde el púlpito donde se critica todo. No, lógicamente no cuela pero, por intentarlo algunos que no quede.

Desde que surgió con fuerza el modelo 2.0 (autodenominado por parte de los poderes más o menos fácticos, Escuela 2.0) han sido mucho las derivas, los dimes y diretes e, incluso, la necesidad de hacer revivals de experimentos fallidos cada cierto tiempo. Ya si queréis entramos en la necesidad de algunos de apropiarse del espíritu de ciertas cosas. Siempre de más empaque hablar de pedagogos que la espicharon hace décadas (e incluso siglos) para dotar de más entidad a ciertas afirmaciones. Lo de Freinet, Piaget y otros autores ya es algo que algunos llevan en su propio ADN. La apropiación de esas figuras digo. Bueno, más bien la manipulación de dicha apropiación porque, sinceramente, tengo mis dudas que el sentido común de esas figuras permitiría su uso tan repetido por parte de algunos tertulianos educativos. Tertulianos que pueden ser o no docentes. Ser docente, como he dicho en más de una ocasión, no es garantía de nada. Ni tampoco tener un blog o seguidores afines a tus tuits. La misma garantía que te ofrece alguna de esas páginas de productos falsificados made in china: ninguna.

Claro que debe uno ser proactivo. Claro que debe intentar aportar ideas o experiencias de lo que está haciendo o, simplemente, de lo que le gustaría que sucediera en su aula. Lo que no podemos jugar es a vocear desde ciertas calvicies (con todo mi respeto a los calvos) el crecepelos de moda, venderlo en un medio de comunicación o, simplemente, creerse lo que dice un papanatas que da muchas charlas. No, la cosa es mucho más compleja que lo anterior. No hay que olvidar que, al final, todo tiene que tener un motivo. Y dedicar una tarde o un sábado para hacer ciertas cosas jamás debería ir reñido con la utilidad de las mismas. Ídem para detalles totalmente alejamos del contexto educativo.

Quizás no me esté repitiendo porque, debo reconocer que he pasado de una defensa furibunda de la tecnología a cualquier precio a, simplemente, un poco de sentido común en el asunto. No creo tampoco que haya pasado de una pedagogía new age a una totalmente rancia. Me da la sensación que, al irme haciendo mayor y haber participado, de forma más o menos activa, en ciertas cosas, tengo un poco más de visión de ciertas cosas desde todos los lados. Algunos estábamos por aquí en ese momento en el que todo era alegría y vino. El problema es que, salvo algunos que viven en resaca permanente, otros nos hemos quitados esas gafas que permiten verlo todo en forma de unicornios. Algo que, en su momento, nos generó desazón. Bueno, al menos en mi caso. No voy a incorporar qué sintieron terceros porque, salvo por intuiciones, poco puedo saber acerca de su pensamiento.

No creo que me repita más que el ajo. Quizás lo que se repite más que el ajo son determinadas situaciones, a cual más surrealista, que están sucediendo en el ámbito educativo y que, por determinados motivos, se están mediatizando como la solución de todos los problemas. Algún día dejaré de denunciar/cuestionar ciertas cosas y me dedicaré a lo que todos cuando llegan a una cierta edad… a contar batallitas de juventud. Bueno, creo que ya lo estoy haciendo.

Finalmente no me gustaría dejar de recordaros que mi nuevo libro ya está en Amazon (en formato digital y en papel para todo el mundo). Es lo que tiene la necesidad de repetirse, ser totalmente incoherente con lo que piensas al poco y, acabar de pagar alguno de esos gastos que, por desgracia, siempre surgen en el peor momento 😉

Disfrutad del día. A mí hoy me toca una de esas reuniones fantásticas con los perpetradores de las Jornadas Eduhorchata. Reunión que consiste en aperitivo, paella y horchata. Y charlas, como siempre, muy agradables.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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